La grada desde el agua
Un estadio en movimiento: el campo de la Copa América cambia en plena carrera
El 'terreno de juego' de la Copa América de vela, delimitado por boyas con control a distancia, puede cambiar su tamaño y orientación en cualquier momento
El interés en la Copa América de vela avanza al ritmo de la competición

Las boyas, equipadas con GPS y con control a distancia, marcan los márgenes del campo de regatas. / America's Cup
Por Whatsapp y a través del canal 72 de la radio marítima, America’s Cup va informando a los barcos que observan la competición desde el agua, alrededor del campo de regatas, sobre las instrucciones que deben seguir. Deben estar alerta: el 'terreno de juego' de la Copa América de vela puede cambiar su tamaño y ubicación en cualquier momento.
Un estadio en movimiento
“No es un estadio fijo. Se monta cada vez en la dirección del viento, y hay días más inestables que otros”, explica la responsable de Operaciones en el Agua, Natalia Via-Dufresne. Por lo que el campo se va moviendo.
Los cambios pueden producirse incluso en medio de una carrera. Por una parte, la dirección del viento puede modificar unos grados su disposición. Asimismo, la falta de este viento tan necesario para la vela significa que las regatas se alargan, por lo que en diversas ocasiones el director de regatas ha tomado la decisión de acortar el campo en medio de la disputa. El objetivo es que cada carrera no supere los 20 minutos, para mantener el dinamismo, por lo que durante la competición se ha llegado a recortar el campo de las dos a las 0,6 millas. La televisión manda, y los regatistas deben adaptarse a las nuevas condiciones, independientemente de cómo se encuentre la carrera y de si la decisión le favorece más o menos.

Los barcos deben estar alerta de los movimientos del campo de regatas. / America's Cup
Alertar a despistados
La posición de las boyas va cambiando. “Vamos avisando a los espectadores en el agua por radio y wattsapp", pero "hay quien no se da cuenta”, revela Dufresne. En estos casos, el personal de vigilancia que circula en lanchas motoras controlando todo el perímetro llama la atención a los más despistados. En algún momento, algún barco ha llegado a colisionar con el límite del campo. “Son boyas hinchables, no son rígidas, no deben dañar el casco. Pero sí han llegado a tocarse", destaca. Su tarea esencial es que nadie entre dentro del campo de regatas, y para ello "también nos apoyan los efectivos de la Guardia Civil”, añade Dufresne, que compara esta misión con la de que ningún espontáneo entre en el campo de fútbol. Comenta, de forma gráfia: "Nosotros somos los que nos pasamos el partido mirando a la grada".
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