Cocina saludable

Cuatro hábitos alimentarios que han mejorado durante la pandemia

  • Las restricciones contra el coronavirus pueden tener un efecto positivo a nivel de alimentación, en especial si algunas rutinas adquiridas se quedan tras este periodo

  • Al estar más tiempo en casa, han aumentado las horas dedicadas a cocinar con ingredientes frescos y de proximidad

  • Se ha reducido el consumo de carne roja y, a causa del toque de queda, se está empezando a cenar más temprano

Una familia cocina en casa.

Una familia cocina en casa.

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Eduard Palomares

Aunque cueste realzar aspectos positivos de este último año tan extraño y doloroso que nos ha tocado vivir, lo cierto es que a nivel de alimentación se podrían citar al menos cuatro. Estos son los hábitos que hemos transformado por efectos del coronavirus y que valdría la pena conservar para siempre: 

Cocinamos más en casa

Después de los primeros días de confinamiento, el pasado mes de marzo, la harina desapareció de los estantes de los supermercados porque mucha gente aprovechó el tiempo en casa para elaborar pasteles o incluso su propio pan. Y todo lo que sea huir de la repostería ultraprocesada o de los panes congelados es una buena noticia a nivel de alimentación saludable.

Desde entonces, las restricciones impuestas al sector de la restauración, el impulso del teletrabajo y el toque de queda han consolidado esta tendencia: cocinamos más en casa. Así lo corrobora el informe Markets Dash-board de la consultora Iri, que destaca el impacto de la covid-19 en la industria de gran consumo en los principales mercados europeos y en Estados Unidos. En la mayoría de países analizados, España entre ellos, los ciudadanos han incrementado la cocina casera, lo que impulsa la demanda de comida sana, dulces e ingredientes para cocinar.

Otra prueba de ello es que las visitas a los vídeos de YouTube en los que se enseña a cocinar recetas tradicionales se ha multiplicado. Es el caso, por ejemplo, de El Forner de Alella, una pareja de jubilados catalanes que han alcanzado los cinco millones de visualizaciones en su canal. Explican que durante el confinamiento se dispararon las visitas a sus videorecetas de platos populares, en las que explican paso a paso y de manera sencilla cómo cocinar platos como unas lentejas estofadas, unas croquetas, una paella, una merluza con salsa verde o una crema catalana. 

Cocinar en casa y con ingredientes frescos será siempre más saludable que comer fuera o recurrir a platos congelados y ultraprocesados. Habrá que ver si, al recuperar el ritmo habitual una vez superada la pandemia gracias a la vacunación, se mantendrá este hábito, especialmente entre la gente joven.

Amasando pan en casa.

/ Archivo

Más compra de proximidad y de temporada

La pandemia ha puesto de relieve un sistema de consumo globalizado, también a nivel de alimentación, que fomentaba la producción de alimentos básicos a miles de kilómetros. Y, a la vez, ha remarcado el papel esencial del sector alimentario local y los comercios de proximidad. En este sentido, un estudio elaborado por la Generalitat de Catalunya revela que los consumidores se han vuelto "más exigentes en materia de seguridad sanitaria, trato personalizado, comodidad en la compra y responsabilidad del comercio en cuanto a su compromiso con la creación de empleo local y el medioambiente".

Y esto también tiene su efectos a nivel de alimentación saludable, ya está aumentando la compra de producto local, ecológico (sin tratamientos fitosanitarios) y de temporada. "Conocer el origen de productos, saber si son de temporada, locales, es un reflejo común entre los consumidores más conscientes: desde OCU hemos apoyado iniciativas destinadas a conocer el origen de los alimentos, porque no siempre es sencillo saber de dónde viene lo que comemos", explican desde la Organización de Consumidores.

En Madrid se ha puesto en marcha el proyecto Madrid KM Región, que busca establecer nuevos canales de comunicación entre productores de la comunidad y los consumidores para consolidar una red de consumo local. Y Barcelona, como capital mundial de la alimentación sostenible en el 2012, ha lanzado el Menú de les Estacions, destinado a poner en valor los alimentos de temporada a través de los restaurantes. Junto con tres escuelas de hostelería de la ciudad, se han creado unas propuestas de ingredientes y platos de temporada para que todos los restaurantes de la capital catalana y su metrópolis puedan adaptar el menú planteado a su propio estilo. 

Reducción del consumo de carne roja

Naciones Unidas (ONU) aconseja reducir el consumo de carne tanto por cuestiones medioambientales como de salud. Sin embargo, España es el segundo país europeo que come más carne y el 14º del mundo. Eso sí, durante el 2020, el consumo de carne por persona se ha reducido en casi un 3% en todo el mundo, el más bajo que se ha registrado desde 2011. Algo que, sobre todo, se explica por el cierre de la restauración y la reducción de ingresos que han sufrido muchas personas a causa del confinamiento.

Sin embargo, desde Greenpeace esgrimen toda una serie de razones para tomarse en serio la reducción del consumo cárnico, también en relación a la salud. Entre ellas que la ingesta excesiva de carne roja –especialmente la procesada– puede aumentar el riesgo de contraer enfermedades como la diabetes o las cardiovasculares. De hecho, aseguran que «la ingesta de una porción diaria de carne roja (procesada o sin procesar) incrementa un 31% el riesgo de sufrir un infarto». También advierten de «la alarmante resistencia a los antimicrobianos que se está desarrollando en parte debido al mal uso de estos medicamentos en el ganado saludable y, lamentablemente, dentro de la UE, es en España donde más se utilizan».

¿Quiere decir que tenemos que dejar de comer carne? Los expertos remiten a algo que tenemos tan por la mano como la dieta mediterránea. En la base de su pirámide se encuentran los alimentos de origen vegetal (frutas, verduras y cereales), que aportan nutrientes clave y sustancias protectoras que contribuyen al bienestar general. En la segunda fila, están los pescados y mariscos y, en la tercera, aves, huevos, quesos y yogur. En la punta aparece la carne roja, cosa que significa que debería consumirse dos veces a la semana. Las carnes procesadas, como hamburguesas o embutidos, se deberían restringir a como máximo una única ración por semana.

Horarios más racionales, en especial para la cena

En muchas comunidades autónomas se está a la espera de que se suavicen las restricciones que afectan a la restauración para hacer frente al coronavirus, en especial a la posibilidad de que los locales puedan abrir para la cena. En todo caso, el horario habitual no se recuperará por completo hasta que la gran mayoría de la población esté vacunada, así que es probable que en la siguiente fase bares y restaurantes deban cerrar sobre las 22.00 horas, como el verano pasado. Cosa que comportará un beneficio saludable: cenar antes.

Nuestro reloj interno, también denominado ciclo circadiano, produce una serie de cambios físicos y mentales que tienen lugar durante las 24 horas de un día y que responden de manera general a los procesos de luz y oscuridad. Por ejemplo, el del sueño-vigilia, pero hay más. Uno de ellos tiene que ver con las horas de las comidas y la ciencia asegura que cuando se sincronizan las comidas con el reloj biológico del organismo, se logran mejores resultados a la hora de perder peso y disminuir el apetito.

Un estudio presentado en la revista 'Endocrine Society' concluye que las personas que comienzan a cenar antes de las 20:30 horas tienen niveles más bajos de azúcar en sangre y menos resistencia a la insulina, lo que podría conllevar a tener un peso más equilibrado y reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Es decir, avanzar el horario de la cena –hacia unos estándares más europeos– produce muchos beneficios para la salud. 

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Algo que sintoniza con otra recomendación de los expertos para mantener una alimentación saludable: el llamado ayuno nocturno. Una práctica que, aunque suene muy seria, no es más que cenar pronto y no volver a ingerir alimentos hasta después de 10 o 12 horas. Es decir, si se acaba de cenar a las 21.00 horas, no desayunar hasta las 9.00 de la mañana (o las 7.00, si aplazar el almuerzo resulta complicado por temas laborales). Algunos estudios han comprobado que cuanto más pronto se hagan las comidas principales del día, más se reduce el riesgo de aumentar de peso, además de ayudar a tener un nivel menor de grasa corporal ingiriendo la misma cantidad de calorías.

Si conseguimos mantener estos hábitos de alimentación saludable, al menos todo este año de restricciones habrá tenido también algún efecto positivo.