04 abr 2020

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    CRÓNICAS DE UNA OCUPACIÓN

    La Villa, triste y sola

    Josep Pernau

    A las 5 de la tarde reinaba el bullicio en la Villa Olímpica. A las ocho y media sólo hay silencio. Los atletas se han ido endomingados para el estadio y Musculópolis se ha quedado triste y sola, como la facultad universitaria que cantan los tunos. Sólo hay policías y voluntarios en la ciudad de los atletas. Unos están de servicio y otros, que libran a estas horas, siguen la inauguración en los televisores de pantalla gigante instalados en la bolera y en el bar musical. El silencio en la gran avenida que mira al mar impone respeto. Lo rompe sólo el flamear de 172 banderas y la sinfonía que componen el choque del lastre metálico que tensa las banderolas del servicio interior de autobuses con el poste que las sostiene. Se diría que el fantasmal tintineo no es otra cosa que una composición musical vanguardista.

    Lo importante no es desfilar

    Han quedado algunos centenares de atletas en la Villa. El Estadio no es de goma y mañana, además, a las 9 de a mañana, los ciclistas han de disputar 100 kilómetros contrarreloj en Mollet del Vallés y hay que darle descanso al cuerpo. Las tiradoras han de competir un rato después y podría temblarles el pulso con tantas emociones inaugurales. No desfilará Sandra Myers, a la que besan los atletas españoles cuando se van para Montjuic, ni tampoco el equipo cubano de atletismo, que acaba de llegar en tren desde Sevilla y que a las 7 de la tarde se ha incorporado a la Villa Olímpica. Tampoco estará el equipo colombiano de fútbol, que el jueves estaba en Valencia y que esta tarde, cuando acababa de llegar a Barcelona, ha ido a entrenar.

    Bien a gusto estarían todos en el Estadio, pero el barón Coubertin nunca dijo que lo importante fuera desfilar, sino participar. Es curioso. Algunos atletas se han de quedar y en cambio desfilarán algunos personajes que son auténticos fantasmas, practicantes del deporte de la intriga y de las influencias en su país. Algunos ya tienen una larga experiencia en desfiles inaugurales. Ahora están en Barcelona y se volverán a encontrar en Atlanta. En el deporte de la intriga no se envejece y lo que vale es la experiencia.

    A los que se han quedado no se les ve, cuando la ceremonia ya ha empezado. Sólo a un incansable maratoniano mexicano y a algunos ciclistas, que siguen devorando kilómetros por el circuito urbano de la Villa Olímpica. Los demás han abandonado el área comunitaria a la hora señalada para la ceremonia inaugural y están siguendo la fiesta en su apartamento por televisión. Ótros han preferido los sofisticados juegos de marcianitos que hay en la zona comunitaria y siguen empeñados en batir sus propios récords.

    Aunque son pocos los que se quedan, Musculópolis mantiene las actividades normales de quier día. Poca asistencia tendrá el cine, que a la hora de la clausura ofrece en sus cuatro salas las películas Rocky 2, Sans toi ni fol, The Doors y Bagdad Café. Y menos clientela tendrán aún los reverendos, que entre las 20.00 y las 21 .30 ofrecen un amplio repertorio de ceremonias, tanto como el los alimentos que se pueden elegir en el bufet: plegaria judaica, meditación budista, misa católica, meditación y estudio bíblico para evangélicos y plegaria y oración islámica.

    Sinfonía de color
    En el rostro de los que se quedaban se adivinaba la emoción cuando han despedido a sus compañeros. La salida ha comenzado a las 17.45, lo que significa que habrán tenido que espera unas tres horas antes de pisar el tartán del estadio. Han abandonado la Villa Olímpica en bloques de 30 autocares, los griegos los pimeros, pues por algo fueron los creadores del invento olímpico, el siglo octavo antes de Csto. El olimpismo no está reñido con coquetería y a las chicas se les nota que han ido a la peluquería. La espera de los autocares es una sinfonía de colorido: los americanos parece que se hayan escapado de una revista de Broadway; los nigerianos lucen unas túnicas preciosas; los coreanos se abanican con un pay-pay; los jamaicanos, de verde y amarillo, parecen los componentes de una arquesta; los congoleños se diría que van a una boda; italianos y keniatas se han disfrazado de ejecutivos; a los de las islas Fidji y de Tonga hay que mirarles la cara para distinguir a los hombres de las mujeres, pues todos lucen falda; la selección de Malasia parece salida de una novela de Salgari; los de Bahrein y Qatar -sólo hombres- lucen la túnica beduina; y franceses y francesas visten modelitos que parecen de firma.

    Cuando el equipo español abandona el recinto son ya las 20.30 de la tarde. Ellas visten de bandera española de medio cuerpo para arriba y de senyera por los pliegues de la falda, y ellos bandera catalana cuando van con la chaqueta desabrochada. Serán los últimos en desfilar y los últimos en abandonar la Villa Olímpica. Sólo se observa a lo lejos la silueta de algún policía. El silencio invade el recinto. El maratoniano sigue dando vueltas incansable. Nunca ha sido tan gráfico lo de la soledad del corredor de fondo.

    Fotografiarse con el Príncipe

    A los del equipo ecuatoriano no les habían explicado que así ha sido siempre y protestaron porque su equipo, en el lenguaje olímpico, no sería el de Ecuador en el desfile, sino el de Equateur. Así lo exige el homenaje que el COl quiere rendir al inventor olímpico, el barón de Coubertin. Los Juegos nacieron en lengua francesa y una organización tan conservadora, que busca sus raíces en la antigüedad, quiere mantener una vinculación mayor
    con la lengua de su restaurador. Y México es Méxique, y España es Espagne.

    Las voluntarias olímpicas, libres de servicio o en ejercicio de sus funciones, ayer por la tarde acudieron en masa a la Villa Olímpica. Ya que no tenían entrada para la ceremonia inaugural, la seguirían por una pantalla gigante y vivirían entre los atletas el ambiente previo. Lo pasaron en grande con la presencia de los atletas de l'Espagne: "Mira, mira, el Villacampa!", "¡allá el Guardiola!' Pero sobre todo con uno, con el príncipe Felipe, al que pidieron autógrafos y con el que se pudieron fotografiar cuantas veces quisieron. Pero no sólo las voluntarias posaron junto al príncipe, sino también todo el equipo de fútbol al completo - "Doncs el Ferrer no té cara de tan bruto com em pensava"- y hasta algún rudo boxeador.