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Testimonios personales

"No nos planteamos volver a Barcelona": cinco rostros del nuevo éxodo hacia la segunda corona metropolitana

Jóvenes y familias huyen de los precios y el turismo de la capital en busca de un hogar y una vida más tranquila en el Vallès o el Garraf

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Retrato de Aaron Vázquez Marin de 28 años, bailarin de danza Contemporanea con su perro Nigiri

Retrato de Aaron Vázquez Marin de 28 años, bailarin de danza Contemporanea con su perro Nigiri / Zowy Voeten

Clàudia Mas

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Barcelona
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Esta noticia, que se publicó originalmente el 15 de julio, ha sido una de las más leídas de EL PERIÓDICO de todo el año 2025.

"Pagar una vivienda en Barcelona suponía entrar en un sistema y hacer un esfuerzo que no valía la pena. La capital nos ha desencantado, está pensada más para el turismo que para quienes vivimos en ella", explica Jaume Berga, de 46 años, quien vivió en l’Eixample Esquerra, también en el Poblenou y Poble-sec. Hace cuatro años, junto a su pareja, decidieron mudarse al Vallès Oriental. Primero a Cardedeu, después a Llinars del Vallès. Allí han encontrado —dice— un espacio de tranquilidad y calidad de vida, y un hogar donde tener hijos. El precio a pagar: desplazamientos diarios a Barcelona para trabajar.

En una reflexión similar estaba Clara Sau (33 años), que hace poco más de medio año se fue de Barcelona a Caldes de Montbui, en el Vallès Occidental. Lo decidió junto a su pareja, embarazada ya de su primer hijo. Antes había vivido en Gràcia, Guinardó y El Carmel. "Barcelona no nos ofrecía un entorno sano para criar. Demasiado ruido, demasiada masificación, demasiado turismo", cuenta. Su última esperanza fue Horta, donde buscaron alquiler sin éxito. "Fue imposible encontrar un piso", recuerda. Caldes, en cambio, cumplía todos sus requisitos: un entorno tranquilo, cercano a la ciudad, con vida cultural, comercio local, buen ambiente para niños y todo accesible a pie. "Veníamos de barrios con vida, pero cada vez se parecían más a un decorado turístico. El comercio de toda la vida desaparece, y hasta te hablan directamente en inglés en algunas tiendas. Ya no sentíamos que la ciudad nos invitara a quedarnos", lamenta.

Jaume también habla de este turismo que "invade" los barrios. En Poblenou —donde le gustaba la cercanía del mar— y en Poble-sec —por la proximidad a Montjuïc—, notó cómo ambos barrios se iban convirtiendo en zonas de moda. "Empezaron a llegar 'expats', gente con mucho poder adquisitivo, y se puso muy de moda entre parejas gay de clase alta. En Poble-sec los Airbnb crecieron de golpe. Notabas que la ciudad era menos para los barceloneses y más para los de fuera, o para las grandes multinacionales."

Clara Sau posa en las calles de su nuevo pueblo, adonde se ha trasladado junto a su pareja tras dejar Barcelona, en busca de una vida más tranquila, lejos de los altos precios, el turismo y la pérdida de ambiente vecinal

Clara Sau posa en las calles de su nuevo pueblo, adonde se ha trasladado junto a su pareja tras dejar Barcelona, en busca de una vida más tranquila, lejos de los altos precios, el turismo y la pérdida de ambiente vecinal / ZOWY VOETEN

La vivienda en el centro

El caso de Carla Sisteré (28 años), junto con su pareja Aaron Vázquez, y David E. (36 años) es diferente. No se fueron para tener hijos ni buscar un estilo de vida distintosino por cuestiones directamente relacionadas con el acceso a la vivienda. En ambos casos, sus familias les ofrecieron opciones fuera de la ciudad.

Carla y Aaron vivieron en diferentes barrios de Barcelona —el Eixample, el Gòtic, Nou Barris— y dejó su último piso de alquiler cuando los propietarios comunicaron que debían recuperarlo. Desde entonces vive en Santa Maria de Palautordera (Vallès Oriental), en una casa que pertenecía a la familia de Aaron. "La hemos tenido que rehabilitar entera", explica. Aunque el entorno es muy distinto a Barcelona, valora la tranquilidad, las zonas verdes y el hecho de poder pasear a su perra con calma. "El pueblo es pequeño, con pocos servicios y no conocemos a mucha gente".

Retrato de Aaron Vázquez Marin de 28 años, Bailarin de danza Contemporanea con su perro Nigiri

Retrato de Aaron Vázquez Marin de 28 años, Bailarin de danza Contemporanea con su perro Nigiri / Zowy Voeten

David vive en Terrassa. Nació en Barcelona, pasó por Viladecans y luego volvió a la capital para cuidar de su abuela. Al independizarse, se trasladó a Terrassa, donde vive en una vivienda que les ofreció la familia de su pareja. "No nos planteamos volver a Barcelona. Está completamente descartado", afirma. Trabaja en informática, lo que le permite teletrabajar casi al 100 %. "Aquí tenemos espacio, un barrio tranquilo como Ca n’Aurell, y todo es más asequible. Aunque los precios han subido, siguen lejos de los de Barcelona."

Para la Doctora Arlinda Garcia, profesora de la Universitat de Barcelona y experta en migraciones internas en la Región Metropolitana de Barcelona, manifiesta que "la vivienda se valora actualmente como un bien escaso y caro". Por ello, subraya que actualmente existe la necesidad de aprovechar al máximo los recursos disponibles, especialmente cuando los jóvenes alcanzan la edad de emancipación. Según la Doctora Garcia, intentar sacar provecho de las viviendas familiares —ya sean de padres, abuelos o tíos— para ayudar a una generación que se enfrenta a "grandes dificultades": " Muchas personas se ven obligadas a marcharse de Barcelona y establecerse donde encuentran vivienda, adaptándose a las condiciones disponibles, dado que, ante la crisis habitacional actual, esta se convierte en una prioridad vital", asegura.

Francisco Pons (33 años) es diseñador gráfico. Vivía en Sants desde hacía cinco años, en un piso de alquiler compartido con dos amigos. A principios de este año, el propietario decidió no renovarles el contrato. "Nos dijeron que necesitaban el piso para un familiar, pero poco después lo volvieron a anunciar en Idealista por 400 euros más", explica.

Durante dos meses buscó otras opciones en Sants, Hostafrancs, Les Corts y Nou Barris. Nada. "O eran pisos en muy mal estado o el alquiler superaba los 1.000 euros por algo que no lo valía", cuenta. Finalmente, encontró un piso en Mataró. "No estaba en mis planes mudarme allí, pero era lo único razonable." Ahora cada día toma el tren a Barcelona para ir a la oficina. "Tardo entre una hora y cuarto y una hora y media. Es asumible, pero claro, hay menos margen para la vida social o simplemente descansar." Aun así, no lo ve como un drama: "Sé que hay mucha gente en la misma situación".

Pilar Díaz en su casa de Sant Quirze , quien junto a su marido decidió en 1981 ir a vivir al Vallès por el ruido que había en la ciudad de Barcelona

Pilar Díaz en su casa de Sant Quirze , quien junto a su marido decidió en 1981 ir a vivir al Vallès por el ruido que había en la ciudad de Barcelona / Ferran Nadeu

Una tendencia que empezó en los 90

La expansión poblacional desde Barcelona hacia su área metropolitana no es un fenómeno reciente. La Dra Garcia señala que esta tendencia ya se gestaba en los años 90. De hecho, Sergio Porcel, sociólogo y jefe del área de cohesión social y urbana del Institut Metròpoli, califica este proceso de "habitual", aunque ahora se ha "intensificado" por la crisis de vivienda. En este contexto, Ferran Díaz y Pilar Prats son un claro ejemplo de quienes se adelantaron a esta migración. En 1981, buscando tranquilidad lejos del "ruido" de la capital, se mudaron de Barcelona a Sant Quirze del Vallès, tras considerar también opciones en el Maresme. Hoy, con su vida plenamente establecida en Sant Quirze, afirman rotundamente que no se plantearían volver a la Ciudad Condal.

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