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Vulnerabilidad

Un alumno de FP que dormía en la calle logra el ofrecimiento de un techo tras la movilización de su instituto en L'Hospitalet

Los profesores le han ayudado a pagar una habitación y, ahora, el Ayuntamiento de Barcelona lo derivará a un albergue, aunque falta concretar el lugar y el tiempo de estada

Los docentes denuncian que casos como estos son la punta del iceberg y reclaman más recursos y reconocimiento para la FP

Los adultos sin titulación académica pero con competencias básicas podrán acceder a la FP

Fachada del instituto Llobregat de L'Hospitalet de Llobregat.

Fachada del instituto Llobregat de L'Hospitalet de Llobregat. / Manu Mitru

Àlex Rebollo

Àlex Rebollo

L'Hospitalet de Llobregat
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El caso de Mohamed hizo saltar todas las alarmas hace unos días. El joven, de 22 años, explicó a su tutor en el instituto Llobregat de L’Hospitalet de Llobregat, donde cursa un grado medio de mecanización de formación profesional (FP) que tenía miedo de que le dejaran un portátil desde el centro por si se lo robaban, dado que en ese momento estaba durmiendo en la calle. Desde el minuto uno, los profesores del centro se organizaron para buscar una solución a este problema y, de su propio bolsillo, reunieron unos 400 euros para que el joven pudiera buscar una alternativa habitacional provisional. También se pusieron en contacto con los servicios sociales de L’Hospitalet y de Barcelona, ciudad en la que dormía y está empadronado.

Durante el último mes, el joven ha estado viviendo en una habitación compartida con más personas en Cornellà gracias al alquiler pagado por los profesores, pero tiene que abandonarla entre el viernes 14 y el sábado 15 de febrero. Tras unos días de incertidumbre, el Ayuntamiento de Barcelona se ha comprometido a, como solución provisional, alojar a Mohamed a partir del 15 de febrero en un centro para personas sin hogar, que el chico aceptará. "Me han ofrecido estar en un albergue, tengo que esperar un par de días y lo aceptaré porque es mejor que estar en la calle", ha dicho Mohamed a ‘Catalunya Ràdio’, que apira a conseguir una habitación o una cama para continuar los estudios en condiciones. Sin embargo, todavía falta aclarar dónde se alojará y por cuánto tiempo podrá estar, una información que debe terminar de concretarse estos días.

Ismael Robles, profesor del instituto Llobregat, explica a este diario que el joven llevaba ya semanas durmiendo en la calle cuando se lo comunicó. “Empezamos a llamar a todo el mundo. Dijimos, ‘por ahora, cogemos lo que sea para que tenga un lugar donde dormir’. No fue fácil. No nos dejaban en algunos sitios, porque pagaba una persona distinta a la que se iba a alojar”, recuerda.

Solución temporal

Fue el propio Mohamed quien finalmente encontró una solución de emergencia en la habitación compartida en la que se ha alojado estos días. Por su parte, los trabajadores del instituto organizaron una asamblea y acordaron, de forma unánime, organizar una recogida de fondos y materiales, contactar con entidades del tercer sector, servicios sociales y, entre otras cuestiones, realizar un seguimiento y acompañamiento del joven. Así, Mohamed tenía entonces programada una reunión con los servicios sociales de Barcelona para el mes de marzo, pero, tras el estallido mediático del caso, el consistorio de la capital catalana se reunió con el —a quien lo acompañó también Lluís, su tutor y profesor del centro— este pasado martes 11 de febrero.

Consultado por este diario, el Ayuntamiento de Barcelona explica que, tras completar la información dada a finales de enero, se ha realizado una propuesta de derivación del joven a un centro para personas sin hogar, “mientras se valoran otros servicios y prestaciones que le permitan alcanzar la autonomía suficiente para desarrollar su proyecto de vida”. “Estas actuaciones se coordinarán también con servicios sociales de L'Hospitalet dado que es donde se encuentra la red de apoyo”, destaca el consistorio.

En una entrevista en la radio pública catalana, Laura García Manota, tenienta de alcaldesa del área de Ciudad de Derechos de L’Hospitalet, explicó que, en su caso, se enteraron de la situación del joven después de que el instituto les informara. “Cuando nos dieron los datos y nos dijeron que estaba empadronado en Barcelona les dijimos que nos podríamos en contacto con ellos, aunque les ofrecimos evidentemente que este joven pudiera venir a los servicios sociales del ayuntamiento [de L'Hospitalet] para hacerle seguimiento”, sostuvo la concejal, quien instó también a mantener una mayor coordinación entre administraciones y agentes para evitar estas casuísticas.

Ismael Robles celebra que, tras el revuelo mediático, se pueda llegar a una solución, pero advierte que el caso de Mohamed es la punta del iceberg. “El problema es que no tenemos un servicio de acompañamiento para estas situaciones. Lo hacemos en nuestras horas libres y por nuestro voluntariado, pero nosotros no estamos formados en este acompañamiento, no somos interventores sociales”, advierte el profesor sobre la situación de la formación profesional.

Un problema extendido

En esta misma línea se expresa Sergi Pons, delegado sindical de CCOO Educació en L’Hospitalet, quien asevera que los problemas de accesibilidad a la vivienda y la pobreza afectan mucho a la FP y, en concreto, a buena parte de los alumnos. Aunque el caso de Mohamed supone llegar al extremo de la vulnerabilidad, Pons dice que hay muchos jóvenes que cursan grados de FP en la ciudad que se ven obligados a vivir en habitaciones u otros tipos de modelos de infravivienda. “El ayuntamiento lo conoce. Se va haciendo lo que se puede, pero es necesario un plan de choque y actuar lo más pronto posible”, sostiene.

De este modo, propone al Departament de Educació que introduzca algún tipo de “figura de confianza” en centros de máxima complejidad y de formación profesional que ayude a “detectar y canalizar este tipo de necesidades” y que ayude a romper el estigma o vergüenza con las que muchas veces los propios protagonistas viven este tipo de situaciones y contribuir así a encontrar soluciones lo antes posible. Es decir, que la administración ponga más herramientas para poder atajar este tipo de casos y que no dependan del altruismo de los profesores.

“En la FP recibimos a alumnos, muchos de ellos con 15 años todavía, que tienen unas situaciones muy, muy complejas. Además, hablamos de situaciones, de violencia, de condiciones mínimas para vivir. Y sin unas condiciones para vivir no se puede formar ni hacer cualquier cosa”, denuncia por su parte Ismael Robles. “No nos quejamos en absoluto del alumnado que tenemos, al contrario, pero necesitamos recursos y necesitamos un reconocimiento de que la FP es una vertiente educativa más allá de profesionalizadora”, argumenta el profesor del instituto Llobregat.

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