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Hasta el 18 de octubre

Una expo recorre la senda de proyectos y utopías que desbrozó Cerdà al alumbrar la idea del urbanismo

¿Cerdà era un pecador?: los ingenieros salen a enmendar 150 años de desdén y maltrato a su colegiado más ilustre

Una parte de la expo, riquísima en documentos e imágenes.

Una parte de la expo, riquísima en documentos e imágenes. / MANU MITRU

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Carles Cols

Carles Cols

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A William Shakespeare se le atribuye el mérito de incorporar 2.035 palabras a inglés por sustantivar adjetivos, añadir sufijos, fundir dos verbos… Ildefons Cerdà solo alumbró, que se sepa, una, urbanismo, una palabra inexistente antes de que se sumergiera en el colosal reto de fundar una ‘nueva ciudad’ sobre casi 750 hectáreas casi totalmente yermas de edificaciones. El resultado, aunque desajustado sobre la idea original, es mundialmente conocido. Levantó un bosque inmobiliario en el que previó algunos parques, líneas de ferrocarril y, porque en aquella época esto parecía indiscutible si se pretendía ser una gran capital, un hipódromo que iba a ocupar nada menos que 14 manzanas. Se descartó la alternativa radial de Antoni Rovira i Trias, menos igualitaria socialmente, pero, ¿podían haber soñado otras barcelonas radicalmente distintas? A eso responde implícitamente una interesantísima exposición recién inaugurada en el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC), ‘Modèliques, ciutats i utopies’, que repasa cómo bajo el paraguas de aquella palabra, urbanismo, se alumbraron otras nueve ideas de ciudad, algunas llevadas a cabo, como la Brasilia de Lúcio Costa y Oscar Niemeyer, y otras tan vanguardistas que no fueron más allá de la teoría, como La Ville Spatiale de Yona Friedman.

La exposición es un trabajo a tres manos del COAC, la Universitat Politècnica de Catalunya y el departamento de Territori de la Generalitat, así que en buena lógica tiene también tres comisarios, Carles Crisas, Fernando Marzá y Beth Tuà, a los que hay que agradecer la labor de traer a Barcelona documentos fenomenales para la muestra procedentes de Francia, Estados Unidos, Países Bajos, Brasil, Portugal…, vamos, una colección que toda junta impresiona al visitante. Como si fueran la servilleta de papel en la que se firmó el primer contrato de Messi, entre las piezas que se exhiben destacan, por ejemplo, dos bocetos originales de Frank Lloyd Wright y de Le Corbusie, el primero de cómo el arquitecto estadounidense propuso en 1932 deshacinar las ciudades y que cada familia tuviera su acre de tierras, y el segundo, de cómo el arquitecto suizo encaró el encargo del primer ministro indio Nehru de fundar desde cero Chandigarh en el corazón del Punjab. En este último caso, un conjunto de fotos actuales de Manolo Laguillo da fe de hasta qué punto la huella de Le Corbusier es hoy admirable en Chandigarh, donde los habitantes, eso sí, han reconfigurado el uso de los edificios a su gusto.

El proyecto de Ciudad Lineal que Artuto Soria propuso en 1885, otra de las urbes de la exposición.

El proyecto de Ciudad Lineal que Artuto Soria propuso en 1885, otra de las urbes de la exposición. / COAC

Está ahí, en la selección de 10 urbanismos distintos, la Ciudad Jardín de Ebenezer Howard, que proponía, con un orden exquisito, alejar la vida residencial de los puestos de trabajo, sobre todo de los humos de las fábricas, pero sin que ello nada tuviera que ver con el sindiós de las urbanizaciones actuales. Y está también ahí, sin que sea exactamente todo lo contrario, la Ciudad Industrial que para Lyon propuso Tony Garnier, que distribuía el espacio en barrios temáticos: residencial, educativo, industrial, ferroviario…

La exposición ocupa el altillo del vestíbulo del COAC, densamente ocupado para mostrar todo el material, pero antes es prioritario iniciar la ruta en el semisótano, porque los comisarios han reproducido a la misma escala los 10 proyectos, una idea perfecta para contextualizar y, como explica Marzá, para adentrarse después en la muestra sacudiéndose primero de encima todos los tópicos e ideas preconcebidas.

Un visitante contempla una maqueta del Eixample y, tras él, a escala, los 10 casos estudiados en la exposición.

Un visitante contempla una maqueta del Eixample y, tras él, a escala, los 10 casos estudiados en la exposición. / MANU MITRU

‘Modèliques, ciutats i utopies’ tiene muchas aproximaciones posibles. Si se dedea, incluso la simplemente estética. Cerdà no era arquitecto. Era ingeniero. No tenía ese don tan apreciado entre los colegiados del COAC como es la capacidad de dibujar. En ese sentido, la exposición regala incluso el placer visual de intuir cómo habrían sido algunas de esas utopías. Pero esa carencia no impide que Cerdà sea el punto de partida del relato. No en vano, a modo de altar, lo primero que se encuentran los visitantes de la exposición es una vitrina en la que, a la derecha, se repasa a cuánta literatura científica y biográfica ha dado pie el padre del Eixample. A la izquierda, entre los libros que abordan el urbanismo despunta (subraya Marzá casi con emoción) un anciano ejemplar de la biblioteca del CAC, ‘L’urbanisme utopies et réalités’, de Françoise Choay, una historiadora francesa siempre insuficientemente conocida en estas latitudes a pesar de que fue, a lo largo de su trayectoria académica, una de las más entusiastas defensoras de la importancia e influencia de Cerdà en el mundo.

‘Modèliques, ciutats i utopies’, que tanto forma parte de la actividad vinculada a la Capitalidad Mundial de la Arquitectura como a la conmemoración del Any Cerdà, estará abierta al público en el número 5 de la plaza Nova hasta el próximo 18 de octubre.

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