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Una alianza sin precedentes

El Grec inunda la Sagrada Família con las voces celestiales de Maria Arnal y Lídia Pujol

Así es el público más 'hardcore' del Grec: "Este año veo 26 espectáculos y quizá cae alguno más"

La Sagrada Família hace 90 años estuvo a punto de ser una vulgar parroquia con aspecto de "garaje"

Lídia Pujol y Maria Arnal, en un mano a mano vocal durante el concierto.

Lídia Pujol y Maria Arnal, en un mano a mano vocal durante el concierto. / Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família Foundation / Pep Daudé

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Carles Cols

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Con las voces celestiales de Maria Arnal y Lídia Pujol se ha sumado por fin la Sagrada Família a la constelación de escenarios que desde hace ya medio siglo llena cada verano el Festival Grec, y que en esta edición son simbólicamente 50. Fue anoche, con un espectáculo concebido y dirigido por Josep Barcons, ‘Arrels de llum’, un milhojas de poesía, canciones, coros, motetes y gregoriano con el que sucedió algo quizá impensable no hace tantos años, que el templo expiatorio de Antoni Gaudí fuera parte de la programación del Grec, no porque este no sea un espacio apto para la música (es una iglesia, con eso basta), sino porque (no pasa nada por recordarlo) durante décadas los barceloneses han mirado la Sagrada Família con desafección. Hasta ahora.

Ha sucedido algo inesperado este 2026, centenario de la muerte de Gaudí y año de la culminación de la torre central de la basílica, que con sus 172,5 metros de altura es la cima de la ciudad y, por lo que parece, de toda la cristiandad. Arquitectos de todo el mundo, reunidos en un congreso internacional en la ciudad, pidieron expresamente a la Sagrada Família que les permitiera celebrar en la nave principal del templo algunos de sus actos más solemnes. Si un colectivo profesional despuntó a lo largo del siglo XX en contra de que se diera continuidad a esa obra de Gaudí fueron precisamente los arquitectos, y ahí estuvieron en junio, casi se podría decir que claudicantes.

Maria Arnal canta en el pasillo de la nave central de la basílica, rodeada por el público.

Maria Arnal canta en el pasillo de la nave central de la basílica, rodeada por el público. / Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família Foundation / Pep Daudé

Ahora ha sido el Grec el que ha querido tender puentes con la Sagrada Família, una decisión del todo natural si se tiene presente que algo muy sólido les une, la piedra de Montjuïc. Tanto el escenario principal y al aire libre del festival como los primeros muros de la basílica fueron construidos con material de la misma cantera de la montaña que cierra la ciudad por su vertiente sur.

Ha sido un espectáculo gratuito. El público participó en un sorteo de entradas, una fórmula habitual en la gestión de este monumento, en parte para tejer complicidades con los barceloneses vistas las ingratitudes que ocasiona la riada diaria de turistas al barrio, y en parte también porque así se equilibran las estadísticas de procedencia de los visitantes. Es más fácil tropezarse un día cualquiera en el interior de la Sagrada Família con un estadounidense que con un español. Hacerlo con un barcelonés es ya una lotería, pero cuando se abren estas ventanas especiales, como la del Grec, la respuesta local nunca falla.

Con la ‘blue hour’, ese instante mágico en que la última claridad del día atraviesa las vidrieras de la Fachada de la Pasión, en pleno adiós, ‘Arrels de llum’ ha dado comienzo con un sonido de campanas y con el recitado de una reflexión del propio Gaudí sobre cómo la naturaleza fue su fuente de inspiración. No fue el arquitecto de Reus alguien que lo anotara todo en un diario personal. Tampoco se prodigó como articulista en la prensa, algo a lo que sí eran fieles algunos de sus contemporáneos y colegas de profesión. A Gaudí le escuchaban con respeto sus discípulos y, los más convencidos de su genialidad, tomaban notas de sus lecciones. También están las respuestas que dio en las entrevistas que concedió cuando la alcanzó la fama, pero principal relato es, claro, su propia obra.

Lídia Pujol y el Cor Cererols, dirigido por Marc Díaz.

Lídia Pujol y el Cor Cererols, dirigido por Marc Díaz. / Junta Constructora del Temple Expiatori de la Sagrada Família Foundation / Pep Daudé

El recital ha comenzado con Lídia Pujol y una versión íntima de ‘L’arbre no sap’, metáfora de la semilla que plantó Gaudí a finales del siglo XIX en el cruce de las calles de Marina y Provença cuando asumió las obras del templo. Ha enamorado después Arnal con ‘Madrigal’, que incluso con las notas más tenues parecía capaz de llenar cada rincón de la basílica. Su voz es un prodigio. El Cor Cererols ha sido el encargado de coser los temas que una y otra intérprete tenían en el programa, desde el altar, la mayoría de las veces, pero también desde los balcones interiores del templo y, en un primer momento, desde la puerta aún inaccesible de la Fachada de la Glòria.

Con ‘Nada de nada’, pero menos revoluciones de como la interpretó Cecilia en 1972, Pujol ha subrayado ese carácter de misa laica que tenía el concierto, pero, puestos a destacar un clímax de esta primera vez del Grec en la Sagrada Família, el maravilloso momento en que las dos cantantes han juntado sus voces para sublimar ‘El ball del vetlatori’, una canción tradicional tan hermosa como triste, porque, como contaba horas antes del concierto el director del espectáculo, el relato de fondo era ese, recordar el tránsito entre el nacimiento y la muerte en un año como este, en el que se recuerda el precipitado adiós de Gaudí en un fatal accidente de tráfico.

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