Un aniversario de un siglo y medio
¿Cerdà era un pecador?: los ingenieros salen a enmendar 150 años de desdén y maltrato a su colegiado más ilustre
Qué diría Cerdà sobre los ejes verdes: un libro monumental apunta varias respuestas
Barcelona retoma (y van seis intentos ya) el reto de erigir un monumento a Cerdà

El historiador y político Sant Vila, bajo la mirada de un retrato de Ildefons Cerdà. / A. de Juan

Ha decidido el Col·legi d’Enginyers de Camins abrir de un solo corte todos los melones posibles sobre el más ilustre de sus miembros, Ildefons Cerdà, del que el próximo 21 de agosto se conmemorarán los 150 años de su fallecimiento. Orillado durante un siglo, hasta que Oriol Bohigas, a finales de los años 50 comenzó a reivindicar su genialidad y pragmatismo, la falta de aceptación que Cerdà tuvo entre sus contemporáneos en Barcelona se ha resumido casi siempre con una inexacta verdad, que su Eixample era una imposición del Gobierno central y un menosprecio al concurso de ideas que organizó el ayuntamiento, ganado por Antoni Rovira i Trias, que propuso una ciudad radial inspirada en París. Reducir a eso el rechazo inicial y la indiferencia posterior es quedarse muy corto. Cerdà era, además, un pecador.
El título tiene, por supuesto, el afán de llamar la atención, pero es una de las ideas presentes en la erudita mañana de debates y charlas que el colegio de los ingenieros ha organizado y a la que ha invitado, en lo que ha demostrado ser un acierto, a historiadores y arquitectos para que sumaran sus puntos de vista. Ha sido Sant Vila, en su faceta de historiador especializado en el integrismo religioso español a lo largo del siglo XIX, quien ha reconsiderado con una mirada muy amplia las razones por las que Cerdà no fue, pese a los resultados, profeta en su tierra. La tesis doctoral de este historiador metido años después a político abordó en su día la figura de Félix Sardá, sacerdote, carlista hasta la médula y, sobre todo, autor de un librito que tuvo gran prédica durante el último tercio de aquel siglo. ‘El liberalismo es pecado’. Ese era el título. Y en el diccionario político decimonónico (no en el de hoy en día, desde luego) Cerdà era, por encima de cualquier otra cosa, un liberal, alguien dispuesto a mejor las condiciones de vida de la gente a través del conocimiento y el rigor científico y no a través de la oración y la penitencia.

'El liberalismo es pecado', una obra de gran predica cuando el 'liberal' Eixample comenzaba a crecer. / Archivo
Hubo más rechazos, subrayó Vila en su conferencia previa a los debates posteriores. Había también un rechazo estético, una incomprensión absoluta ante ese diseño reticular de las calles con manzanas ortogonales, prácticamente todas idénticas. Hasta Cerdà y desde los tiempos de Augusto, fundador de la Colonia Iulia Augusta Faventia Paterna Barcino, hay que recordarlo, Barcelona se había modelado siempre al gusto de las necesidades militares. Aquella era la primera ocasión en 1.800 años en que el criterio era otro radicalmente distinto. No convenció, o, como poco, terminó por encontrar el más frontal de los rechazos por parte de los arquitectos modernistas, con Josep Puig Cadafalch a la cabeza, que llegó a definir el Eixample como “un falansterio comunista”, “un cuartel de esclavos” o lo más parecido a “los nichos de un cementerio”.
Tiene el convencimiento el colegio profesional que preside el decano Pere Calvet que queda mucho Cerdà por descubrir, como mínimo al gran público, de ahí su insistencia en que el Ayuntamiento de Barcelona no deje morir una vez más la idea de erigirle un monumento al padre de la actual ciudad, previsto ahora en la plaza Universitat.
Con la idea de ahondar en el conocimiento de aquel ingeniero fallecido hace ahora 150 años, tras la exposición de Vila, el ingeniero Andreu Ulied y el historiador Ramon Grau (autor de cuatro oceánicos volúmenes sobre Barcelona, el último de ellos recién salido de la imprenta) abordaron en una tertulia las claves de cómo un proyecto de aquella envergadura, que iba a multiplicar por 10 la trama urbana, fue factible gracias a un acuerdo que hacía partícipes de la urbanización de las calles a los dueños de los terrenos extramuros, a cambio, claro, de los beneficios futuros que les reportaría la edificación de las fincas.

Fernando Caballero, a la izquierda, y Oriol Nel·lo, a la derecha, moderados por Oriol Altisench. / Archivo
Pero, quizá, el melón más interesante de todos cuantos se abrieron durante la jornada en la sala de actos del Col·legi d’Enginyers de Camins fue una cuestión recurrente, la comparativa entre Barcelona y Madrid, pero con la singular novedad, esta vez, de tomar la herencia de Cerdà como punto de partida. A un lado de la balanza puso el colegio a uno de sus más reconocibles profesionales, Oriol Nel·lo. Al otro, no solo a un arquitecto, Fernando Caballero, sino, por su trayectoria con libros como ‘Madrid DF’, una voz hasta cierto punto crítica con el diseño del Eixample. Fue un cara a cara que merece la pena repescar sobre los claroscuros de la realidad metropolitana de Barcelona y sobre las reglas de juego por las que Madrid se ha convertido un actor dominante y distinto en la constelación de las grandes ciudades, e parte con un estilo liberal que nada tiene que ver con el que practicaba Cerdà.
Ha defendido Nel.lo, por ejemplo, que, en su opinión, una de las enormes virtudes del diseño de Barcelona es que ha sido remodelado decenas de veces por los movimientos sociales, violenta o pacíficamente, pero en ambos casos sin que a los mandos de esas transformaciones haya estado siempre, al timón, la autoridad competente.
Caballero, por su parte, ha dejado sobre la mesa una idea de largo recorrido. Desde su punto de vista, la característica principal de Madrid es que durante el último medio siglo ha sido una ciudad que ha crecido gracias a los ingenieros (metro, circunvalaciones viarias…), mientras que Barcelona ha encomendado más su suerte a los arquitectos. Sí, según Caballero, a diferencia del Eixample que propuso Cerdà, Madrid optó por estratificar sus barrios, estableció diferencias entre calles más señoriales y otras más humildes. Sin citarlas expresamente, se ha preguntado si las ‘superilles’ no han hecho exactamente lo mismo.
Suscríbete para seguir leyendo
- Incendio forestal en Barcelona: la Guardia Urbana detiene a un sospechoso por provocar el fuego de Collserola
- La denuncia de Assumpta Serna por las ayudas a la dependencia desata una oleada de quejas: 'Mi madre murió esperando
- El 'Ikea chino' prepara una nueva tienda en el enorme local que dejó Miró en Sant Antoni
- Assumpta Serna, tras conseguir que atiendan su denuncia por su madre dependiente: '¿Es necesario hacer tanto ruido?
- Barcelona empieza a instalar la primera rampa mecánica peatonal para estrenarla en verano de 2027
- Siempre llegamos a primera hora': colas de hasta 45 minutos en la piscina más económica y familiar de Barcelona
- La demorada piscina de la Sagrera abre al público este fin de semana
- Adjudicadas por 3,6 millones de euros las obras para transformar una cantera de Castelldefels en un gran parque