12.060 piezas
Barcelona regresa al universo Lego de la mano de la Sagrada Família tras la descatalogación del viejo Camp Nou
Cuando la Sagrada Família estuvo a punto se ser una simple parroquia con aspecto de "garaje"
Los rincones secretos de la Sagrada Família (III): ¿qué hay debajo del templo?

Las 12.060 piezas de la Sagrada Família de Lego, ya montadas, con Barcelona al fondo. / Lego
Cuando en 1932 el carpintero Ole Kirk Christiansen (1891-1958) fundó en su Dinamarca natal la empresa Lego, la Sagrada Família era un proyecto en crisis. Había muerto Antoni Gaudí y en el palacio episcopal de Barcelona la balanza se inclinaba a favor de poner fin a aquel proyecto. A mediados de los años 60 (más que nada por señalar otra fecha de estas vidas paralelas que, desafiando las leyes de las matemáticas, han terminado por juntarse), Lego comenzó a emplear el tipo de plástico a inyección que hoy es la principal seña de identidad de la empresa, con un color vivo imperecedero, y, mientras tanto, en Barcelona arreciaban las protestas para que separa paralizaran las obras de la Sagrada Família, pero esta vez no protagonizadas por los obispos, sino por arquitectos e intelectuales de medio mundo. Quién lo iba a decir entonces, pero en este 2026, la más espectacular apuesta comercial de Lego será lanzar al mercado 12.060 piezas que, ensambladas durante horas, permitirán alumbrar una Sagrada Família de 62 centímetros de altura y, además, por un precio caro o barato según el punto de vista. Son 749,99 euros, vamos lo mismo que 19 entradas al templo con guía y visita a una de las torres.
Responde la empresa danesa, sin profundizar en exceso, a algunas preguntas básicas sobre qué descubrirán en el interior de la caja los compradores cuando a partir del 1 de noviembre comience a atender las primeras reservas. No, no hay bloques específicamente gaudinianos diseñados para la ocasión. El reto, explica Rok Žgalin Kobe, al frente del departamento de diseño de la compañía, era resolver la arquitectura del templo, incluso los paraboloides hiperbólicos a los que tanto gusto le cogió Gaudí, con las piezas ya existentes en el mercado. Por el momento, de esta Sagrada Família de plástico solo hay imágenes promocionales, pero hay que reconocer que la misión parece satisfactoriamente cumplida.

La nave principal de la construcción, con sus correpondientes vidrieras. / Lego
Es, claro, una Sagrada Família sin escalinata. Lego no especula sobre el futuro del templo. Tampoco aclara si, cuando sea, bastará con adquirir una extensión del modelo actual y completar así la Fachada de la Glòria. El producto que han sacado al mercado, de momento solo para reservas, es el que el pasado 10 de junio tuvo una de las más mayúsculas campañas de publicidad de la historia, literalmente ‘urbi et orbi’, con León XIV como (sin ánimo de ofender) protagonista del anuncio.
Incluso sin el Papa, la fama de la Sagrada Família ya era para Lego un motivo más que suficiente para esta apuesta. De hecho, la decisión de añadir la obra más célebre de Gaudí a la colección es anterior, casi seguro, a la confirmación de que el pontífice participaría en los actos de conmemoración del centenario de la muerte del arquitecto.
Con esta construcción, además, Barcelona regresa al universo Lego, pues el viejo Camp Nou es hoy, por razones obvias un producto descatalogado. Era, además, una construcción bastante más modesta, de 5.509 piezas.

Rok Žgalin Kobe, responsable del diseño de arquitecturas de Lego. / LEGO
En realidad, con la Sagrada Família, Lego ha echado el resto. Tiene en sus tiendas un Titanic de 9.090 bloques, un Messi de 1.427 (¡ay! cuando se entere Cristiano Ronaldo que a él le despachan con solo 854), una nave de Star Trek de 3.500 y, en lo que quizá es lo más parecido en el mundo de la ficción de Tolkien a la imaginación de Gaudí, unas Minas Tirith de ‘El señor de los anillos’ que despacha con 8.278 ‘bricks’.
¿Qué tal andan las reservas? Bueno, sobre esta cuestión, como sobre tantas otras, Lego practica el consabido ‘no comment’. “Ese nivel de detalle comercial no solemos compartirlo”, se disculpan, pero dejan entrever que con la Sagrada Família pueden tener entre las manos un éxito, porque es un modelo que no va dirigido solo a los coleccionistas, sino que apela también a la curiosidad de los arquitectos y de los diseñadores y, también, a todas aquellas personas que han cultivado su cultura a través de los viajes, en este caso a Barcelona.
Ahí, en ese último apartado, quizá haya algunas pistas. En 2025, los estadounidenses representaron el 15.07% de los visitantes del templo. Fueron la nacionalidad más abundante en esa clasificación por países. El tercer lugar, y a un ritmo creciente del que se desconoce por ahora el techo, estaban los chinos, con un 7,2%. En la segunda posición del podio estaban los españoles, con un 10,82%, pero con una singularidad, que proporcionalmente los barceloneses son pocos. Sería interesante que algún día Lego dé a conocer cuántas ‘sagradas famílies’, visto el desapego local, se han quedado en la ciudad. No parece que esa sea una de las informaciones que desee compartir.
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