El retrato pendiente
Una solarigrafía, la foto nunca antes hecha de la Sagrada Família
Una solarigrafía retrata el insólito marzo sin Sol
Cosmocaixa dedica una radiante exposición a la estrella que hace posible la vida en la Tierra y, llegado el caso, la muerte

El Sol deja su huella en el cielo durante 80 minutos por detrás de la Sagrada Família (la imagen completa, en el interior del texto) / JB Cunillera

Entre los miles de fotos que desde 1883 se han hecho de la Sagrada Família (millones desde que Barcelona es un destino turístico de primer orden) faltaba una por hacer. Parece una acuarela o un revelado analógico dañado por error, pero en realidad es la foto pendiente, única por sus características, una solarigrafía, literalmente, la firma del Sol en el cielo, en esta ocasión por detrás de la recientemente inaugurada Torre de Jesús. El autor es Jordi Bofill Cunillera, uno de los grandes magos de esta técnica que solo tiene un cuarto de siglo de existencia y con la que, desde que nació en el año 2000, se han tomado impresionantes retratos del tránsito del Sol.
Para comprender el interés de esta onírica escena, es necesario primero comprender qué es la solarigrafía, una técnica, en realidad, de una simpleza sorprendente. La alumbraron de forma coral tres investigadores que pretendían aunar ciencia y arte, Slawomir Decyk, Pawel Kula y Diego López Calvin. Diseñaron la más simple de las cámaras estenopeicas posibles. En la parte curva del interior de una lata de cerveza colocaron un negativo fotográfico y en el lado contrario hicieron un minúsculo agujero. Nada más. Bastaba con dejar ese rudimentario objeto encarado hacia el cielo y dejar que el baile de la Tierra aldedor del Sol hiciera su trabajo. ¿Durante cuánto tiempo? El que se deseara. De solsticio a solsticio, si así se desea. Bofill Cunillera, por ejemplo, capturó una 2023 una solarigrafía que enamoró a los meteorólogos. Quienes tengan buena memoria para estos episodios, quizá lo recuerden. Fue el marzo más nublado de la historia reciente de Barcelona. En 31 días, solo lució el durante 81,2 horas, así que alargó la toma hasta que al final fueron 77 los días en los que su lata de cerveza estuvo (perdón por la expresión) cara al Sol. Este fue el resultado, una solarigrafía en la que los días nublados copan el centro de la imagen.

Solarigrafía de 77 días de exposición fotográfica, de febrero a abril, que retrata el paso del Sol por el cielo de Barcelona, salvo en marzo, en que apenas lució. / JB CUNILLERA
Con esta técnica, Bofill Cunillera ha ido en busca de algunas de las postales más icónicas de la ciudad. Como la Torre Glòries…
…o toda la ciudad vista desde el Tibidabo a lo largo de un invierno completo…

Solarigrafía de 88 días de un invierno entero sobre Barcelona. / JB Cunillera
…, pero faltaba, claro, la Sagrada Família una vez culminada su altura. Ya está, la ha añadido a la colección, aunque para esta experiencia ha modificado los tiempos y, en parte, la técnica. “En esta variante, en lugar de cámaras estenopeicas, utilizo cámaras con lente de plástico de segunda mano (toy cameras, Lomos y cámaras desechables modificadas para reutilizarlas), todas ellas mecánicas y analógicas".

La cámara, instalada en la avenida Gaudí para retratar el paso del Sol. / JB Cunillera
El negativo no varía, papeles fotosensibles en blanco y negro, casi siempre viejo y vencido”. Y la duración, porque en arte la logística del lugar casi que obligaba a ello, es mucho más corta, solo 80 minutos de viaje del Sol. Es esa línea que parece cortar como un láser el cielo a la altura de la cima de las torres. En sus propias palabras, “el resultado es un timelapse analógico con estética pictórica de un mundo etéreo de paisajes oníricos”.

La imagen completa, con la avenida Gaudí insólitamente vacía. / JB Cunillera
Se instaló en el primer banco de la avenida de Gaudí. Es uno de los lugares más transitados de la ciudad y, sin embargo, parece increíblemente desierto, como en los días de mayor confinamiento de la pandemia. Nadie se para quieto el tiempo suficiente como para que la cámara capte su presencia. En la historia de la fotografía es célebre lo que, inesperadamente le sucedió a Louis Daguerre. Enfocó su rudimentaria cámara hacia el Boulevard du Temple. Las exposiciones tenían que ser largas entonces para obtener algún resultado. Daguerre, lo cual ya era un hito, redujo ese tiempo de espera con el obturador abierto a unos cinco minutos.

La primera fotografía en la que aparece una persona, de 1838. / Louis Daguerre
Cuando reveló el negativo descubrió, abajo y a la izquierda, la silueta de un hombre con sombrero. Es la primera persona fotografiada de la historia, de la que se desconoce la identidad, alguien que simplemente permaneció quieto mientras le atendía un limpiabotas, cuya forma queda más difusa. En la avenida de Gaudí nadie tiene esa paciencia.
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