50 aniversario
La fuerza vecinal de Fort Pienc cumple medio siglo de metas cumplidas y deudas municipales pendientes de resolver
La azarosa historia de Fort Pienc y Sagrada Família, en 182 fotos

El ágora central de Fort Pienc, un espacio ganados a costa de reivindicaciones vecinales. / FERRAN NADEU

Celebra esta semana medio siglo de vida la Associació de Veïns i Veïnes Fort Pienc y el barrio ya no es el ‘cul-de-sac’ del Eixample que era en 1976. Ha resuelto en esos 50 años no pocas enormes carencias que tenía entonces (tiene una ágora central para la vida vecinal, algo de lo que no pueden presumir todos los barrios del distrito), pero acumula tantas de quejas pendientes de solución que, tal y como temen sus dirigentes vista la experiencia hasta ahora, tal vez se tome el Ayuntamiento de Barcelona media centuria más para resolverlas. Si hubiera que elegir una de las reivindicaciones más incontestable, nada como recordar que en el corazón de Fort Pienc está aún (y no debería ser así) la principal estación de autocares de la ciudad, punto de partida y destino de buses de Almería, la Roca Village, Rumanía y decenas de rutas más, una gran concentración de tráfico y contaminación en un barrio que, recuérdese, era y es aún un poco un ‘cul-de-sac’.
Ha cosechado no pocos logros la asociación de vecinos en estos primeros 50 años de vida, pero conviene, primero, echar la vista un poco más atrás para recordar, una vez más, la etimología del nombre del barrio. Así como la vecina Sagrada Família toma su nombre del templo de Antoni Gaudí, Fort Pienc lo hereda de una fortaleza militar que ordenó construir Francisco Pio de Savoia tras la guerra de 1714, pero no para defender Barcelona, que sería lo natural, sino para que fuera la bota que pisara el cuello de los ciudadanos más revoltosos. Con el tiempo, Fort Pius pasó a ser edulcorado con el nombre de Fort Pienc y, por el modo en el que creció urbanísticamente el Eixample, en un lugar desafortunado, por la presencia de todas las versiones previas de la plaza de las Glòries, a cuál peor, como puerta de entrada por el norte y con una estación de tren, de la que partían los convoyes hacia Zaragoza, que era una enorme cicatriz en mitad de la trama de Ildefons Cerdà.

Un paseador de perros en el Parc de l’Estació del Nord. / FERRAN NADEU
En un acto que este martes 2 de junio se celebrará en la Sala Tallers del Teatre Nacional de Catalunya a las siete de la tarde, la asociación, pese a todo, tiene mucho que celebrar. De entrada, lo dicho, Fort Pienc disfruta lo que solo Sant Antoni también tiene, un ágora vecinal nacida alrededor de la antigua carretera de Ribas, un paseo peatonal flanqueado por la biblioteca municipal, el centro cívico, el mercado, una escuela, una residencia... y, de un tiempo a esta parte, una oferta gastronómica que hacen de aquel espacio un ejemplo perfecto de lo que debería ser la vida en una ciudad mediterránea.

La estación de autobuses, en Fort Pienc. / FERRAN NADEU
Por cada uno de esos equipamientos ha luchado la organización vecinal, también para que la antigua playa de vías de la Estació del Nord renaciera como un parque, y con el mismo empeño, aunque de momento sin éxito, pelea para resolver lo que sufren a solo una manzana de distancia, ese tráfico constante de autocares procedentes de todos los puntos cardinales. Es un absurdo muy propio de esta ciudad. Solo por situar un par de fecha en el calendario, el Fòrum de les Cultures se celebró en 2004 porque el gobierno municipal, cuando Pasqual Maragall lanzó la idea, estaba convencido de que el AVE llegaría segurísimo antes de aquel año. Falló. La alta velocidad no entró en Barcelona hasta 2008 una fecha en la que la gran estación central de la Sagrera tenía que ser realidad, incluso con esa arquitectura que en su día propuso Frank Gehry, una rascacielos de titanio que desde la distancia parecería ser una elegante dama con un vestido de cola. En 2026, las obras siguen a paso de caracol y, con ello, sigue pendiente la construcción de la estación de autocares de la Sagrera, uno de los apéndices importantes del proyecto. Paga las consecuencias Fort Pienc. “Como mínimo, podrían obligar mientras tanto a que los vehículos que cruzan en barrio, con un impacto sorbe el tráfico muy fuerte, fueran menos contaminantes”, dice Jordi Casanovas, presidente de la asociación de vecinos. Nada ni eso les conceden.

La Meridiana, entre Glòries y la Ciutadella, más que un bulevar, una cicatriz urbanística. / FERRAN NADEU
Sería una mejora sustancial para los casi 32.000 vecinos del barrio, pero visto que al otro lado de la balanza está el conflicto de la Sagrera, Fort Pienc tiene una interesante lista de reivindicaciones. Apuesta la asociación por tener su propia trama urbana de ejes verdes, equivalente, como poco a la de la Esquerra de l’Eixample. Deberían tener esa configuración de bulevar, opinan, Ausiàs March i Sicília, y también el tramo de Consell que les corresponde, el más cercano a Glòries, de un tráfico residual y que el gobierno municipal se empecina en no reconsiderar.
Otra tarea pendiente es refundar desde cero el tramo de la avenida Meridiana, entre Glòries y el parque de la Ciutadella, una calle inhóspita como pocas, que más que unir Fort Pienc con Poblenou abre un abismo entre esos dos barrios.
El aniversario de la asociación coincide este mes de junio con la fiesta mayor del barrio, que se celebrará del 4 al 14 de junio, y con la inauguración de una exposición conmemorativa de este medio siglo de vida en el centro cívico del barrio que estará abierta al público hasta el próximo 17 de julio.
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