Del 29 al 31 de mayo
La Fira Modernista y la fiesta mayor de la Dreta de l'Eixample celebran un año más su feliz coincidencia
La Dreta de l'Eixample entrena a sus inquilinos contra los abusos en los alquileres
La exitosa (aunque intermitente) lucha vecinal de la Dreta de l'Eixample cumple medio siglo

La fiesta mayor de la Dreta de l'Eixample, en la edición de 2025. / MANU MITRU
Un año más, la Dreta de l’Eixample despide mayo y saluda la llegada de junio con dos fiestas que coinciden en fechas, lugares y horas, la mayor, que organizan los vecinos del barrio, y la modernista, que impulsan los comerciantes. Es un matrimonio que suma ya varios años de feliz convivencia y que este año suman alrededor de 40 actividades. Las calles vuelven a ser las mismas, la calle de Bruc, entre Diputació y Diagonal, el tramo de esa avenida que ha quedado felizmente peatonal hasta que se alargue la red del tranvía y, cómo no, esa plaza sin nombre que forma el cruce de Girona con Consell de Cent.
Las dos fiestas hace días que calientan motores con varias citas previas, pero la mayor del barrio dará comienzo formalmente el viernes, a las 19.30 horas, en el escenario principal. La Dreta de l’Eixample es una de las zonas inmobiliariamente más tensionadas de la ciudad, la más deseada por los fondos de inversión, así que no es extraño que los pregones, poco o mucho, sean un reflejo del sinvivir que padecen muchos de sus vecinos. En 2025, el pregón corrió a cargo del Sindicat de Llogateres. En esta ocasión será el investigador y activista contra los disparates urbanísticos de España Erik Harley el responsable de dar la bienvenida a la fiesta. Es célebre en las redes sociales y en televisión por la etiqueta con la que encabeza sus trabajos, el llamado ‘pormishuevismo’. No son pocas las polémicas del barrio que merecen ese calificativo.

El cartel de la fiesta mayor. / AAVV DRETA EIXAMPLE
Lo llamativo de la fiesta mayor del Eixample, sin embargo, es el contraste. A pesar de ser un barrio que ha perdido casi la mitad de su población en medio siglo, que sufre una pandemia de ‘brunchs’ y que en algunas fincas la mayoría absoluta de los residentes son ‘expats’ de paso por la ciudad, la fiesta es paradigmática de lo que se espera de una celebración de este tipo, un lugar de encuentro entrañable. Hay música, almuerzos, juegos y saludables competiciones, por supuesto, pero incluso actividades minúsculas de resultados encantadores, como pintar con tizas de colores el clásico panot de flor de las aceras.
La Fira Modernista pone, por su parte, el ya muy tradicional desfile de personajes vestidos de época, este año con el plus de que conmemora el centenario de la muerte de Antoni Gaudí. Es una feria para mayores y niños, si hace falta, a la par, y pare ello basta con visitar el recorrido en tren que desde hace años se puede realizar por el paseo lateral de la Diagonal, entre Bruc y Girona, donde los mayores parecen niños y los niños, mayores.
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