El año de la desinhibición
Se busca a la protagonista de la foto más célebre de las jornadas feministas de 1976: un misterio 50 años después
Fotógrafas de Barcelona, mujeres con un objetivo
Última oportunidad de viajar a la turbadora plaza de Catalunya que retrató Pilar Aymerich en 1972
El 'big bang' de la educación sexual en Barcelona cumple medio siglo
Cuando la Universitat de Barcelona pedía pureza de sangre

Una actriz friega el suelo de rodillas durante una sesión de las Jornades Catalanes de la Dona. / PILAR AYMERICH

Cumple medio siglo una de las fotos más representativas de hasta qué punto 1976 fue un año de desinhibición y ganas de cambio. Apenas fueron unos breves segundos los que Pilar Aymerich tuvo para capturar la escena. En el negativo solo hay un fotograma de aquel instante. No hubo tiempo para un segundo disparo. Cumple 50 años la foto más célebre de las Jornadas Catalanes de la Dona que se celebraron entre el 27 y el 30 de mayo de 1976 en el paraninfo de la Universitat de Barcelona y, lo que son las cosas, son también 50 los años que una pregunta reconcome a Aymerich: ¿quién era aquella mujer que entró en el paraninfo en pleno debate sobre el rol femenino en el mercado laboral y, desdeñando esa gran patente española que es la fregona, comenzó a fregar el suelo de rodillas? Fue un visto y no visto. El auditorio rio la broma, sí, pero desde hace medio siglo busca Aymerich a aquella joven para agradecerle aquel instante y, como tiene costumbre, regalarle una copia. Esto, más que la crónica de un aniversario, es un ‘se busca’.
Hacía solo seis meses que había muerto Franco y solo tres de la brutal respuesta de la Policía Nacional a las manifestaciones en demanda de amnistía y libertad, aquellas dos protestas que la prensa internacional bautizó como la Batalla de Barcelona. El movimiento feminista fue listo y prudente. Buscó el cobijo de la Universitat de Barcelona para debatir sobre las reivindicaciones de las mujeres, convencido, como así fue, que aquello concedería a las jornadas un barniz académico y que, llegado el caso, la policía no se atrevería a entrar en el supuestamente sagrado espacio del paraninfo. Hay que contextualizar el momento. En España, el adulterio conllevaba penas de cárcel para las mujeres y, en cambio, para los hombres solo en el caso de que ese delito se cometiera en el domicilio conyugal. Esa ley no fue derogada hasta 1978. Es más, en noviembre de ese 1976 aún se juzgó en Barcelona a María Ángeles Muñoz porque su marido la denunció. La había abandonado meses atrás y no soportaba que ella hubiera rehecho su vida con otra pareja.

Pilar Aymerich, en el paraninfo de la Universitat de Barcelona, con una copia de la fotografía. / PEPE ENCINAS
La cuestión es que Aymerich era la fotógrafa oficial de aquellas primeras jornadas sobre la mujer, por su acreditada trayectoria como feminista y porque su firma profesional era a esas alturas ya incuestionable. El encargo, eso resulta obvio, no era de aquellos que, de entrada, entusiasmen a los fotoperiodistas: público sentado, una mesa presidencial, bustos de prohombres en un par de peanas y, en la pared principal, un cuadro de la Inmaculada Concepción, propiedad del Museo del Prado, que ha perdido parte de su color por el paso del tiempo. Qué suerte que de repente aconteciera allí lo que en realidad era una performance de la que ni siquiera las organizadoras sabían nada.

'La Inmaculada Concepción', según la versión del Apocalipsis de Juan, propiedad del Museo del Prado y que presiden el paraninfo de la UB. / PEPE ENCINAS
Tres actrices que se hacían llamar Las Niakas, que ensayaban en un altillo de un bar de Ciutat Vella mientras en la sala principal los jubilados jugaban a dominó, decidieron aportar su grano de arena en las jornadas, justo en una sesión en la que se debatía sobre las desigualdades en el mundo laboral. La fregona es un invento patentado en España en 1964 por Manuel Jalón, pero aquella actriz, con gran sentido de la puesta en escena, se arrodilló para sacar lustre al pavimento. Aymerich tomó la foto y, durante un tiempo, hasta había quien creía que la escena era auténtica, no una teatralización.

Una actriz friega el suelo de rodillas durante una sesión de las Jornades Catalanes de la Dona. / PILAR AYMERICH
Tardó en ser célebre, explica la autora, pues ni la prensa prestó mucha atención a aquel debate sobre feminismo ni tampoco la fotografía había escalado a la categoría que se merecía en los medios de comunicación. Solo por (de nuevo) contextualizar, hacía menos de una semana que había llegado a los kioscos el primer número de ‘Interviú’, una revista en la que la fotografía, aunque por otros cauces, lo era todo. Tan discretamente pasaron aquellas jornadas de puertas afuera de la universidad que apenas trascendió, de entrada, por ejemplo, la revolución que organizó Leonor Taboada en otra de las sesiones de trabajo. Propuso dedicar unos minutos, allí, en el paraninfo, a la autoexploración genital con espejos y espéculos. Al final se celebró en los pasillos y lavabos, que no le quita mérito. Con las leyes vigentes en la mano, la policía no habría dado abasto para tantas detenciones si hubiera estado atenta.
Eso no lo retrató Aymerich. El tesoro que contenían sus carretes era otro, el de Las Niakas, a las que buscó para regalarles una copia de delicado revelado, como siempre ha tenido por costumbre hacer. No hubo manera. A día de hoy, toda búsqueda en Google del nombre de aquel grupo teatral solo conduce a textos en los que la protagonista es Aymerich y su foto. No tira la toalla. Conserva la esperanza de que esta crónica de aniversario sea una suerte de programa de Paco Lobatón y permita encontrar una pista para tirar del hilo.
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