Paseo de Gràcia, 43
La Casa Batlló restaura su tercera planta, que siempre fue vivienda, para eventos e incluso para pasar la noche
La fachada posterior de la Casa Batlló renace con la paleta cromática que seleccionó Gaudí

Tras cuatro años de obras (o, mejor dicho, tras una laboriosa tarea de arqueología doméstica), la Casa Batlló acaba de recuperar toda su tercera planta. Son dos pisos que suman 440 metros cuadrados. Con una inversión de cuatro millones de euros, el equipo de arquitectos dirigido por Xavier Villanueva ha puesto marcha atrás las manecillas del reloj y poco a poco ha ido retirando décadas de capas de pintura y modificaciones (los años 70, los 50, los 30…) hasta encontrarse casa a cara con una imagen bastante aproximada de lo que fue esta finca en 1906, tal y como la entregó Antoni Gaudí. Pero quizá lo más noticiable no es el cuánto ni el cómo, sino el para qué. Este nuevo espacio de la Casa Batlló no formará parte de la visita a la que se accede con la compra de una entrada, sino que será un espacio alquilable por horas, por habitaciones, por días completos, para una celebración familiar, para una sesión fotográfica, para cerrar un trato en un (perdón por la expresión) marco incomparable y, ya la repera, incluso para pasar la noche y desayunar en pijama con vistas desde los balcones óseos del número 43 del paseo de Gràcia.
Desde 1906, cuando Gaudí finalizó la metamorfosis del edificio previamente existente en esa dirección postal, la Casa Batlló ha tenido muchas vidas. En la cuarta planta, justo encima del piso recién restaurado, había un laboratorio de análisis clínicos y, en la puerta de al lado, un doctor que pasaba consulta. Por debajo había oficinas. Fue durante años la sede corporativa de Seguros Iberia. Pero ese piso, el tercero, jamás dejó de ser una vivienda. Lo fue hasta 2019, cuando falleció la última descendiente de la saga Batlló. La pandemia pospuso cualquier plan dos años. Desde 2022, sin embargo, se pudo afrontar por fin el proyecto de recuperación y recreación de ese viaje a 1906. Hay una cocina, un salón de té, un comedor, una biblioteca, baños, una barra de cócteles, un dormitorio… No es que cada uno de los 10 espacios reservables esté tal cual era en sus orígenes, pero la arqueología realizada ha permitido recuperar en gran parte el espíritu de lo que un día fue. Gaudí, recuerda Villanueva, es capaz de sorprender incluso 100 años después de su fallecimiento porque cuando se interviene en la restauración de sus obras se descubren soluciones arquitectónicas y artesanales inéditas. Así fue hace un año cuando se rehabilitó íntegramente la fachada posterior de la Casa Batlló, que permitió maravillarse con el sistema de riego de las plantas de los balcones, y esta vez, por poner un ejemplo, en apariencia menor, han identificado los restauradores una manecilla con forma vegetales que se adapta como un guante a la forma de la mano o, también, unos juegos de ganchos en los techos que tenían como función poder colgar cuadros, tapices o cortinas sin maltratar la delicada piel de las paredes.
El mobiliario que decora el piso no es el original, entre otras razones porque Gaudí, a diferencia de lo que sí hizo en la Casa Milà, entregó la finca desnuda por dentro. Los suelos son réplicas fidedignas de los originales y las pinturas de los techos y paredes son una suerte de resurrecciones de cómo lucía hace más de 100 años aquel lugar. El mobiliario y las lámparas nada tienen que ver con esa época. Son un trabajo de la diseñadora italiana Paola Navone que no pretende confundir, pues su modernidad es evidente, sin que por ello no dejen de recordar, valga la redundancia, al modernismo.
Los precios
La pregunta lógica a estas alturas de la explicación es, claro, si se trata de una parte de la Casa Batlló de precios al alcance de todos los bolsillos. La tarifa mínima, explican los responsables del negocio, son 200 euros por hora y estancia. La web de reservas ya está habilitada y es posible explorar ejemplos. El estudio, una habitación de 16 metros cuadrados y con una capacidad máxima para seis personas, está disponible el 26 de mayo (fecha elegida al azar) de nueve a 11 de la mañana por 600 euros. Dos horas ese mismo día en el mucho más espacioso Salón Gaudí, de 47 metros cuadrados, permitiría reunir a unas 22 personas por 700 euros para almorzar. Cabe la posibilidad de alquilar los 440 metros cuadrados un día completo o más. Todo es negociable. ¿Para dormir? Bueno, sobre qué hace cada cual allí durante la noche, los responsables de la Casa Batlló no opinan. No creen que deba ser considerado un ‘piso turístico’, por supuesto, pero, eso sí, hay una cama de matrimonio con vista al paseo de Gràcia.
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