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El análisis de un fenómeno sin igual

La tormenta perfecta que explica la gran picazón y alergia por los plátanos este Sant Jordi en Barcelona

Los frutos de estos árboles no se han desprendido aún de su capa de pelusa protectora, lo que usualmente sucede entre febrero y marzo

Apocalipsis alérgico este Sant Jordi por culpa de los plátanos

Un estriptís de corteza sin precedentes aqueja a los plátanos de Barcelona

Polen de los plátanos en Barcelona, el dia de Sant Jordi

Polen de los plátanos en Barcelona, el dia de Sant Jordi / BÁRBARA FAVANT

Carles Cols

Carles Cols

Barcelona
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Ha pasado menos de una semana y el Instituto Municipal de Parques y Jardines ha tenido tiempo para, con calma, sin los ojos irritados y una tos irresoluble en la garganta, sacar conclusiones sobre qué sucedió el pasado 23 de abril, Día de Sant Jordi, la fiesta consagrada al libro que este año a punto estuvo de ser robada por el protagonismo de los plátanos de la ciudad. “Fue una tormenta perfecta”, dice Pere de Mas, jefe del área de arbolado de Barcelona, una cadena de sucesos cocinados desde meses antes y que, como una bomba de relojería, estallaron el pasado viernes nada más despuntar el sol.

Los 43.000 plátanos de la ciudad, unos 15.000 menos que hace un cuarto de siglo, protagonizaron ese día una literalmente estéril orgía botánica, que es una forma de decirlo que quizá sorprenda y que será justificada al final del texto. Antes, no obstante, conviene contradecir algunas falsas impresiones. No fue mal día para los alérgicos. No fue una alergia multitudinaria. Fue algo distinto.

Desde el fin de la sequía, los árboles de la ciudad, sobre todo los plátanos, que, cuando sucede, llevan muy mal el estrés hídrico, viven una etapa formidable. Han crecido notablemente (en junio de 2023, los plátanos perdieron su corteza porque no cabía en ella) y las especie perennes han mantenido sus copas repletas de hojas más semanas de lo habitual. También ha sido años espléndidos en la producción de frutos, que en el caso de los plátanos son esas bolas incomestibles para cualquier especie animal que crecen en las ramas protegidas por una capa de pelusa altamente irritante.

Lo común en años precedentes es que esos frutos se desprendan de esa capa exterior entre febrero y marzo a lo largo de varios días. La diferencia en esta ocasión, explica De Mas, es que llegaron intactos a abril y, además, húmedas por las persistentes lluvias. Para que la naturaleza siga su curso, necesitan que esos frutos estén secos. Eso comenzó a suceder en los días previos a Sant Jordi, suficientemente soleados. Lo inesperado, además de la tardanza, fue un viento no muy común en Barcelona, con rachas persistentes de hasta 50 kilómetros por hora, las más fuertes de Catalunya ese día.

Una calle alfombrada de la pelusa de los pátanos, el día de Santr Jordi.

Una calle alfombrada de la pelusa de los pátanos, el día de Santr Jordi. / Bárbara Favant

Los plátanos fueron mil veces maldecidos a lo largo de la jornada. Era, además, un día de calles llenas, quizá la que más en todo el calendario. Las farmacias volvieron a vender mascarillas y, sobre todo, gotas hidratantes para los ojos. Una mala experiencia, sin duda, pero De Mas insiste en no demonizar a esta especie, que proporciona una sombra sin igual cuando más se necesita y que, además, carga con una mala fama que no le corresponde. Cuando los plátanos están en flor, minúscula y nada vistosa, sueltan polen, es verdad, pero es una variedad que causa alergia a poca gente. Es mucho más alergénico el polen de los olivos, los cipreses y los pinos. El Día del Libro lo había en el aire, sí, pero lo que más abundaba era esa pelusilla de los plátanos, que no distinguen entre alérgicos e inmunes a esa patología.

Lo chocante de todo esto es el para qué. Es un detalle poco conocido. Los plátanos que se sembraron en Barcelona son una hibridación, una mezcla estéril de dos especies distintas. Son las mulas del reino vegetal. El cruce de una yegua y un burro (a la inversa) da como resultado una bestia de unas características muy interesantes en el mundo rural e incluso, durante un tiempo, en el militar, pero los mulos no pueden procrear. Como los plátanos de Barcelona. No obstante, qué sabrán ellos, que llevan más de un siglo intentando tener prole sin éxito. La orgía botánica del pasado 23 de abril fue el último intento fallido. Habrá más, aunque quizá no tan llamativos.

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