Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Donación altruista

La Diputación de Barcelona suma a su fondo artístico dos bocetos que Domènech Sans realizó para las Llars Mundet

Viajar por el tiempo sin salir del Eixample: así es el laboratorio secreto de restauración de la Diputación de Barcelona

La Diputación de Barcelona abre en línea su excepcional fondo fotográfico, que alcanzará el millón de imágenes

Lola Anglada ocultó bajo una de sus escenas de vendimia un misterioso cuadro que pasado más de un siglo ve la luz

El boceto de la Santa Cena, muy fiel al estilo pictórico en boga en los años 50 para iglesias de nueva planta.

El boceto de la Santa Cena, muy fiel al estilo pictórico en boga en los años 50 para iglesias de nueva planta. / JORDI DOMÈNECH SANS

Carles Cols

Carles Cols

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Inmaculadamente conservados, como corresponde por la materia de la que se trata, la familia de Jordi Domènech Sans (1925-2001) ha donado a la Diputación de Barcelona los esbozos de dos obras que aquel artista multidisciplinar realizó en los años 50 para decorar los interiores de las Llars Mundet. Una de las obras, de 127 centímetros de ancho y 68 de alto, es el boceto preliminar de una de las vidrieras de la parroquia de aquel recinto. El otro, hasta cierto punto misterioso, es una Santa Cena muy al gusto de la línea pictórica que en aquella década demandaban las iglesias de nueva construcción en Catalunya y que a menudo demandaban los servicios de Domènech. Aunque no siempre suficientemente conocido, la Diputación de Barcelona atesora un fondo de unas 11.500 obras de arte, desde esta semana, dos más.

Esdras, hijo de Domènech, ha decido donar a la Administración provincial esos dos bocetos de una etapa profesional que él, por edad, no llegó a conocer. Recuerda más a su padre como un profesional del diseño y las artes decorativas. No era, dice, un hombre religioso, pero, como tantos pintores a lo largo de la historia, esa temática, la bíblica, era la que tocaba aceptar para poder trabajar. En la sede de central de la diputación, Esdras Domènech ha firmado la donación mano a mano con Pau Gonzàlez, diputado responsable del área de Cultura, que ha insistido en elogiar el altruismo de la familia, que no ha pedido nada a cambio, más allá de lo lógico, que las obras se conserven adecuadamente. Tan bien estaban, que el laboratorio de restauración de obras de arte de la Diputación de Barcelona apenas ha tenido trabajo con ellas. “No las teníamos a la vista en casa, sino bien guardadas en un trastero”, ha explicado el hijo.

El boceto de las vidrieras, fiel al resultado final que aún se conserva en la iglesia de las Llars Mundet.

El boceto de las vidrieras, fiel al resultado final que aún se conserva en la iglesia de las Llars Mundet. / JODI DOMÈNECH SANS

La curiosidad, que siempre se agradece en estos casos, es que la Diputación de Barcelona ya tenía en sus fondos una versión casi calcada de esa Santa Cena. No supo que había otra versión hasta que una de sus especialistas, Núria Gil, se puso en contacto con Esdras Domènech. Fue una sorpresa, y más aún cuando se pudo comparar los dos bocetos. En uno, la escena del Nuevo Testamento transcurre de día. En el otro, más adecuadamente, ya que es una cena, es de noche. A falta de más información, solo queda especular. Quizá el autor reparó en ese desfase horario igual que Hergé, en la última de las aventuras de Tintín, tuvo que redibujar la escena inicial porque el protagonista iba en moto a través de unos campos dorados de trigo y, vaya, se suponía que la trama transcurría en vísperas del Carnaval. Se conservan ambas viñetas, la invernal y la veraniega.

Esdras Domènech, hijo del pintor, junto al cuadro recién donado a la Diputación de Barcelona.

Esdras Domènech, hijo del pintor, junto al cuadro recién donado a la Diputación de Barcelona. / A. de Sanjuan

En cualquier caso, esa Santa Cena, a diferencia del boceto de las vidrieras, no está reproducida tal cual en ningún espacio de las Llars Mundet. Sí los apóstoles de forma individual, pero no la composición, por cierto, con los comensales en una mesa en forma de ‘U’.

Las Llars Mundet, que a lo largo de 70 años han tenido varias vidas, fueron un regalo del empresario ampurdanés Artur Mundet a la ciudad. Aunque afincado en México, hizo un importante donativo para la construcción de ese complejo de equipamientos dedicado a la asistencia a los más necesitados. Lo interesante fue, además de su uso, que cuando arquitecto Manuel Baldrich aceptó el encargo de llevar a cabo ese proyecto quiso que tuviera un acento de modernidad, que falta le hacía a la Barcelona de la posguerra. Para construir la iglesia tomó como referente los trabajos de Alvar Aalto en los países nórdicos y fue en busca después de media docena de artistas para que la decoraran, Domènech entre ellos.

Los bocetos no está previsto que sean exhibido de inmediato, pero quedarán a disposición de la red de museos vinculados a la Diputación de Barcelona por si con motivo de alguna muestra los requieren.

Suscríbete para seguir leyendo