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Herramienta interactiva

Gaudí no fue un genio solitario: el COAC revela los 300 nombres detrás de las obras capitales de Gaudí en Barcelona

'Constel·lació Gaudí' reescribe sin olvidar a nadie la historia de los iconos del arquitecto modernista y rescata la labor de valiosos profesionales

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Un detalle de la herramienta, en el que cada punto es un protagonista de las obras de Gaudí.

Un detalle de la herramienta, en el que cada punto es un protagonista de las obras de Gaudí. / coac

Carles Cols

Carles Cols

Barcelona
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Cuando Antoni Gaudí, porque un día cayó de un andamio, comenzó a sufrir ese paralizante miedo que causa el vértigo, todo un contratiempo porque entonces estaba ya inmerso en la construcción de la Sagrada Família, fue Joan Rubió Bellver quién le sustituyó cuando había que encaramarse a los puntos más altos de la basílica. Cuando murió, sin embargo, fue su mano derecha Domènech Sugranyes quien tomó las riendas de las obras y no Josep Maria Jujol, que era otro candidato posible y que quizá habría conducido la continuación de los trabajos con acentos, por así decirlo, más surrealistas, que ya es decir.

Quien no se sobrepuso a la inesperada muerte de Gaudí fue Lluís Badia, que junto a su hermano Josep, ambos forjadores de hierro, trabajaron en varias obras del arquitecto de Reus. Congeniaban mucho los tres. Gaudí era hijo de un calderero, así que, aunque fuera de forma tangencial, conocía las dificultades y los límites de dar forma, por ejemplo, a los balcones de la Pedrera. Tanta era la estima que le tenía a los hermanos Badia que, cuando los vecinos de la esquina del paseo de San Joan con la Diagonal se quejaron por el ruido que hacían en su taller, Gaudí les levantó un nuevo local en el 278 de la calle de Nàpols, de formas, por supuesto, absolutamente gaudinianas y que, qué lástima, a principios de los años 90 fue totalmente derruido.

El taller que Gaudí le construyó a los hermanos Badia en la calle Nàpols.

El taller que Gaudí le construyó a los hermanos Badia en la calle Nàpols. / Desconocido

Solo un apunte más antes de ir a lo que verdaderamente es la noticia. Los Badia edificaron una estrecha relación con Gaudí gracias (o por culpa, según se entienda) del maestro forjador Joan Oñós, que había trabajado ya en las obras de la Casa Vicens y el Palau Güell. Josep y Lluís Badia eran dos de sus empleados. La anécdota la contó en su día el escultor Joan Matamala. Según decía, cuando Gaudí entraba por la puerta del taller, Oñós, qué raro, improvisaba siempre cualquier excusa para irse y dejaba al cargo de los hermanos lidiar con los encargos, nunca fáciles, del arquitecto.

¿A qué viene estas cuatro historias, que podrían ser decenas y cientos más? A que una de las herencias más valiosas de la celebración del Any Gaudí y de la capitalidad mundial de la arquitectura que este año ostenta Barcelona será, dicho con el mayor de los respetos y como el más sincero de los cumplidos, el ‘juguete’ que ha alumbrado el Col·legi dels Arquitectes de Catalunya (COAC). Lo han bautizado como Constel·lació Gaudí y lo definen sus autores, Isabel Aparici y David Solà, como una herramienta interactiva, pero eso, según se mire, es quedarse corto. Es en la práctica (se aconseja entrar a través de la pantalla de un ordenador, no de un teléfono) una máquina del tiempo que permite viajar a cualquier época de siete edificios icónicos de Gaudí en Barcelona con el propósito de dar fe de los nombres, apellidos y trayectorias profesionales de todas y cada una de las personas que han dejado su huella profesional en las siete obras capitales de Gaudí en Barcelona: las casas Vicens, Milà, Batlló, en el parque, en el palacio y en la cripta Güell y, evidentemente, en la Sagrada Família.

Son arquitectos, escultores, ceramistas, pintores, ebanistas, marmolistas, pintores, vidrieros, restauradores, orfebres…, pero no solo de los años en que Gaudí estaba al frente de cada una de aquellas obras, sino desde antes incluso y hasta la más reciente actualidad. Son en total, como en las Termópilas, unos 300 nombres, responsables todos ellos en la parte que les corresponda de la imagen internacional que proyecta Barcelona por esos siete edificios en concreto.

El corte en sección de las distintas etapas de la Cas Milà, con las obras de 1963 resaltadas.

El corte en sección de las distintas etapas de la Cas Milà, con las obras de 1963 resaltadas. / coac

Quizá convengan un par de nociones de navegación antes de adentrarse en ese océano de información. Cada una de las obras está representada como la sección del tronco de un árbol. Los anillos interiores corresponden a las etapas más antiguas. Los exteriores, a las más recientes. Una vez queda claro esto, conviene saber que, a su manera, los siete edificios son una suerte de siete estrellas alrededor de las cuales orbitan esos 300 planetas citados. Basta prestar atención a cualquiera de esos puntos de la constelación para que se abra una pestaña con información detallada para saber de quién se trata y para que a través de líneas que súbitamente se dibujan en ese universo se conozca de entrada en qué obras de Gaudí estuvo presente tal o cual persona profesional.

Lo que Aparici y Solà, como madre y padre de esta herramienta, han llevado a buen puerto es algo que, de entrada, parecía casi inabarcable, ordenar de una forma fácil e intuitiva la información disponible, sobre todo en los archivos del COAC, fotos, biblografía, planos… Josep Maria Montaner tuvo el honor el pasado 9 de marzo de presentar en sociedad la Constel·lació Gaudí en la sede del colegio profesional de los arquitectos y no disimuló en absoluto el sinfín de sorpresas que le había deparado esta nueva herramienta. ¿Un ejemplo? Se fijó por ejemplo en cuatro de los pintores en los que más confiaba Gaudí cuando alguno de sus proyectos requería artistas de ese ramo. Emergen ahí los nombres de Aleix Clapés, Iu Pasqual, Francesc Xavier Nogués y Teresa Lostau. De los tres primeros ha sido posible, sin mayores problemas, incluir una fotografía. De ella, que participó en el desarrollo cromático de los interiores de la Pedrera, no, todo un síntoma de aquellos tiempos.

La. máscara mortuoria de Antoni Gaudí.

La máscara mortuoria de Antoni Gaudí. / A. de. S.

Y es que por haber, en la Constel·lació Gaudí hay fotos hasta de la granja de animales de que disponía la Sagrada Família para que, mejor no entrar en detalles, los escultores pudieran trabajar con modelos reales a la hora de esculpir algunas de las figuras de la Fachada del Nacimiento. Al cargo de establo estaba, dicho a título de curiosidad, el pintor y caricaturista Ricard Opisso, que no solo tenía como encomienda retorcer el pescuezo de las gallinas (vaya, eso es entrar en un detalle), sino que él en persona sirvió una vez de modelo y las pasó canutas recubierto de yeso, casi sin poder respirar.

Tal y como explicó Montaner durante la presentación, la gran virtud de esta herencia que el COAC dejará en herencia como legad de este 2026 de celebraciones es que invita a desdeñar la tesis de que Gaudí era un genio solitario. Era más bien la punta del iceberg de una legión de extraordinarios trabajadores sin los que sería inimaginable la existencia de esas siete obras citadas.

Con todo, es incuestionable que, sin Gaudí, esa constelación no se habría formado, algo, por otra parte, impensable cuando era un estudiante de arquitectura aún pendiente de terminar la carrera. No despuntaba por sus notas, pero sí por sus ideas y maneras. Es célebre la frase de Elies Rogent cuando finalizó los estudios: “Hoy le hemos dado el título de arquitecto a un loco o un genio”. Se suele orillar en ese relato lo que sucedió justo antes en el claustro de profesores. Joan Torres Guardiola, que le había subido las notas a Gaudi para que pudiera obtener el diploma, aceptó que era realmente un personaje único en su especie, pero defendió el favor que le hizo al redondear al alza sus calificaciones en algunas asignaturas cruciales: “A este muchacho o le erigirán un monumento o lo encerrarán en un manicomio, pero de los cálculos de sus obras ya se encargarán las empresas constructoras".

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