Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Una reforma discutida

La clausura de les Tres Xemeneies del Paral·lel como galería de arte urbano indigna a la hermandad del grafiti

Barcelona añade otro gran mural de arte urbano, dedicado a la epopeya de los exiliados del 'Winnipeg'

Un mural gigante de Elisa Capdevila invoca el espíritu de cuando el Paral·lel fue el Pigalle de Barcelona

El 'Ejército del Aerosol' toma el parque de las Tres Xemeneies en favor de la libertad de expresión

Roc Blackblock renueva y amplía un mural de Neus Català vandalizado en Barcelona

La accion reivindicativa que, como despedida se llevó a cabo en las Tres Xemeneies el pasado 21 de marzo.

La accion reivindicativa que, como despedida se llevó a cabo en las Tres Xemeneies el pasado 21 de marzo. / Rockaxson

Carles Cols

Carles Cols

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Sin mediar palabra, el Ayuntamiento de Barcelona ha enterrado uno de los más singulares proyectos de arte urbano de la ciudad. Los muros de los Jardins de les tres Xemeneies, que durante años han sido una National Gallery del Grafiti en permanente exposición, son ahora paredes grises y, por su acaso, vigiladas por una patrulla de la Guardia Urbana, no sea que alguna de las decenas de notables firmas que allí se han expresado hasta la fecha vuelva a las andadas. El pasado 18 de marzo, el gobierno municipal presentó el plan ‘Millorem el Paral.lel’, 22 millones de euros de inversión para, “en colaboración con el sector privado y con la participación ciudadana, impulsar esa zona como una gran avenida cultural de Barcelona, devolviéndole el espíritu histórico y convirtiéndolo en un espacio abierto, vivo, seguro y vibrante”. No aclaraba la nota a qué espíritu histórico exactamente se refería, pues el Paral·lel ha sido, no poco tiempo, la entrepierna de la ciudad. El caso es que la hermandad grafitera (Roc Blackblock, Reos, Megui, Maga, Antón Seoane y muchos más) anda entre indignada y desconsolada por lo que considera la abrupta clausura de un espacio consagrado a la libertad de expresión en su estado más puro.

Reos, que el pasado sábado coordinó una suerte de adiós a las jornadas de aerosol que allí se celebraban (pintaron todos juntos un lema, ‘Paredes grises, ciutat morta’) sostiene que el ayuntamiento está confundido. Aquella, admite este artista, es efectivamente una zona de la ciudad con graves problemas sociales, pero pintar murales (con una envidiable técnica la mayoría de las veces, no está de más subrayarlo) no es uno de ellos. De hecho, cree que la presencia de los grafiteros hacía del entorno de la Tres Xemeneies un lugar más seguro.

Una patrulla de la policía municipal hace guardia para evitar que los muros vuelvan a ser pintados.

Una patrulla de la policía municipal hace guardia para evitar que los muros vuelvan a ser pintados. / A. de Sanjuan

El proyecto municipal prevé, con esa inversión de 22 millones de euros, remozar parte de esa frontera entre Ciutat Vella y el Eixample, y en el caso concreto de las antiguas chimeneas de La Canadenca, lugar histórico por la huelga de 1919, reconvertir la plaza en un espacio de pistas de baloncesto de calle, fútbol sala y, además, añadir un rocódromo.

Megui, una artista que también frecuentaba esos muros, opina que el ayuntamiento “está destruyendo un pequeño gran ecosistema”, porque aunque el trabajo con el aerosol puede parecer algo solitario e introspectivo cuando se lleva a cabo, las Tres Xemeneies habían terminado por ser un ateneo en el que se conversaba, se conocía a colegas de otros países y, en resumen, se tejían lazos con otras culturas. Lo que en las paredes del lugar se pintaba era arte efímero, susceptible siempre de ser borrado por quien venía después con su mochila de aerosoles, pero en las redes sociales queda el testimonio de cientos de obras allí expuestas.

Este mismo diario, sin ir más lejos, tuvo la suerte de que en octubre de 2020, cuando Donald Trump se presentaba por primera vez a un segundo mandato, Juanjo Surace dedicara nueve horas de su buena mano para esta disciplina artística a crear un mural que al día siguiente fue la portada de EL PERIÓDICO.

Juanjo Surace, en vísperas de las elecciones a la presidencia de lo EEUU, expresa su opinión sobre Donald Trump.

Juanjo Surace, en vísperas de las elecciones a la presidencia de lo EEUU, expresa su opinión sobre Donald Trump. / JORDI OTIX

Aquel lugar fue noticia, también, en 2021. Roc BlackBlock, al que en ocasiones el ayuntamiento ha encargado grandes murales en paredes medianeras, como recientemente en la plaza de Pablo Neruda, hace cinco años, en pleno escándalo por los tejemanejes económicos de Juan Carlos I, expresó su opinión en una de las paredes principales. Sin que jamás se haya sabido quién dio la orden, a algún cargo municipal le pareció que aquello estaba al otro lado de la frontera de la libertad de expresión. La respuesta que se organizó ante aquella súbita intervención de censura (la obra fue eliminada) por una brigada municipal fue mayúscula. Se citaron en las Tres Ximeneies varios artistas y dieron lo mejor de sí mismos a favor de la libertad de expresión.

La obra de Roc Blackblock que algún carfo municipal creyó ofensiva e hizo borrar.

La obra de Roc Blackblock que algún cargo municipal creyó ofensiva e hizo borrar. / Archivo

¿Y ahora, qué? A esa pregunta responde Megui con una interesante reflexión: “La necesidad de expresarse mediante el lienzo de los muros en el contexto urbano nunca dejará de existir porque la humanidad necesita comunicarse”. Invita, si no, a tener presente las cuevas de Altamira o la sorpresa que en su día comportó el descubrimiento de la antigua ciudad de Pompeya, donde los romanos hicieron de no pocas paredes de la ciudad un trasunto de lo que hasta principios de este año era el espacio de las Tres Xemeneies.

El daño, sostiene Reos, puede ser mayor del imaginado a bote pronto. Reconoce que aquel lugar funcionaba, si se permite la comparación, como la Masía del Barça, pero en lugar de con pelota de fútbol, con aerosoles. Allí han entrenado su técnica decenas de artistas que después están teniendo una carrera profesional fruto de ese aprendizaje. Y luego está, añade por último, el mensaje que manda internacionalmente Barcelona. En París, por ejemplo, toda buena guía recomienda visitar algunas calles del Distrito 13, en las que se atesoran murales magníficos. No es Barcelona, por la forma en la que creció, una ciudad en la que escaseen las paredes medianeras, muchas feísimas, pero parece como si con presumir del que en 1992 se alumbró en la calle de Marina, con 26 famosos asomándose a unos falsos balcones de una finca, ya fuera suficiente.

Suscríbete para seguir leyendo