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Retrato de un éxito

Una radiografía municipal revela el uso creciente de los ejes verdes del Eixample como espacio para socializar

Los vecinos de la Esquerra del Eixample retan al ayuntamiento con un plantado de parterres abandonados

Barcelona completa el plantado de los ejes verdes con 10 nuevos árboles, entre ellos un legendario fósil viviente

Consell de Cent con Borrell, un espacio renacido como lugar de encuentro social.

Consell de Cent con Borrell, un espacio renacido como lugar de encuentro social. / JORDI COTRINA

Carles Cols

Carles Cols

Barcelona
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A puerta cerrada, la dirección de Servicios de Estrategia Urbana del Ayuntamiento de Barcelona presentó el pasado 2 de febrero los resultados de un exhaustivo examen a los cuatro ejes verdes del Eixample. Es una fotografía en muy alta resolución de casi todo (cuántos árboles, bancos y mesas hay, cuál es la media diaria de peatones, bicicletas y vehículos a motor en las distintas horas del día, cuántos accidentes ha habido y cuál es su gravedad…), pero, más allá de todas esa información, la reunión sirvió para que los responsables municipales anunciaran la marcha atrás en una de sus decisiones más controvertidas del pasado otoño, la de dejar de cuidar algunos de los parterres vegetales de esas cuatro calles y, también, para que certificaran con datos que esta ha sido, vista con perspectiva, la historia de un éxito urbanístico.

Los ejes verdes, revela con claridad uno de los apartados del informe, no solo han transformado la configuración de Consell de Cent, Rocafort, Borrell y Girona, sino que han alterado los hábitos de los barceloneses en esas vías. En 2020, el 77% de los peatones de esas cuatro calles simplemente iban de un punto a otro. Una vez reurbanizadas, el paseo representa ahora el 60% de lo que allí sucede. Se han incorporado usos antes inexistentes o minoritarios: conversar, descansar, comer, hacer deporte, pasear al perro… La actividad principal continúa siendo, es cierto, caminar, con ese 60%. De forma mayoritaria, por lo que antes era la calzada de los vehículos. Pero la segunda actividad por la que despuntan los ejes verdes es, con un 7%, la de ser una ruta preferida para acompañar a los hijos a las escuelas cercanas, incluso aunque comporte renunciar a la línea recta como camino más corto posible.


Mapa que muestra los ejes verdes del Eixample y las superilles

El informe no se queda solo con los porcentajes. Aporta interesantes cifras absolutas que merece la pena comparar. Un ejemplo. Por la calle de Mallorca circulan cada día media 14.999 vehículos, según datos del departamento de estadística del ayuntamiento. Por Muntaner, 14.326. A pie, por el eje verde Rocafort pasan cada día de media 11.931 personas, 8.465 por Rocafort, 17.079 por Girona y 15.162 por Consell de Cent. La suma de todos esos peatones es casi el volumen de coches que a diario usan la calle de Aragó.

Lo más novedoso, sin embargo, son esos usos alternativos, inimaginables tiempo atrás. Con 844 bancos para sentarse y 48 mesas para compartir, esas cuatro calles son, según y como, trasuntos de un parque y, por lo tanto, un acierto, según se dijo en la reunión. Fue a partir de esa valoración positiva que saltaron las chispas.

Indisciplina y escasez de plazas

Entre los asistentes estaban representantes de las asociaciones de vecinos de la Dreta y de la Esquerra del Eixample, que aprovecharon para denunciar una vez más el ‘laissez-faire’ con el que la Guardia Urbana mantiene la disciplina viaria. La carga y descarga de mercancías es un sindiós. Basta ir y ver para certificarlo. Incluso vehículos particulares estacionan durante horas sin ser sancionados por ello.

¿Tan difícil es conseguir que se respeten las inequívocas señales de tráfico?, preguntaron los representantes vecinales. Jaume Artigues, de la Dreta de l’Eixample, tiene siempre a mano una comparación perfecta para señalar el agravio. En Portal de l’Àngel, calle de una potencia comercial incuestionable, la carga y descarga está permitida por las mañanas y prohibida por las tardes, como en los ejes verdes. “¿Por qué ahí se hace respetar la norma y en los ejes verdes no?”, espeta.

El número de vehículos que cada día circulan o paran en Rocafort (823), Borrell (793), Girona (554) y Consell de Cent (865) no es muy alto, pero salta a la vista que desbordan las plazas de carga y descarga (40, 29, 54, 217, en el mismo orden de calles). Ello supone, en el mejor de los casos, que es Consell de Cent, una plaza para cada cuatro vehículos. Y en el peor, Borrell, una para cada 27. La media de las cuatro arterias sería una plaza para cada nueve.

Siniestralidad y ruido

A eso hay que sumar, cómo no, la intensidad media diaria de bicicletas (610, 1.749, 1.986, 1.904), con lo que el cuadro general es de un aparente caos. Sin embargo, eso no se ha traducido en una elevada siniestralidad. En 2023, último año del que ofrece datos el informe, hubo 20 siniestros que requirieron la presencia de la policía municipal. Todos fueron de carácter leve.

La radiografía ha permitido, además, revelar algunos aspectos a mejorar. Si bien el ruido diurno está en los cuatro ejes verdes por debajo del umbral recomendado, 65 decibelios, de noche solo la calle de Borrell está por debajo del índice aconsejado para esas horas, 55. Las otras tres calles, aunque por muy poco, lo superan.

Enric Granados con Consell de Cent, la más verde de las plazas de los ejes verdes.

Enric Granados con Consell de Cent, la más verde de las plazas de los ejes verdes. / JORDI COTRINA

El futuro de los ejes verdes

A la vista de todo este diagnóstico y de que el Ayuntamiento de Barcelona considera que, en términos generales, fue un acierto la transformación de esas calles, las asociaciones de vecinos no entienden el rechazo del actual gobierno municipal, no ya a incorporar nuevas vías a la red de ejes verdes, sino incluso a algo más modesto, como rematar las colas de algunos ya existentes. Durante el proceso de los presupuestos participativos, por ejemplo, la Dreta de l’Eixample reclamó que la peatonalización de Girona se prolongara solo dos manzanas más, hasta alcanzar la calle de Milà i Fontanals, en Gràcia. El ayuntamiento se opuso a esa petición. Lo mismo podría acometerse en Borrell, para que fuera más allá de València, hasta topar con el recinto de la Escola Industrial.

A la espera de que por su propio peso esas soluciones terminen por ser realidad, esas dos asociaciones reclaman que, como mínimo, no dejen de mejorarse los ejes verdes ya existentes, por una parte, con esa reivindicación de que la Guardia Urbana se implique más en su gestión y, por otra, con retoques allí donde se han detectado carencias. Las zonas de juego infantil son escasísimas. Se reducen prácticamente solo a las de la intersección de Rocafort con Consell de Cent. Una manera, dicen, de impedir que las furgonetas estacionen en lugares no autorizados sería destinar esos espacios a pequeñas zonas de recreo infantil.

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