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Un tesoro inadvertido

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David Silvestre trabaja en unn retrato del mecenas Pau Ferran, una obra de pintor barroco Pascual Ballón Savall.

David Silvestre trabaja en unn retrato del mecenas Pau Ferran, una obra de pintor barroco Pascual Ballón Savall. / FERRAN NADEU

Carles Cols

Carles Cols

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La X del mapa del tesoro no estaba muy lejos. El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, que este 2026 cumple nada menos que 625 años, ha descubierto que es poseedor de una, aunque corta, muy valiosa colección de arte barroco catalán. Son 11 pinturas y una escultura. Algunas dormían en el depósito histórico. Otras, de tanto ser vistas, pasaban casi inadvertidas en salas de reuniones, como El sueño de san José, de Antoni Viladomat, o en el patio de la Escola d’Infermeria, durante años bajo la mirada de Pau Ferran, tal cual lo retrató en 1687 Pasqual Ballón Savall. La X estaba en casa. El hallazgo, si así se le puede llamar, está siendo objeto desde hace semanas de un paciente trabajo de restauración a manos de dos profesionales de este oficio, David Silvestre e Irene Panadés, con el propósito de que a partir de otoño tres salas del antiguo recinto modernista se conviertan en una suerte de nuevo museo del barroco, la corriente artística maldita en Barcelona, a poco que se recapitula su historia.

Antoni Viladomat (1678-1755) es, sin duda, el más referenciado pintor de aquel periodo en estas latitudes. Lo es, en primer lugar, porque fue prolífico como pocos, explica Francesc Miralpeix, profesor de Historia del Arte en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y gran especialista en esta materia. De él se decía que aceptaba y finalizaba tantos encargos como el resto de sus artistas contemporáneos. A su manera, fue para la pintura barroca lo que Enric Sagnier fue para la arquitectura barcelonesa a caballo de los siglos XIX y XX. Se le atribuyen unos 300 edificios de la ciudad, una barbaridad. Cuánta obra terminó Viladomat es un misterio. El hospital atesora cuatro cuadros, uno de María presentado al niño Jesús, otro del mismo protagonista en plena discusión con los sabios en el templo, la boda de sus padres y, por último, uno de los cuatro sueños reveladores que, según la Biblia, tuvo José.

Irene Panadés encara la recuperación de 'San Jerónimo', una obra de Joan Gallarts

Irene Panadés encara la recuperación de 'San Jerónimo', una obra de Joan Gallarts / FERRAN NADEU

En el segundo de la lista, Jesús discutiendo en el templo, trabajan estos días Silvestre y Panadés. No es de los que peor ha sobrevivido a la vejez. Los barnices que cubren el óleo ya fueron en este caso objeto de una anterior restauración. Pequeños fragmentos están desprendidos de la tela. Nada sin solución.

De Viladomat hay trabajos en el MNAC que atestiguan la excelente mano que tenía para el dibujo y en Museo del Prado, por ejemplo, despunta un cuadro en las antípodas de la religión, un bodegón de pescado y marisco que es una maravilla. También salieron a la luz cinco ‘viladomats’ cuando, tras un agotador proceso judicial, el Ayuntamiento de Barcelona pudo por fin entrar en la mansión de Julio Muñoz Ramonet.

Pero todas estas muestras son la punta de un iceberg que en su día se fundió. La guerra contra el francés, la desamortización del XIX, los episódicos brotes de anticlericalismo catalán, durante las ‘bullangues’, la Setmana Tràgica y la Guerra Civil… En distintos momentos desde el siglo XVII hasta bien entrado el XX, todo aquel barroco que encargó la Iglesia, la nobleza, las asociaciones gremiales y no pocos ‘pagesos’ entró en un cuello de botella de la extinción. En todos esos momentos, el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau fue como esas burbujas de ámbar en las que en la saga jurásica de Spielberg se preserva el ADN de los dinosaurios. Los que quemaban iglesias no quemaban hospitales, resume Miralpeix.

Irene Panadés y David Silvistre ecaminan con luz ultravioleta la capa de barniz de una de las obras.

Irene Panadés y David Silvistre ecaminan con luz ultravioleta la capa de barniz de una de las obras. / FERRAN NADEU

Luego, añade este mismo experto, está lo que de un modo amable se pueden llamar las modas. Cuando fue la hora política de reivindicar un pasado, el elegido fue el medieval. Algunos artistas del barroco alumbraron parte de sus trabajos en la Catalunya del Decret de Nova Planta, como si eso fuera un pecado. No lo es e incluso resulta ofensivo en el caso de Joan Gallart, del que el hospital tiene tres obras dedicadas a san Jerónimo, san Onofre y san Francisco de Paula, porque murió durante la defensa de Barcelona en 1714.

Irene Panadés restaura un marco y, al fondo, una obra de Viladomat, 'Jesús discutiendo en el templo'.

Irene Panadés restaura un marco y, al fondo, una obra de Viladomat, 'Jesús discutiendo en el templo'. / FERRAN NADEU

Ese cúmulo de circunstancias ha provocado que con el tiempo, como un barniz, se fijara en el relato colectivo que esta ciudad vivió de espaldas al barroco que predominaba en las grandes capitales europeas, sobre todo en lo arquitectónico. Miralpeix niega que así fuera. Es esa una mirada miope. La Rambla, recuerda, fue en su momento una sucesión casi sin pausa de conventos en los que el barroco era la estética predominante. Antes de la apertura de la Via Laietana, algunos edificios gremiales se caracterizaban también por ese mismo sello. La iglesia de Sant Sever ha sobrevivido para dar fe de que en la Barcelona antigua, el barroco también tuvo cabida.

Manresa inauguró en febrero de 2024 el mayor museo de Catalunya dedicado exclusivamente al barroco, con 182 piezas en exhibición. En Sant Pau, en una fecha aún por determinar de otoño, serán, lo dicho, 11 cuadros y una escultura, pero serán suficientes para recapitular los 625 años de historia de este centro sanitario. El propio retrato de Pau Ferran subraya, por una parte, su papel como mecenas de la institución tras una vida de película financió la entonces pionera Casa de la Convalescència, motivado por haber conocido en una etapa de su vida la ruina económica y la bondad de la caridad. Y, a la par, señala como esa fórmula sirvió siglos después para que se encarara la construcción del actual recinto modernista, otra etapa artística que, como el barroco en su día fue denostada, en su caso por el 'noucentisme'.

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