Llança, 20
La 'Casa Papallona' toma el relevo de la Casa Orsola como campo de batalla contra los fondos inmobiliarios
Eixample: 232 fincas en manos de fondos especulativos, 4.000 desahucios invisibles y un 21% de camas para turistas
Los vecinos de la Casa Fajol reclaman al fondo NAD que no convierta la finca en una colmena de habitaciones

La icónica mariposa de la Casa Fajol, en el 20 de la calle de Llançà. / Marina Cortés

Radiografió hace un año la Associació de Veïnes i Veïns de l’Esquerra de l’Eixample la realidad inmobiliaria del barrio y confirmó entonces lo que sospechaba, que el desembarco de fondos de inversión que compraban fincas enteras para obtener las altas rentabilidades de los alquileres de temporada y de rentar habitaciones era alarmante. Contabilizaron 40. Pasado un año, ha repetido esa entidad la investigación. Ya son 68. Avanza al galope la gentrificación de la gentrificación de la Esquerra de l’Eixample, concluye la asociación, y se desmorona ante estos datos ese mantra de que Barcelona ha dejado de ser atractiva para los fondos de inversión solo porque la Generalitat regula los alquileres. Esos datos y sus consecuencias acaban de ser presentados ante la Casa Fajol, la de la gigante mariposa modernista del tejado en el número 20 de la calle de Llança, una finca adquirida precisamente por uno de esos grupos y que, según y como, va camino de convertirse en el nuevo símbolo de la lucha vecinal como ya lo fue la Casa Orsola hace un año, cuando tras una movilización sin precedentes fue comprada por el Ayuntamiento de Barcelona
La actualización de hasta qué punto la Esquerra de l’Eixample sufre una metástasis de fondos de inversión inmobiliaria ha sido presentada por la asociación vecinal conjuntamente, lo que es toda una novedad, con dos organizaciones que hasta ahora no iban nunca de la mano, el Sindicat de Llogateres y el Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya (SHSC). Cada una de esas dos formaciones había logrado ganar batallas por separado en los últimos meses y años, por ejemplo, en el caso del SHSC, que los dueños de la finca de Tarragona 84-90, célebre porque iba camino de convertirse en un bloque de apartamentos turísticos a costa de echar los residentes, aceptaran una negociación en grupo de los contratos de alquiler a punto de extinguirse.
A esa cifra de 68 fincas enteras destinadas a alquileres de temporada o a su conversión en colmenas de habitaciones ha llegado la asociación de vecinos tras rastrear los portales inmobiliarios y analizar las solicitudes de obras mayores que entran en las dependencias municipales. Y, también, a partir de recorrer a pie todas y cada una de las calles del barrio y elaborar una ficha de cada finca. Puede, por lo tanto, que la cifra no sea exactamente esa, pero se le aproxima, incluso puede que esté por encima.

Marga Aguilar, frente a la Casa Fajol en compañía de portavoces de los dos sindicatos implicados en este caso. / A. de S.
Esa expedición por el barrio ha permitido a la asociación censar además el número de propiedades verticales de la zona o, lo que es lo mismo, el número de edificios susceptibles de terminar en manos de los fondos inversores y, con ello, el peligro de que la actual dinámica se agrave. Las fincas de propiedad vertical, es decir, las deseadas por los fondos, son 867. La amenaza es que, por defunción del antiguo dueño, los herederos opten como remedio fácil por vender y así sirvan para agrandar un modelo de negocio que a todas luces es incompatible con la supervivencia de la vida vecinal. "Llevamos 50 años luchando por mejorar el barrio y ahora no nos quieren dejar vivir en él", ha dicho Xavier Riu, dirigente de la asociación.
El 80% de los anuncios de alquiler de la Esquerra de l’Eixample son de temporada o de habitaciones, una fórmula residencial que impide echar raíces en un barrio y, por ejemplo, formar una familia, sea del tipo que sea, y que en última instancia daña incluso el tejido comercial. O, visto desde otro punto de vista, peor aún, son dos fórmulas residenciales que desarraigan a quienes desde hace más de 30 años residen en el barrio, como Marga Aguilar, una de las vecinas de la Casa Fajol, que decidió ignorar el burofax que le envió la nueva propiedad de la finca para que se fuera y que ahora se enfrenta a un juicio.
El caso de esta finca es el paradigma de hasta qué punto quienes advirtieron durante la primera regulación parlamentaria de los alquileres sufrieron la maldición de Casandra. Alertaron de que los alquileres de temporada y de habitaciones serían el refugio de quienes solo buscan la máxima rentabilidad de sus propiedades. Resultó que tenían razón. Cuando murió la antigua propietaria de la finca, Maria, que vivía en uno de los pisos y mantenía una relación cordial con los arrendatarios, el grupo New Amsterdam Developers (NAD) adquirió la finca para dar un paso más en los planes estratégicos que anunció en 2023. Dijo entonces que su propósito era tener en Barcelona una cartera de 1.000 habitaciones de alquiler. Este tipo de colmenas residencial tampoco no son baratas para los inquilinos, recuerda la asociación de vecinos. Es fácil que se lleven casi mes la mitad o más del suelo, de modo que lugares como el Eixample profundizan aún más en esa faceta de gigante ‘rentaducto’ que canaliza los salarios hacia unas pocas manos. En el caso de la Casa Fajol, cuatro de los pisos están en obras o estas ya han terminado, no porque los antiguos inquilinos, algunos con 65 años de vida allí, se fueran sin más, sino porque terminaron por rendirse cansados del constante acoso. Es más, según Marga, la primera que pasará por el juzgado por resistirse a dejar su hogar, el fondo de inversión ha llegado a poner sobre la mesa la posibilidad de buscarles otro piso en la ciudad, en Gràcia, por ejemplo, pero su sorpresa ha sido después descubrir que eran viviendas habitadas, o sea, que para resolver su caso habría que desahuciar a otros barceloneses.
En la Esquerra de l’Eixample, recuerdan los autores del estudio, viven actualmente unas 100.000 personas, una sexta parte menos que en los años 80. Desde entonces, el número de viviendas no ha decrecido. Al contrario, ha aumentado, aunque tímidamente, apenas 3.000 más. El problema es que la construcción de vivienda pública avanza a paso de tortuga, cuando no directamente se detiene a comer lechuga. Una de las batallas vecinales que está comenzado a cobrar fuerza es, de nuevo, el futuro de la antigua cárcel Modelo, donde una parte de los metros cuadrados disponibles se anunció que se destinaría a levantar 120 pisos sociales y, hoy por hoy, ese plan permanece hibernado.
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