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670 litros por metro cuadrado

Dos años de lluvia en la media histórica de Barcelona consolidan los ejes verdes y prometen una primavera esplendorosa

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Árboles plantados en 2023 en el cruce de Borrell con Consell de Cent.

Árboles plantados en 2023 en el cruce de Borrell con Consell de Cent. / JORDI COTRINA

Carles Cols

Carles Cols

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Fueron inaugurados los ejes verdes del Eixample al final del trienio más seco de la historia hídrica de Barcelona desde la Primera Guerra Mundial. La lluvia que mojó las calles y los alcorques de la ciudad fue en 2021, 2022 y 2023 la mitad de la habitual, apenas 300 litros por metro cuadrado, con el añadido de que el mal llover de esta riba del Mediterráneo es célebre por su manera de hacerlo, a cubos o nada de nada. Pero el 2025 se ha cerrado con unas precipitaciones acumuladas levemente por encima de esa media registrada desde hace más de un siglo, 670 litros, un 108% de lo común, y además, como la Lotería, de forma muy repartida a durante los 12 meses del calendario. Ha sido así, además, dos años consecutivos, porque 2025 parece un calco de 2024, y no está de más por ello ahora, justo tras un diciembre también inusualmente muy húmedo, preguntar a los responsables de Parques y Jardines cómo están los ejes verdes: exultantes, como los técnicos de este instituto municipal.

El 2025 recién despedido con las 12 campanadas fue el año deseado por cualquier jardinero con amor por su oficio. No hubo en el calendario ningún periodo crítico. Los árboles no sufrieron estrés hídrico. En Barcelona han sido frecuentes aquellos veranos en los que los plátanos, por ejemplo, se han visto obligados por su propia naturaleza a desprenderse de sus hojas a principios de septiembre e incluso a finales de agosto. En 2025 aguantaron casi hasta las puertas del invierno, y como ellos, las decenas las decenas de especies elegidas para poblar los ejes verdes. Ha sido una feliz noticia la respuesta de las catalpas y los liquidámbares, dos árboles de latitudes más nórdicas que en anteriores experiencias de plantado en Barcelona sufrieron lo indecible y que, sin embargo, en calles como Consell de Cent y Girona, parecen tan panchas, como si nada les molestara. Hay un secreto, explican fuentes de Parques y Jardines: el excelente urbanismo subterráneo de esos nuevos bulevares de la ciudad.

La tercera fila de árboles de Consell de Cent, a la altura de Roger de Llúria.

La tercera fila de árboles de Consell de Cent, a la altura de Roger de Llúria. / JORDI COTRINA

A pie de calle, el paisaje es el que cualquiera puede ver, gente de paseo, coches aparcados incluso cuando no debieran y los troncos de los árboles plantados en 2023 cada vez más altos y hermosos. Por debajo del pavimento, la Barcelona de esas calles nada tiene que ver. Primero, porque no se ha constreñido a los árboles a subsistir en estrechos alcorques, sino en parterres de generosas dimensiones, que recogen el agua de la lluvia y, de forma invisible, la almacenan en forma de humedad durante días. Segundo, porque por debajo de las losetas de granito las tierras de cada parterre están interconectadas. Es todo un mundo de raíces que justo en estas fechas está mucho más vivió de lo que parece.

El registro histórico de precipitación anual desde 1914.

El registro histórico de precipitación anual desde 1914. / OBSERVATORI FABRA (RACAB)

Es enero y, por lo tanto, tiempo de parada vegetativa. La mayor parte de árboles de los ejes verdes apenas muestras actividad de cintura para arriba, explica una técnica de Parques y Jardines, pero la lluvia de diciembre, que ha sido una suerte de bendición, propicia que las raíces sigan creciendo ahora en pleno invierno. Si nada se tuerce –prevé esta especialista— la próxima primavera será la de la gran consolidación, un espectáculo de gran belleza.

El cruce de Rocafort con Consell de Cent, uno de los puntos más frondosos de los ejes verdes.

El cruce de Rocafort con Consell de Cent, uno de los puntos más frondosos de los ejes verdes. / JORDI COTRINA

Hay otra circunstancia añadida, menos conocida, que invita al optimismo. Durante el parto de los ejes verdes, pese a que la sequía, a esa nueva vegetación de la ciudad no le faltó riego. La fuente eran las reservas freáticas de la ciudad. No estuvo mal para salvar aquella crisis hídrica, pero a lo largo de 2024 y 2025 no ha sido necesario echar mano de ese grifo. Lo sustancial es que el agua del freático es el equivalente humano a comer de ‘fast-food’ y la lluvia es una saludable dieta mediterránea que, a efectos prácticos, incluso fortalece más las defensas de las plantas ante el ataque de hongos u otras plagas.

Lo que no ha hecho desde 2023 el Instituto Municipal de Parques y Jardines es, como si fueran hijos, medir la altura año tras años de los nuevos ejemplares. Salta a la vista que han crecido a poco que se visite cada cierto tiempo la zona. Lo que sí hizo en su momento este departamento municipal es medir el diámetro de sus troncos. No han realizado aún la comparativa del antes y el después. Es pronto. Cuando sea el momento, confían en llevarse otra alegría.

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