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Prevista para 2027

La primera 'superilla' del Eixample renacerá en 2027 con aceras diferenciadas de la calzada y siete tipos de árboles distintos

La nueva plaza de Parlament con Borrell reforzará sus usos como ágora vecinal y 'multiculturalmente' arbórea

La exitosa (aunque intermitente) lucha vecinal de la Dreta de l'Eixample cumple medio siglo

Barcelona pondrá fin en 2026 al urbanismo táctico de Sant Antoni con una versión corregida de los ejes verdes del Eixample

Imagen virtual del aspecto deseado a partir de 2027 en Parlament con Borrell.

Imagen virtual del aspecto deseado a partir de 2027 en Parlament con Borrell. / A. de B.

Carles Cols

Carles Cols

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Solo dos especies de árboles dan sombra hoy en el cruce de las calles de Parlament y Borrell. Serán siete a partir de 2027, cuando (aunque en el callejero no figura como tal) esa plaza renazca urbanísticamente y se cierre así un interesante proceso que comenzó antes de la pandemia y que, a todas luces, ha comportado un antes y un después en el barrio de Sant Antoni. Aquella zona fue elegida como la primera ‘superilla’ del Eixample y su ejecución, como casi es norma en esta ciudad, fue objeto de todo tipo de opiniones a favor y en contra, en parte porque la intervención se llevó a cabo con aquello que terminó por ser archiconocido como el urbanismo táctico. Hasta hubo quien propuso desandar el camino. No solo no ha habido marcha atrás. Con 11,5 millones y medio de inversión, las obras para consolidar el cambio se prolongarán a lo largo de todo 2026 y por ello resulta interesante sumergirse en la letra pequeña del proyecto de reforma, recién sacado a exposición pública por el Ayuntamiento de Barcelona.

En primer lugar, no está de más subrayar que el gobierno municipal zanja el debate sobre la ‘superilla’ en los antecedentes del proyecto. “El proyecto táctico de la Superilla de San Antoni ha creado una imagen reconocible del barrio, que ha trascendido a nivel internacional como símbolo del potencial transformador del programa ‘Superilla Barcelona. La experiencia táctica ha permitido crear una plaza abierta y flexible, en la que el color y la disposición del mobiliario desenfadado han permitido nuevas lecturas del espacio público más espontáneas y diversas”.

El cruce de Parlament con Borrell, con el actual urbanismo táctico.

El cruce de Parlament con Borrell, con el actual urbanismo táctico. / A. de B.

Esa cuestión, la de las “nuevas lecturas del espacio público”, ha terminado por ser importante a la hora de definir como será esa nueva plaza. Se podría decir que se han invertido los parámetros clásicos de la manera de actuar municipal. Lo común durante décadas ha sido que los arquitectos propongan y los ciudadanos dispongan. Así, obras concebidas con un propósito han terminado por adquirir uno nuevo no imaginado. El caso extremo es, por supuesto, la plaza frente al Macba, jamás deseada como pista de ‘skaters’, pero de forma más reciente hay ejemplos más amables, como la pérgola de la plaza de las Glòries, renacida como pista de baile de salsa varias tardes a la semana.

Lo que en Parlament con Borrell hizo el estudio al que se encomendó el diseño fue, antes que nada, casi el espíritu de un ornitólogo agazapado en un rincón, observar qué usos le daban los usuarios cotidianos al espacio en su versión inicial, la táctica, y sacar conclusiones después de qué conservar y qué mejorar. “La propuesta parte de la observación activa y el análisis de las escenas cotidianas de la plaza táctica, reconociendo las principales dinámicas sociales y la configuración del espacio con el fin de preservar y afianzar los valores positivos y sociales de esta: las partidas interminables de ajedrez, la salida a la calle de personas de mayor edad limitadas a sus casas, el juego colectivo en la plaza, las tardes de merienda en familia, los momentos de baile o yoga en el tatami, las reivindicaciones y celebraciones colectivas… Todo esto representa el principal valor de la plaza que la propuesta de urbanización consolidada”. Eso se subraya en la memoria del proyecto.

Los usos más comunes detectados durante la fase del urbanismo táctico.

Los usos más comunes detectados durante la fase del urbanismo táctico. / A. de B.

La versión definitiva de esa plaza y de las calles que a ella confluyen se inaugurará durante el primer semestre de 2027 y serán entonces la oportunidad de comparar el resultado con el de los posteriores ejes verdes del Eixample, porque el actual equipo de gobierno ha preferido marcar algunas diferencias. Considera que tras más de dos años del estreno de bulevares como Consell de Cent (que ha generado también tres plazas sin nombre en los cruces con Rocafort, Borrell y Girona) se pueden corregir lo que se consideran errores.

¿Por ejemplo? En Consell de Cent, premeditadamente no hay ninguna distinción entre lo que antaño fueron aceras y calzadas, en un intento de dejar claro que todo el espacio es prioritariamente peatonal y que los vehículos no tienen ningún derecho preferente adquirido. La reforma Parlament con Borrell recupera visualmente las aceras.

También la disposición del nuevo verde urbano es distinta. Pero lo que no cambia es la apuesta por multiplicar la confortabilidad de las calles a partir de una mayor presencia de árboles y, además, alcanzar esa meta con criterios estéticos. Las dos únicas especies arbóreas que habitan hoy en el cruce de Parlament con Borrell son plátanos y acacias de Japón. A partir de 2027 serán cinco más, un salto notable. Se incorporarán como ‘vecinos’ ejemplares de arce de Montpellier, tipuanas, tabebuias, gingkos y sóforas, o, lo que es lo mismo, una interesante sinfonía de colores a lo largo de las estaciones del año.

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