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Hasta el 19 de julio

La Modelo revive sin almíbares la muerte de Franco y las 'Españas' imaginadas entre 1965 y 1975

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La quinta galería, un lugar para el recuerdo, entre otros, de los últimos fusilados por la dictadura.

La quinta galería, un lugar para el recuerdo, entre otros, de los últimos fusilados por la dictadura. / Sandra Román

Carles Cols

Carles Cols

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Hasta 15 veces visitó Barcelona Francisco Franco en vida. La primera, el 21 de febrero de 1939. Almorzó una receta caída en el olvido, Huevos Imperio. La última ocasión, para admirar la “industriosa región” catalana, fue del 18 de junio al 2 de julio de 1970. Desde entonces, ha sido invocado varias veces y, lo que son las cosas, ya van cuatro en la Modelo, una de los escenarios en los que más cruelmente quedó patente que aquella dictadura fue capicúa, pues murió como comenzó, matando. Comisariada por los historiadores Andreu Mayayo y José Manuel Rua, la prisión de la calle de Entença acaba de inaugurar hasta el próximo 19 de julio ‘I després de Franco, què?, una oportunidad de revivir intensamente el clima político de hace 50 años y, lo más novedoso quizá, una inmersión en qué futuro se imaginó a partir de mediados de los 60 desde las organizaciones políticas, desde el Ejército, desde la Iglesia, desde el feminismo, desde los sindicatos, desde las víctimas de la represión por su orientación sexual…, con la posibilidad ahora de votar de nuevo, en una urna verdadera, qué rumbo hubiera sido más adecuado. Y, una vez más, como se dice a veces sin suficiente razón, pero esta vez sí, en un marco incomparable, en las cuarta y quinta galerías de la Modelo.

Tenía que inaugurarse el pasado 20N, pero tan bien documentada se deseaba que estuviera (hay que ponerle un 10 en este capítulo) que el calendario se le echó encima a Mayayo y Rua. Tanto da, porque parece que el debate sobre el franquismo, ahora que hay quien lo edulcora, no caduca. Estuvo Franco literalmente encerrado en la Modelo hace ahora justo un año (una hiperrealista cabeza del dictador fue metida en una celda) para repasar con detalle las más aberrantes leyes de la dictadura y la desproporcionada represión del Tribunal de Orden Público (TOP). Hace un par de meses fue esta misma cárcel el escenario de una catártica sesión de chistes que se contaban sobre Franco durante el franquismo. Y a esa lista de invocaciones del espíritu del sátrapa habría que añadir, cómo no, la muestra de fotografías sobre los refugios de la Guerra Civil que en 2023 ocupó las galerías del centro penitenciario.

La urna original con la que Olof Palme recogía donativos para el cambio en España.

La urna original con la que Olof Palme recogía donativos para el cambio en España. / Sandra Román

‘I després de Franco, què?’ quiere ir más lejos. Es certera en lo que pretende. Es una reflexión sobre cómo la inacción, ya fuera por miedo, desdén o conformismo, podría haber sido la peor de las actitudes hace 50 años. Es decir, cómo en ese hoy aznariano ‘el que pueda hacer, que haga’ fue desde mediados de los 60 diametralmente distinto de lo que hoy se pretende. “Hubo gente que se complicó la vida pudiendo elegir no hacerlo”, subraya Mayayo. En ese sentido, la exposición es también un fenomenal homenaje a todos aquellos que se la jugaron.

Jaume Perich, en tándem con Manuel Vázquez Montalbán, combatió el discurso oficial a lo largo de 1975 a través de sus ‘Noticias del 5º canal’. “Durante el curso de la pasada semana varios miembros de la oposición no fueron detenidos”.

En 1971 se plantó la semilla de la Assamblea de Catalunya. Comisiones Obreras y Unió de Pagesos catalizaron unas movilizaciones sin precedentes desde la huelga de los tranvías de 1951. Con Franco aún vivo, en el seno del Ejército cristalizó la Unión Militar Democrática. Estudiantes, homosexuales, feministas, los exiliados, humoristas clandestinos ("¿Qué le dice por la mañana un 'gris' a su mujer? Pepa, prepárame el bocadillo que me voy a la universidad") curas fieles a los dictados del Concilio Vaticano II…, había que tener agallas, pues, tal y como subraya la exposición, la dictadura se empeñó en sus últimas horas en retroceder casi 40 años en el reloj de la historia y convocó el 1 de octubre de 1975 su última y desafiante manifestación multitudinaria en la plaza de Oriente de Madrid.

Chevy Chase, en el Saturdar Nighy Live, antifranquismo en los Estados Unidos del franquista Nixon.

Chevy Chase, en el Saturdar Nighy Live, antifranquismo en los Estados Unidos del franquista Nixon. / A. de Sanjuan

Con 185 documentos, la exposición revive, por una parte, la agonía médica final del dictador y su eco en la calle, con fragmentos del NO-DO, evidentemente, pero también con un interesante punto de vista, el de cómo desde fuera de las fronteras se seguía el curso de los acontecimientos. Chevy Chase, por ejemplo, era entonces una de las caras habituales del Saturday Night Live de los Estados Unidos, que no solo afeaba a Richard Nixon su respaldo a Franco cuando la práctica totalidad de las democracias le dieron la espalda, sino que durante años mantuvo en antena el ‘flash’ informativo de que el dictador seguía muerto según los últimos partes médicos.

No ha sido fácil, admiten Mayayo y Rua, llevar a puerto la exposición. Por una parte, por el drama de los derechos de reproducción, porque se piden cifras astronómicas para, por ejemplo, reproducir una fotografía de la época. Pero, por otra, porque todos aquellos movimientos que se movieron en la clandestinidad entre 1965 y 1975 tuvieron la indispensable prudencia de no hacerse ‘fotos de familia’. Es por eso que impresiona doblemente el material recopilado 185 documentos a cuál mejor. Merece la pena ir casi con la lupa, quedarse pasmado ante qué políticos sí y cuáles no aún saludaban con el brazo en alto en 1975 y, también, qué artículos de opinión firmaron periodistas que desde entonces y hasta ahora han dado, pese a ese muerto en el armario, lecciones de democracia.

Francisco Téllez, en el Hospital Clínic, sindicalista torturado cuando Franco ya había muerto.

Francisco Téllez, en el Hospital Clínic, sindicalista torturado cuando Franco ya había muerto. / Sandra Román

Radiografiar aquí por escrito la exposición es un sinsentido, porque siempre será mejor ir, entre otras razones porque la puesta en escena es magnífica, pero en algunos casos impactante. Dos apuntes solo sobre esta cuestión. Al final del recorrido de la quinta galería hay un féretro. Detrás se suceden las conocidas imágenes de las colas de quienes fueron a decirle adiós al dictador. Se proyectan sobre unas cortinas no muy distintas de las que se emplean en los mataderos para pasar de una sala a otra. Una vez atravesadas, la figura omnipresente es Juan Carlos I, que presidió su primer consejo de ministros vestido de militar y que no pronunció por primera vez la palabra democracia hasta el 2 de junio de 1976. No es un espacio para almas sensibles. En una de las celdas se muestra a tamaño gigante a Francisco Téllez, militante de CCOO y el PSUC, amoratado e intubado en el Hospital Clínic tras su paso por comisaría.

El segundo apunte o consejo a los visitantes es entrar en la celda en la que se rememora la ejecución de tres militantes del FRAP y dos de ETA el 27 de septiembre de 1975. Una voz lee el conmovedor relato que años más tarde hizo el padre Alejandro, el único no militar presente en aquella barbaridad. Apenas le pudo dar la extremaunción a uno de los ajusticiados, porque cuando aún lo sostenía entre sus brazos le dieron el llamado tiro de gracia.

‘I després de Franco, què?’ no es solo una buena exposición. Quizá hoy más que nunca, es necesaria.

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