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El impact de os fondos de inversión

La Dreta de l'Eixample se adentra en la fase hipergentrificación, según la UB, con alquileres de 9.000 euros

La Dreta de l'Eixample destina cada mes una finca completa a pisos de lujo

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Rambla Catalunya, 29, la última (por ahora) finca reformada como vivienda de lujo en la Dreta de l'Eixample

Rambla Catalunya, 29, la última (por ahora) finca reformada como vivienda de lujo en la Dreta de l'Eixample / Sandra Román

Carles Cols

Carles Cols

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La Dreta de l’Eixample ya no es un barrio víctima de una gentrificación, sino que se está adentrando en lo que, según la definción que el profesor de Geografía de la Universidad de Glasgow y reconocido experto en esta materia, Rowland Atkinson, merece ser calificado como una ‘hipergentrificación’. Empleó esa expresión en referencia al proceso en curso en algunas zonas de Londres, como Westminster, Kensington y Chelsea. Ya no se trata de que una población con mayor poder adquisitivo haya ocupado un barrio hasta entonces hogar de una clase social con rentas más bajas. Eso sería una gentrificación clásica, traumática para quienes son expulsados, pero que no suele comportar que el barrio deje de ser eso, un barrio, aunque sea con un nuevo perfil social y comercial. La ‘hipergentrificación’ es algo distinto. Comporta el desembarco de propietarios para los que un barrio como la Dreta de l’Eixample puede llegar a ser solo una más de sus residencias y, por lo tanto, un lugar de paso estacional y que quizá alquilan no siempre a través de canales rastreables.

Acaba de celebrar la Associació de Veïnes i Veïns de la Dreta de L’Eixample el primero de una serie de 10 debates destinados a vislumbrar el futuro del barrio y en la primera de estas jornadas ha despuntado un informe elaborado por cinco investigadoras de la Càtedra Barcelona Estudis Habitatge, un equipo sociológico y económico adscrito a la Universitat de Barcelona. El objetivo del trabajo de campo era radiografiar qué impacto ha tenido en la Dreta de l’Eixample la presencia de grandes inversores inmobiliarios, que desde el año 2016 han comprado como mínimo 85 fincas completas para, tras un proceso de vaciado de inquilinos, han sido reformadas y ofertadas en ocasiones a precios inasumibles para casi la totalidad de la población.

Diputació, 333, una finca ya comprada y con los balcones tapiados tras ser expulsados los vecinos.

Diputació, 333, una finca ya comprada y con los balcones tapiados tras ser expulsados los vecinos. / J. A.

Presentado por la profesora Cristina López Villanueva, el informe aporta una serie de datos que refrendan el diagnóstico que ya previamente había realizado la asociación de vecinos y, en ocasiones, va incluso más allá. En la Dreta de l’Eixample apenas hay desahucios judiciales, explica López Villanueva. Lo común en el barrio son los llamados desahucios invisibles, o sea, vecinos que simplemente se hartan de la presión de un propietario o de ser el único residente de una finca que no es ‘expat’ o turista. Tienen capacidad económica para mudarse a otro barrio o a otra ciudad y lo hacen sin ruido mediático, pero las estadísticas municipales constatan que ese proceso es un grifo permanentemente abierto. Pierde el barrio población autóctona. Se consolida un nuevo perfil internacional. Cuando el equipo de la UB recopiló los datos, la última cifra del padrón era de 2024. Entonces, un 38,2% de la población de la Dreta de l’Eixample constaba como nacida en el extranjero. Actualmente ya es el 40,4%.

Una de las consecuencias de esa metamorfosis social es, por una parte, que la pirámide de población del barrio se ha modificado. La franja de quienes tienen entre 30 y 35 ha crecido notablemente. El barrio se ha rejuvenecido. Es más, hay un repunte de población, 45.556 residentes a 1 de julio de 2025. Atrás quedan los años en que el padrón cayó por debajo de los 40.000 vecinos. Pero eso, en apariencia de una buena noticia, tiene un reverso amenazador. Se están rompiendo todos esos hilos invisibles que caracterizan la vida de barrio.

La prámide de población de la Dreta de l'Eixample en el año 2000 y eb 2024.

La prámide de población de la Dreta de l'Eixample en el año 2000 y en 2024. / Càtedra Barcelona Estudis Habitatge

Antes tu sabías que tenías a tus padres a dos calles y los miércoles, por ejemplo, ibas a comer a su casa, pero de repente te encuentras que ya no es así, y si tus padres van un día a la escuela a recoger a los niños porque tú no puedes ir, tienen que dar no sé cuántas vueltas a Barcelona para traértelos”. El estudio incluye a veces descripciones así, más cualitativas que cuantitativas, consecuencias de la gentrificación que contrastan enormemente con, por ejemplo, la vida que prometen los promotores inmobiliarios cuando anuncian los pisos: “Cada rincón de este espacio evoca una galería de arte modernista, con pisos de mosaico meticulosamente restaurados y murales adornando los techos, representando una síntesis única entre la elegancia clásica y los estilos vanguardistas del siglo XXI. Este apartamento de lujo es una manifestación incomparable de sofisticación”. La Dreta de l’Eixample ya no es un lugar en el que vivir, sino “una experiencia única”.

Algunas cifras del informe ayudan a poner en perspectiva la profundidad del problema. En la Dreta de l’Eixample hay censadas 27.085 viviendas. De ellas, tras el desembarco de esos fondos de inversión que en sus anuncios prometen ‘alto standing’, lujo y experiencias exclusivas, la Càtedra Barcelona Estudis Habitatge concluye que 1.972 corresponden a ese selecto grupo. No son pocas. Es un 7,2 % de los pisos del barrio, viviendas a menudo de grandes dimensiones. En Londres, la generosa disposición de metros cuadrados ha hecho que esa nueva población hipergentrificadora disponga en casa hasta de gimnasio y sala de cine, con un servicio de consejería las 24 horas del día para satisfacer cualquier necesidad o capricho, vamos, una vida de puertas adentro.

Podría ser peor. Lo es. 1.972 pisos, lo dicho, son viviendas de lujo y otros 1.741 (un 6,4% del parque inmobiliario del barrio) tiene un uso turístico. El diagnóstico de la UB sobre la transformación que está sufriendo la Dreta de l’Eixample es en realidad un milhojas de indicadores pocas veces tranquilizador. Una parte de esas viviendas reformadas al gusto de los grandes bolsillos son destinadas después al alquiler de temporada, esa brecha legislativa de la ley que regula los arrendamientos. Según la exploración llevada a cabo por las investigadoras de la UB, el precio medio mensual del alquiler se sitúa en lo 9.000 euros. La gran ironía es que esta situación sin precedentes en los más de 150 años de historia del barrio llega precisamente después de que el Ayuntamiento de Barcelona haya reformado radicalmente cuatro calles del distrito para hacerlas mucho más vecinales.

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