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Enmienda profesional

El Col·legi d'Arquitectes de Catalunya traslada a Collboni su "inquietud" por el proyecto del Museu Carmen Thyssen Barcelona

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La silueta del Palau Marcet o, si se prefiere, del cine Comèdia.

La silueta del Palau Marcet o, si se prefiere, del cine Comèdia. / MANU MITRU

Carles Cols

Carles Cols

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El Col·legi d’Arquitectes de Catalunya (COAC) ha trasladado al alcalde Jaume Collboni su “inquietud” (palabra seguramente muy medida previamente) ante el proyecto de transformación del antiguo cine Comèdia en Museu Carmen Thyssen Barcelona. Había convocado desde hace semanas este colegio profesional una sesión de debate sobre este proyecto porque entendía que de forma inevitable, por su ubicación, en el cruce de la Gran Via con el paseo de Gràcia, en palabras del decano, Guim Costa, “marcará la imagen de la ciudad”. Había invitado el COAC a participar, por supuesto, a los autores de la propuesta de reforma, el equipo OUA, y también a los responsables municipales del área de urbanismo y arquitectura. Ambos han preferido no acudir, y de este modo la sesión de debate se ha convertido educadamente en una suerte de moción de censura a las maneras con las que el Museu Carmen Thyssen pretende aterrizar en Barcelona.

Sebastià Jornet, presidente de la Agrupació d’Arquitectes Urbanistes de Catalunya, ha sido el encargado de analizar desde un punto de vista técnico el documento que fue aprobado inicialmente en su día hizo por el Ayuntamiento de Barcelona. Fue solo entonces, cuando se llevó a la Comisión de Urbanismo, cuando se visualizó por primera vez la volumetría prevista. Causó estupor. Los autores del proyecto no incluyeron un esbozo de cómo será la reforma en caso de llevarse a cabo, sino solo del tamaño que puede alcanzar si se exprime la edificabilidad prevista. A su manera, aquella imagen fue la chispa que prendió la sesión de debate ahora celebrada en el COAC. Jornet, en su exposición, no se ha quedado solo en aquella imagen. Ha diseccionado concienzudamente el texto aprobado y ha subrayado lo que desde su punto de vista son lagunas e incongruencias difíciles de aceptar, como el hecho de que el proyecto de un equipamiento cultural incluya una superficie comercial de 2.500 metros cuadrados.

La volumetría prevista en la esquina del cine Comèdia, motivo de la alarma.

La volumetría prevista en la esquina del cine Comèdia, motivo de la alarma. / OUA

Más crítico ha sido el siguiente ponente, Jaume Artigues, arquitecto y dirigente de la asociación de vecinos de la Dreta de l’Eixample. Hasta ahora, había sido el principal ariete de oposición al proyecto, no en solitario, pero ha quedado claro, tras el debate, que este rechazo es ahora mucho más coral y potente, entre otras razones porque el COAC es una institución de solvencia incuestionable y que ahora se pregunta si, visto lo significado de la cuestión a debate, no sería más conveniente que el Ayuntamiento de Barcelona pilotara un concurso de ideas.

Las objeciones que Artigues ha expuesto al Museu Carmen Thyssen Barcelona van más allá de las estrictamente arquitectónicas. La saturación turística de aquella zona del Eixample es una de las preocupaciones que ha puesto sobre la mesa, pero, por encima de esta inquietud, ha recordado que los equipamientos públicos vecinales son un bien muy escaso en este distrito y que, en ese sentido, el hecho de que un fondo de inversión proyecte convertir esa esquina de la ciudad en un negocio es un monumental error.

Sobre el valor patrimonial de lo que está en juego ha realizado una pormenorizada exposición Antoni Vilanova, arquitecto especialista en esta cuestiones. Ha repasado toda la historia de aquella esquina de la ciudad y ha hecho un interesante alto en los años 30 del siglo XX. Fue entonces cuando la finca, hasta entonces hogar de Frederic Marcet, pasó a ser un teatro, embrión del futuro cine Comèdia, pero lo sustancial de aquel cambio es que la postal exterior del Palau Marcet apenas fue alterada. Nada que ver, pues, con el proyecto ahora a debate.

No ha habido clemencia alguna en el turno posterior de intervenciones, estrictamente reservada para arquitectos. El hilo conductor común ha sido que lo previsto es un exceso difícil de aceptar, sobre todo porque apenas se sabe qué aporta a la ciudad desde el punto de vista museístico. Más allá de el título de tres cuadros y de que el propósito es exhibir obras del modernismo y el 'noucentisme', la información hoy por hoy es muy escasa. En esa línea se ha trasladado también la preocupación por el silencio de la Generalitat por cómo este proyecto puede mermar la potencia del MNAC.

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