Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Indisciplina viaria

La mejora de la señalización fracasa en su intento de blindar los cruces peatonales de Consell de Cent

Decenas de conductores cruzan cada hora por encima de la Rambla Catalunya, pese a estar prohibido

El tráfico ignora a la brava la nueva peatonalización de Rambla de Catalunya

El comercio vecinal resiste la embestida del turístico en tres de los cuatro tramos de la avenida Gaudí

Un ciclista cruza la plaza de Girona con Consell de Cent.

Un ciclista cruza la plaza de Girona con Consell de Cent. / JORDI COTRINA

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Carles Cols

Carles Cols

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Son algunas de las IMD más bajas de la ciudad o, dicho sin siglas, las intensidades medias diarias de vehículos más apacibles de Barcelona. El problema es otro. Son IMD en lugares en los que no está permitido el paso de vehículos, de ahí que cualquier cifra, por pequeña que sea, tiene un punto noticiable. Uno es el cruce de la Rambla de Catalunya con Consell de Cent, que en noviembre de 2024 fue reurbanizado para que fuera evidente que se trata de un lugar íntegramente peatonal. No menos de 30 coches, furgonetas y motos circulan cada hora en un mes de poco tráfico como este agosto. Los otros puntos son las intersecciones de los ejes verdes del Eixample. Ahí los vehículos son otros, bicicletas y patinetes. La IMD es notablemente más alta. Decenas cada hora. Antes de verano se reforzó visiblemente la señalización que indica que aquellas plazas son para ir a pie, no sobre ruedas. La observancia de la norma es prácticamente nula.

Esa suerte de ‘prohibido prohibir’ que parece ser la ley general no escrita de Barcelona gobierna en esos cruces mencionados, tanto que hasta, si se dispone de tiempo, es curioso acomodarse en un banco y observar. Primero, por ejemplo, en Rambla de Catalunya. No faltan las señales que indican que los vehículos que bajan por ese bulevar tienen prohibido girar a la izquierda por Consell de Cent. Tampoco los que llegan por esa calle pueden cruzar por encima de la zona peatonal. ¿Acaso se fían los conductores del navegador, que les engaña? No. Hecha la comprobación, los navegadores de pantalla más comunes señalan la ruta correcta, que no es otra que bajar hasta la Gran Via para sortear la Rambla de Catalunya. Demasiada vuelta, se supone que pensarán.

Dos furgonetas invaden la Rambla de Catalunya pese a la prohibición.

Dos furgonetas invaden la Rambla de Catalunya pese a la prohibición. / JORDI COTRINA

El resultado es que no es extraño que uno o varios peatones y alguna camioneta, coche, moto o taxi se enfrenten de repente en un ‘chicken game’ de la movilidad. Suelen vencer los vehículos. También hay algún viandante que, como se sabe la norma, decide no moverse. En situaciones así, un David contra Goliat, sobre todo visto el tamaño actual de cualquier coche, los conductores reculan de mala gana.

Un ciclista atraviesa por mitad de la plaza de Enric Granados.

Un ciclista atraviesa por mitad de la plaza de Enric Granados. / JORDI COTRINA

El problema en ese cruce nació el mismo día en que se estrenó el eje verde de Consell de Cent. Las señales de tráfico resultaron ser insuficientes y se destinaron 48.000 euros de las cuentas municipales ha modificar el perfil de la calzada. No sirvieron para nada. Parece un problema sin remedio. O no. Un rato acomodado en un banco de la Rambla de Catalunya tomando notas para calcular la IMD de ese cruce de la ciudad es una oportunidad para echar mano de la historia pasada, remontarse a principios de los años 70, cuando el Ayuntamiento de Barcelona pretendió convertir la Rambla de Catalunya en una calle prototípica del Eixample, consagrada plenamente al coche, salvo por las aceras laterales. Se pretendía que dejara de ser una rambla y surgió así uno de los más originales y exitosos movimientos de resistencia de la ciudad.

Los comerciantes, escandalizados por los planes del gobierno local, encargaron al artista Josep Granyer una decena de esculturas para colocarlas en cada uno de los cruces de la Rambla de Catalunya. Al final solo se instalaron dos de esas piezas, la ‘Jirafa coqueta’ y el ‘Toro pensante’, que ahí siguen, pero la cuestión es que Granyer modeló media docena más de figuras, de las que existen versiones a pequeña escala, como un hipopótamo violinista, un caballo tumbado a la bartola y elefante en plena meditación. ¿Habrá que recurrir a alguna de esas bestias para cerrar el paso de vehículos?

Tres de las figuras que Josep Granyer concibiño para la Rambla de Catalunya y que no vieron la luz.

Tres de las figuras que Josep Granyer concibiño para la Rambla de Catalunya y que no vieron la luz. / MUSEU DEU EL VENDRELL

El caso de las plazas de Consell de Cent es distinto. Hay cuatro, con Girona, Enric Granados, Borrell y Rocafort. Su perfil urbanístico es siempre distinto, pero su mínimo denominador común es que fueron diseñadas como espacio reservado exclusivamente a los peatones y al juego infantil. Solo por esa segunda función ya salta a la vista el peligro que entraña que ciclistas y patinadores desoigan las señales que les conminan a rodear esas plazas. La velocidad con la que desobedecen las muy visibles señales ha sido motivo de quejas vecinales en cada uno de los casos. No hay manera. También ese es un buen lugar en el que sentarse, observar y sacar conclusiones. Y una de ellas, que seguro que no ha pasado desapercibida, es cuán poco duró el efecto de la intensa campaña que el Ayuntamiento de Barcelona realizó para que el uso del casco fuera obligatorio en los patinetes y para evitar que viajaran a bordo de ellos dos personas. Lo dicho, la ley del ‘prohibido prohibir’.

Suscríbete para seguir leyendo