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Estreno decepcionante

El tráfico ignora a la brava la nueva peatonalización de Rambla de Catalunya

La indisciplina viaria deteriora los ejes verdes del Eixample

Barcelona somete a examen qué corregir de los ejes verdes para evitar que mueran de éxito

Una agente explica al chófer de una furgoneta de que acaba de cometer una infracción, y otros tres coches le siguen.

Una agente explica al chófer de una furgoneta de que acaba de cometer una infracción, y otros tres coches le siguen. / A. de Sanjuan

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Carles Cols

Carles Cols

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Se acaba de estrenar la peatonalización absoluta de la Rambla de Catalunya allí donde se cruza con la calle de Consell de Cent y el resultado ha sido el que podría haberse supuesto en unas hipotéticas apuestas: motos, coches, camiones y furgonetas circulan indisimuladamente por lo que a todas luces es una zona reservada a los viandantes y, salvo orden contraria por el momento, a los ciclistas. Las obras que se han llevado a cabo las tres últimas semanas en ese punto de la ciudad eran una de las correcciones previstas tras esa suerte de profundo examen al funcionamiento de los ejes verdes del Eixample pasado un año de su estreno. La mejora, de momento, no ha resuelto en absoluto el problema. Incluso se podría afirmar que lo ha empeorado.

¿Cuál era la situación antes de las obras? Las señales de tráfico dejaban cuáles eran los sentidos de la circulación permitidos y cuáles no. De subida, no había apenas confusión posible. El tráfico solo podía seguir recto o girar por Consell de Cent, o sea, lo de siempre desde hace décadas, con la salvedad de que algún despistado iba hacia la derecha, es decir, por el eje verde, no por el carril adecuado, sino por el paso peatonal. La indisciplina estaba en el sentido descendente y en el transversal. Las señales de tráfico dejaban claro que los vehículos que bajaban por la Rambla de Catalunya tenían que seguir recto y que los procedentes de Consell de Cent en ningún caso seguir por la misma calle.

Cada cinco minutos, una, dos, tres o más infracciones.

Cada cinco minutos, una, dos, tres o más infracciones. / FERRAN NADEU

La falta de respeto a esa señalización creo un cruce sin ley. Quienes paseaban por el tronco central de la Rambla cruzaban Consell de Cent con una cierta inseguridad. No deberían encontrar ningún vehículo a su paso, pero era así de forma intermitente, prácticamente a cada minuto del día. Conductores y peatones, por decirlo de algún modo, se escrutaban a través del parabrisas. Se imponía la ley del más fuerte.

Un turismo se sube a la zona peatonal de la Rambla de Catalunya, pese a las señales de prohibición.

Un turismo se sube a la zona peatonal de la Rambla de Catalunya, pese a las señales de prohibición. / FERRAN NADEU

El remedio, lo dicho, ha consistido en reurbanizar ese cruce. Esa rambla es algo más rambla. Los casi 30 metros de anchura que cruzan Consell de Cent están enmarcados por bordillos y la zona peatonal está al mismo nivel desde Aragó hasta Diputació.

Las obras finalizaron el domingo. Esta mañana de lunes era el estreno formal. No hace falta esperar más de un par de minutos para comprobar que todo sigue igual. O peor. Los peatones caminan con una sensación de seguridad que no se corresponde con la realidad. El conflicto será más interesante de observar conforme avance el mes de diciembre, mes de compras, o incluso ya este próximo fin de semana, de ventas con descuento y calles llenas de tráfico y viandantes.

Una silla dañada en Girona porque un coche pasó por donde no debía.

Una silla dañada en Girona porque un coche pasó por donde no debía. / A. de Sanjuan

A su manera, lo ocurrido en este cruce es toda una advertencia cara al resto de medidas correctoras que está previsto adoptar en el conjunto de los ejes verdes. El caso más claro son esas minúsculas vallas que se colocaron para proteger los parterres vegetales. En un año, gran parte de ellas han sido aplastadas por conductores sin miramientos. El plan previsto es sustituir una parte de ellas por vallas más robustas. ¿Será la solución? Visto que también han sido aplastados bancos y aparcamientos de bicicletas, el remedio amenaza con ser también decepcionante. Y también lo puede ser en aquellos parterres en los que la solución que se adoptará será prescindir de vallas de protección. Es una decisión discutida por los responsables del verde urbano, no tanto porque puedan dañar una especie vegetal, sino por algo mucho más invisible e importante. Los alcorques y parterres fueron delicadamente tratados para que su tierra fuera permeable al agua de la lluvia. Cada vez que un vehículo mete ahí sus ruedas, prensa esa capa de tierra. La diferencia ha sido bien visible durante los últimos episodios de tormenta. En aquellos alcorques en los que, por distintas razones, no se habían plantado árboles o en aquellos que estaban desprotegidos, la lluvia formaba una balsa que tardaba horas o días en ser absorbida.

El estreno, segunda parte

Las primeras horas de la nueva porción de la Rambla de Catalunya son las que se han descrito antes. Poco antes de mediodía, sin embargo, la novedad ha sido la llegada de una patrulla de la Guardia Urbana. Han estacionado su vehículo en el carril de servicio del lado Besòs y a pie se han hecho muy pronto una idea de la magnitud del problema. Hasta se podría decir que ha sido aleccionador ver a qué se han enfrentado.

En primer lugar, han recordado a algunos ciclistas que si quieren pedalear por la Rambla de Catalunya, lo tienen que hacer por la calzada, no por mitad el paseo. A lo que simplemente la atravesaban, no tenían nada que objetarles.

La simple presencia del coche patrulla y el amarillo chillón de los uniformes de los agentes ya han disuadido a no pocos conductores de que era mejor respetar las señales de tráfico. Aflojaban la marcha, miraban, y visto lo visto se resignaban. Pero incluso así la indisciplina al volante ha sido una constante. En un momento, como bien ilustra la fotografía que encabeza esta crónica, la agente se ha visto desbordada por hasta cuatro vehículos que atravesaban la zona peatonal de forma irregular. Ha caído las primeras multas. En esos momentos en que el conductor proporcionaba sus datos y los agentes procedían a expedir la sanción, a sus espaldas pasaban más coches y motos, una de ellas, por cierto, en contra dirección. Pero quizá lo más llamativo era primer el comentario que muchos conductores hacían nada más bajar la ventanilla.

“¡Ah!, ¿ahora no se puede girar por aquí?”. En realidad, no se puede desde hace más de un año. Solo con esa frase se resume la esencia del problema, que el esto de los ejes verdes no se acompañó de unas semanas de intensa pedagogía y que ahora parece tarde para hacerlo.