Los carteles perdidos (y los censurados) de la Mercè

Textos:
Carles Cols

Aunque hay matizadas versiones sobre la anécdota, la más popular de todas es que cuando Fred Astaire quiso dar el salto de los teatros de Broadway a Hollywood, el informe que la RKO hizo de su audición no era realmente muy prometedor. “No canta bien, es mal actor y se está quedando calvo. Baila un poco”. Esa la historia, según se mire, de no pocos carteles de la Mercè, que cada septiembre por estas fechas son recibidos, depende del caso, con desdén, admiración, rechifla, indiferencia, aplausos, ojeriza, pasión y hasta con escándalo.

Son examinados con evaluaciones que el tiempo a veces corrige para bien y otras para mal, y la gran fortuna cara a esta Mercè 2021 es que toda esta obra gráfica no solo ha sido reunida para una exposición, sino que, ya que la fiesta mayor de la ciudad cumple 150 años de historia, han sido rescatados para la muestra carteles centenarios, unos cuantos de la Barcelona franquista y, en una guinda del tamaño de una sandía, dos piezas que jamás vieron la luz porque fueron censuradas por la autoridad socialista competente.

1871, EL PRIMER CARTEL

Tres años después de que la Mercè fuera proclamada copatrona de Barcelona, el alcalde Soler Matas creyó oportuno que tuviera su fiesta mayor.

Carreras de caballos, carreras de sacos, regatas en el puerto, tardes de toros y, cosas de la época, una exposición de uvas.

1892, CUARTO CENTENARIO DEL DESCUBRIMIENTO

Medio siglo antes de que una réplica de la Santa María se instalara en el puerto de Barcelona, la nao de Colón fue el motivo central del cartel de la Mercè.

La idea llevaba en barbecho varios años en una asociación de nombre kilométrico, la Federació d’Entitats de Cultura Popular i Tradicional de Barcelona Vella y la Casa dels Entremesos. Es en su sede de la plaza de las Beates, 2, a dos pasos del mercado de Santa Caterina, donde a partir del 15 de septiembre y hasta el 26 de noviembre se podrá admirar la colección reunida, un gran momento, sin duda, tras un par de años, como poco, de rescatar carteles de colecciones particulares y anticuarios, piezas incomprensiblemente más difíciles de localizar de lo que en un primer momento podría parecer.

“A la cultura popular no siempre se la trata en Barcelona como se merece”, cuenta Eloi Palmeiro, presidente de la federación. De acuerdo, la Mercè de este año llega con un plus de programación de tradiciones, incluso con una suerte de desfile de las fuerzas no armadas de la cultura popular el día 24 por el paseo de Gràcia que promete ser todo un acontecimiento, pero desde que la fiesta mayor se hizo realmente mayor, con conciertos de grandes estrellas y teatro de calle de talla internacional, la imaginería de toda la vida le parece poca cosa a más de uno.

En la Casa dels Entremesos conservan algunos pequeños tesoros de la ciudad, como ropajes de las cabalgatas de reyes del año 1900 y, también, añejos vestidos de la celebración del Corpus (cabe esperar que no sean los de 1896 y menos aún sin haber pasado por la tintorería, pues fue cuando un atentado anarquista puso fin a la procesión frente a Santa Maria del Mar), pero lo que viene al caso es que repartidos en algunos despachos tenían también desde hace tiempo varios carteles de la Mercè. De ahí la idea de completar algún la colección. Los 150 años de la Mercè son un aniversario muy oportuno para ello.

Nueve días duró la fiesta mayor en 1951, el año de la huelga de los tranvías, primer acto de resistencia antifranquista de una ciudad que en 1939 se rindió mansamente.

1953, año de fiesta mayor y de elecciones por sufragio universal, aunque solo fueran para eligir al nuevo presidente del Barça.

1954, un cartel ecuestre, con poca fiesta y mucho escudo y bandera.

1955, el anverso de la moneda, según se mire, del cartel arabizante que en 1999 salió de los pinceles de Nazario Luque.

1956, un cartel muy fiel a la ilustración libresca de la segunda mitad de los años 50.

Está, por supuesto, el primero de la serie. En 1868, Pío IX, el primer Papa infalible, concedió a la Virgen de la Merced el estatus de copatrona de Barcelona, mano a mano con Santa Eulàlia. Esta ciudad, cuando es beata, lo es más que ninguna. Por tener, tiene incluso dos templos expiatorios, como si los pecados que acumulan sus vecinos no se limpiaran solo con uno. El caso es que tres años después de aquella fecha, en 1871, el alcalde Francesc Soler Matas defendió que si era patrona se merecía también una fiesta mayor. Hubo carreras de sacos, se trepó a resbaladizas cucañas, se torearon varios astados y, para gustos los colores, se organizó una muestra de variedades de uvas.

Más que un cartel al gusto moderno, el de 1871 es un programa impreso. Nada que ver con la filigrana que este año lleva la firma de Malika Favre y que, por lo que parece, ha enamorado, como si fuera un ‘ochomil’ de la ilustración desde que en 1979 se inició la serie de carteles de la que presume el Ayuntamiento de Barcelona en su página web. Sin embargo, hubo antes otros carteles. Los del franquismo, por ejemplo.

Para la llegada a buen puerto de esta exposición de la Casa dels Entremesos ha sido fundamental la mano Agnès Bartolomé, mucho más que la comisaria de la muestra, pues gran parte del material había primero que localizarlo, tarea nada fácil porque los carteles anteriores a 1979 no eran las hermosas litografías numeradas de la actualidad, sino simple carteles de tienda, de esos que el dueño del colmado permitía que le pegaran con cuatro ‘celos’ en el escaparate del establecimiento.

Su valor histórico y estético es indiscutible aunque algunos luzcan pátinas ideológicas que causan sonrisa, pero sería un error concluir alegremente que eso son cosas del pasado. Por eso hay que visitar la exposición, porque en la selección de imágenes de esta crónica no aparecen expresamente, por mantener el misterio, dos de las mejores joyas de la muestra de carteles, los dos censurados en época moderna, el de 1992, con Pasqual Maragall como alcalde de la ciudad, y el 2010, cuando Jordi Hereu ocupaba ese cargo.

El primero era obra del diseñador Peret. Después de que algunos pacatos se ofendieran en 1985 porque el cartel de Robert Llimós mostrara, con Colón y Montjuïc al fondo, a un grupo de gente bailando en porretas, a las autoridades maragallanas les pareció tal vez lúbrica la obra de Peret, que, como bien explica Bartolomé, no es más que una evolución muy graciosa del célebre juego de “con un seis y un cuatro aquí tiene tu retrato”, pero con un par de ceros que le ponían dos tetas a la ilustración. Era una estupenda obra que no vio la luz y que fue sustituida por una simple fotografía de Manuel Esclusa. Aquello fue algo olímpicamente ridículo.

El caso de 2010 también merece una visita a la exposición. El cartel se le encargó a Claret Serrahima, una de las lenguas mejor afeitadas de Catalunya, quien invitado a tal honor brindó al equipo de Hereu el primer plano de un higo, fruta de septiembre que tiene a mal marchitarse a ojos vista. A lo mejor alguien pensó que aquello sería interpretado como una metáfora de los tiempos políticos que vivía entonces la ciudad, con el PSC a punto de caer de las ramas del poder político municipal.

Todo eso y mucho más, en la Casa dels Entremesos.

1957, un premonitorio cartel de la Barcelona que algún día iba a llegar, en la que en cada balcón pende una bandera.

1965, un cartel de la Mercè con la firma de un autor con prestigio en aquellos años, Ramon Ribas.

1967, un cartel que retrata muy poco la modernidad que iba a descorcharse en Barcelona aquel año con la apertura, por ejemplo, de la 'boîte' Boccaccio.

1871, primer centenario de la fiesta mayor, una aniversario que se quiso subrayar incluso en el cartel oficial.


Este reportaje se ha publicado en El Periódico el 13 de septiembre de 2021.