Cerrará con 1,5 millones en 2026
Una startup de Barcelona planta cara a ChatGPT con una IA especializada en abogados
Prudencia.ai suma 15.000 usuarios, prevé cerrar 2026 con 1.200 clientes de pago y aspira a alcanzar 1,5 millones de euros de ingresos recurrentes anualizados
El Sabadell crea una nueva área dedicada a la inteligencia artificial

Carlos Guerrero, CEO de Prudencia.ai, posa durante una entrevista sobre el crecimiento de la startup barcelonesa especializada en inteligencia artificial aplicada al ámbito jurídico, que supera los 1.000 usuarios semanales y prevé alcanzar 1,5 millones de euros de facturación recurrente en 2026 / Zowy Voeten

En muchos despachos, la jornada ya no empieza solo abriendo el correo. A esa pestaña se le ha sumado la de una Inteligencia Artificial (IA) preparada para buscar jurisprudencia, analizar documentos y redactar escritos a una velocidad difícil de igualar. El problema llega cuando esa ayudante digital inventa información. Y en un juzgado, la creatividad tiene límites.
De ese miedo, y de una oportunidad de negocio evidente, nació Prudencia.ai. La empresa barcelonesa, fundada por el abogado y emprendedor Carlos Guerrero y el tecnólogo Jaume Bosch, quiere convertirse en el copiloto de cabecera de los profesionales del Derecho. No firma demandas, no comparece ante el juez y tampoco asume responsabilidades. Pero promete encargarse de buena parte del trabajo pesado que precede a todo eso.
El origen fue casi de oficina. El equipo jurídico de otra startup de Guerrero necesitaba una herramienta de IA. Al probar soluciones generalistas, en la mayoría de los casos ChatGPT, descubrieron su gran virtud y su gran defecto: redactaban “brutalmente” rápido, pero podían alucinar e inventar leyes o resoluciones.
La obsesión por comprobarlo todo
Cuando Prudencia.ai cita una sentencia, el profesional puede abrir el documento y comprobar que existe y que dice lo que la IA asegura. La compañía explica que adquiere resoluciones del Poder Judicial y construye con ellas un “cerebro” jurídico propio, complementado con normativa del BOE, boletines autonómicos, fuentes europeas y resoluciones tributarias.
La plataforma busca jurisprudencia, ordena los resultados según su coincidencia con la consulta y localiza los fragmentos relevantes. Después, la sentencia puede incorporarse a una demanda, un recurso o un contrato. Los despachos también pueden crear una base privada con escritos y modelos propios para que la herramienta reconozca su forma de trabajar.
El nombre no es casual. “Prudencia” remite a la cautela que exige la IA en un ámbito donde una cita falsa puede acabar ante un tribunal. Y contiene un guiño a la jurisprudencia, el material con el que la empresa quiere marcar distancias frente a los asistentes generalistas. Guerrero la describe como “un ChatGPT especializado en la abogacía”, aunque con verificación documental y funciones pensadas para el Derecho español.
En lo que respecta a la privacidad, Prudencia.ai asegura que los documentos y consultas de sus clientes no se utilizan para entrenar modelos externos, que opera con infraestructura europea y que ha sido diseñada para cumplir con el RGPD y el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial.
Del clic gratuito a la tarjeta
Los números que facilita la empresa a este diario dibujan un crecimiento acelerado. Lanzada el 2 de febrero, asegura haber alcanzado ya 15.000 usuarios registrados y 600 clientes de pago. “Hay abogados autónomos, despachos, departamentos jurídicos de empresas, asesorías, gestorías y administraciones públicas”, asegura Guerrero, quien admite estar “sorprendido” por esta evolución. La versión gratuita permite 25 interacciones; después, el plan profesional parte de 79 euros más IVA al mes por licencia.
La clave, según Guerrero, es convertirse en una infraestructura de uso diario. El abogado abre la herramienta junto al correo y vuelve a ella para investigar, redactar y revisar. Esa frecuencia de uso alimenta las previsiones: cerrar 2026 con unos 1.200 clientes de pago y una facturación recurrente anualizada de 1,5 millones de euros. La facturación efectiva del ejercicio, matiza el CEO, podría rondar los 600.000 euros.
Prudencia.ai ha crecido hasta ahora con fondos propios. Guerrero sostiene que no tenía sentido ceder participación en una empresa que generó ingresos desde el primer día y cuyo desarrollo podía avanzar con un equipo reducido. La puerta a una ronda no está cerrada: si en 2027 la competencia acelera o la expansión exige más músculo, estudiarán alternativas.
Competencia, desde luego, hay. Las grandes editoriales jurídicas han lanzado sus soluciones y compañías extranjeras empiezan a entrar en España. Prudencia.ai confía en la agilidad, el precio y la especialización. Su siguiente examen será Portugal, donde trabaja con despachos locales para preparar una primera versión entre octubre y noviembre y una estructura más completa a comienzos de 2027.
La pregunta inevitable es si estos copilotos terminarán ocupando el asiento del conductor. Guerrero lo niega: sostiene que la supervisión humana seguirá siendo imprescindible y que la responsabilidad continuará recayendo en el profesional. La promesa no es sustituir al abogado, sino liberarlo de horas de búsqueda y redacción para que dedique más tiempo a lo que, al menos por ahora, la máquina no firma: el criterio.
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