Historias personales
Las caras del auge de trasteros en Barcelona: "Me sale mucho más a cuenta que coger un piso más grande"
Los perfiles de personas que utilizan espacios contratados para guardar cosas que no caben en casa o por mudanzas se amplían. Algunos incluso montan un vestidor para la ropa ocasional.
El encarecimiento de la vivienda propulsa los trasteros en Barcelona: 119 nuevos centros en seis años

Andrés, gestor del nuevo centro en la calle de València, 480 de Necesito Un Trastero, en las instalaciones. / Zowy Voeten / EPC

Cargada con una maleta y un carrito de la compra a las puertas de un recinto de trasteros en Sants-Montjuïc, Natalia F., de 42 años, cuenta que está a punto de coger vacaciones y ha venido a buscar "cuatro cosas" que solo utiliza en sus escapadas de verano (como material de buceo y unos sombreros de playa), que allí atesora desde hace casi dos años, en un cuartito de unos 2,5 metros cuadrados. "Me mudé a un 'loft' de 35 metros cuadrados para poder vivir sola, pero no podía almacenar muchas cosas de las que no quería desprenderme", explica, así que probó por unos meses, y luego ya se ha acostumbrado a pagar unos 75 euros mensuales que le salen "mucho más a cuenta que coger un piso más grande". Es uno de los 119 centros abiertos en Barcelona desde 2020, como informa hoy este diario.
Disponer de todo el espacio de casa "operativo y funcional" fue el objetivo de los treintañeros Sergio y Marina, cuando alquilaron uno de casi tres metros cuadrados y tres de altura en el barrio de la Sagrada Família, por 120 euros mensuales. "Queríamos dar el salto de nuestro piso de dos habitaciones a comprar otro de tres habitaciones, pero era muy complicado, por precios y por los gastos de una mudanza", así que tras darle muchas vueltas vaciaron armarios y concentraron "un montón de cajas de ropa de temporada y de cosas que se usan poco, como una tabla de surf, esquís, y hasta apuntes de los másters" en el espacio contratado, de forma que pudieron liberar una habitación y crear un cuarto cómodo en casa para sus jornadas de teletrabajo. "Vamos pocas veces, cuando llega el calor o el frío movemos maletas, o si cambiamos algún mueble y guardamos el viejo mientras no se vende en Wallapop", cuenta Marina, que explica que el único peligro es "la tentación de guardar muchas cosas que seguramente deberíamos tirar".
La causística es infinita. En el primer local de 'self storage' de OhMyBox! en Barcelona, en la Nova Esquerra de l'Eixample, hay más de mil trasteros con sus correspondientes usuarios. Pero pueden pasar horas sin que entre nadie, porque la mayoría de clientes los visitan poco y tienen rutinas hábiles, como ir a primera hora de la mañana o última de la noche para evitar el calor y tener un acceso más fácil en vehículo. Allí acude desde quien guarda las bicis que solo usa el fin de semana y no quiere subirlas a un quinto piso sin ascensor, hasta empresas que almacenan documentos.
En cambio, en los casos de pisos que hay que despejar durante obras de reforma, la tendencia es buscar espacios más grandes y por periodos más cortos en zonas más periféricas, que resultan más económicas. Y también en mudanzas en que uno deja el piso antes de tener a punto el relevo, cuenta otro usuario.
Usos a la carta
En un espacio de trasteros del barrio del Clot, creado en el sótano de un edificio de vecinos, un vecino que tiene un pequeño apartamento en los pisos superiores se ha montado incluso un vestidor con toda su ropa y complementos en una unidad de unos 3,5 m2. En casa guarda una selección de prendas de uso cotidiano, y cada semana hace varias incursiones, "como si fuera una habitación más de casa". Es "más barato y práctico" que mudarse, aduce también. Otro cliente es un albañil que vive cerca y periódicamente va a dejar o recoger sus herramientas o materiales sobrantes. Y una chica cuenta que tiene solo un pequeño altillo de apenas un metro cuadrado donde guarda algo de ropa y artículos de higiene, porque vive a 40 kilómetros de Barcelona, pero trabaja en la ciudad, así que le "salva la vida" para poder improvisar planes o quedarse eventualmente a dormir en casa de algún amigo.
También Daniela F., fisioterapeuta de 35 años, define como su "segunda habitación" el trastero que hace casi cuatro años arrendó en Sant Andreu, por que encontró una buena tarifa. Se separó de su pareja y mientras ahorra para comprar algo sola, ha optado por compartir vivienda estos años. Pero en las habitaciones que alquila "nunca hay suficiente espacio para guardar muchas cosas", o no quiere "dejar según qué", así que le da mucha "tranquilidad" tener su "cueva secreta", como llama al almacén. Le ha sido especialmente útil cuando ha dejado un piso y ha aprovechado para hacer algún viaje largo, "dejando todo en el trastero y sin más gastos", confiesa.
Pero no todo son usuarios, sino que también hay pequeños inversores que adquieren trasteros a particulares o en las pocas promociones que surgen de venta para alquilarlos. "La rentabilidad es mayor que con un párking, y evitas los riesgos que tiene hoy en día alquilar un piso", señala un propietario, que confiesa tener cinco pequeños espacios con los que redondea sus ingresos.
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