Viviendas más caras y pequeñas
El encarecimiento de la vivienda propulsa los trasteros en Barcelona: 119 nuevos centros en seis años
El año pasado se ganaron 28 recintos, que suelen ofrecer almacenaje de alquiler a partir de un metro cuadrado. Sant Andreu es el distrito con mayor expansión.
"El trastero ya es como otra habitación de casa", dice un usuario de Barcelona
La crisis de la vivienda y el teletrabajo aceleran el 'boom' del alquiler de trasteros en España

Usuarios retiran enseres de un trastero de Bluespace. / Zowy Voeten / EPC

En pocos años han pasado de albergar trastos de poco uso a convertirse en una extensión natural de pisos cada vez más pequeños. El mercado de los trasteros despegó en Barcelona hace más de una década de la mano de la crisis inmobiliaria que forzó muchas mudanzas, y ahora vive un nuevo auge espoleado por el precio disparado de la vivienda en la ciudad. Los barceloneses renuncian a metros cuadrados de hogar y ya no se permiten el lujo de una habitación dedicada a almacenar. Alivian esa falta de espacio con la creciente oferta del llamado 'self storage': desde 2020 el Ayuntamiento ha autorizado la apertura de 119 centros (hasta el pasado mayo) distribuidos por todos los distritos. En 2025 se concedieron 28 permisos, casi el triple que cinco años antes.
Los nuevos espacios gestionados por empresas especializadas suelen aglutinar desde decenas a miles de pequeños trasteros individuales en régimen de alquiler, que habitualmente parten de solo un metro cuadrado hasta incluso 20 m2 en centros urbanos, y de mayores dimensiones en ubicaciones periféricas. En España apenas tenían tradición, más allá de usos puntuales para mudanzas, pero su expansión ha sido constante en los últimos tres lustros, hasta alcanzar en torno a dos millones de metros cuadrados, según los últimos datos del informe 'European Self storage Industry Report 2025' de la patronal FEDESSA.
La cifra supone un 11,3% de la oferta en Europa, aunque todavía a distancia del mercado a la cabeza, Reino Unido. Barcelona y Madrid, son los epicentros de la actividad estatal, concentrando casi el 50%, dado que sufren la mayor presión inmobiliaria y la falta de vivienda.
De ese modo, se calcula que la capital catalana y su área metropolitana concentran alrededor de medio millón de m2 en centros dedicados a ese uso, más allá de los espacios privados que puedan albergar algunos bloques de viviendas en sus sótanos o como complemento a sus párkings. Según datos municipales, en 2020 se autorizaron 11 espacios, mientras que en 2021 fueron 15; en 2022, 19; un año más tarde, 16; en 2024 se llegó a 20, y el año pasado se alcanzó el récord de 28. Hasta mayo de este año han prosperado otra decena.
Sant Andreu a la cabeza
Todos los distritos han ganado almacenaje, aunque en distinta proporción. Por ejemplo, en todo ese tiempo Ciutat Vella solo ha sumado cuatro, por distintos motivos: muchos de sus espacios en planta baja tienen uso comercial o pequeñas dimensiones, y la movilidad es complicada. En cambio, a la cabeza se ha situado Sant Andreu con 19, seguido por los 17 de Sants-Montjuïc. El Eixample, Gràcia y Horta-Guinardó han incorporado en estos años 15 cada uno, mientras que el resto de distritos se han quedado a la mitad. En los puntos más céntricos la ocupación puede alcanzar el 95%.
Aunque se trata de un mercado fragmentado, algunas grandes empresas lideran el crecimiento de los últimos años. OhMyBox!, Bluespace, Necesito un trastero, Mister Traster, Homebox son algunas de ellas. Como características comunes, dotan a sus instalaciones de las máximas facilidades de acceso 24 horas, con cámaras de seguridad, seguros básicos para los bienes almacenados, en algunos casos acceso en coche al recinto para más comodidad.... Los precios varían mucho según la dimensión y la ubicación.
Parten de unos 50 euros por un minitrastero periférico que ronde un metro cuadrado de superficie y dos metros de altura. El precio del mismo espacio puede casi doblarse en zonas céntricas. Cotizan a entre 100 y 200 euros los almacenes de unos 3 m2, según la zona, con incrementos proporcionales a tamaños y emplazamientos. Los hay para todas las necesidades, de 5, 6, 7, 10, 20, 50 o 100 metros, incluso mayores en el área metropolitana. Son importes orientativos, ya que algunas empresas lanzan promociones para los primeros meses, o premian la fidelización. Un informe de la OCU subraya que la capital catalana junto con Madrid ostenta los precios más caros.

Un trastero de Bluespace en Barcelona. / Bluespace
La ubicación se ha consolidado como factor determinante en la factura. Por ejemplo, OhMyBox! (en el grupo Safestore desde 2019) dispone de ocho centros de trasteros en la ciudad y uno en Esplugues. Pero sus precios son mucho más asequibles en el recinto de la calle de Caracas (cerca de La Maquinista), que en sus instalaciones de Calàbria o València, en pleno Eixample. Su web ilustra con dibujos y comparativas lo que puede uno esperar de cada espacio contratable. Así, los de 1,5 m2 se asemejan a una cabina de teléfono y podrían guardar "el contenido de una habitación", mientras que los de 10 m2 equivaldrían a un garaje y asumirían las cajas y equipamiento de un piso de dos o tres habitaciones.
La firma de mayor implantación, Bluespace, con una docena de centros en la capital catalana y 23 en su área metropolitana, explica a este diario que observan "un crecimiento sostenido del interés por trasteros y almacenamiento en Barcelona y su área metropolitana", que "no responde a un único perfil de usuario, sino a una transformación más amplia en la forma de vivir, trabajar y utilizar el espacio en las grandes ciudades". Por ejemplo, el teletrabajo ha hecho que muchas personas pierdan una habitación de almacenaje en casa para poder montar un pequeño despacho, y hayan buscado donde dejar sus cosas fuera del domicilio.
Un portavoz de la empresa agrega que el uso va mucho más allá de las mudanzas, y alcanza a "familias que buscan liberar espacio en casa, personas que necesitan guardar muebles u objetos de uso estacional o jóvenes que se trasladan de vivienda". A los que hay que sumar "autónomos, emprendedores y pequeñas empresas que encuentran en el 'self-storage' una alternativa flexible para almacenar estoc, herramientas, documentación o material de trabajo", de los más pequeños a los de gran capacidad. En resumen, el trastero ya no es una solución temporal, sino que "en muchos casos es una extensión del hogar o del negocio", como respuesta al precio de la vivienda y a sus menores dimensiones, además de una mayor movilidad residencial.
Espacios más flexibles
Pese al crecimiento en Barcelona, en Bluespace defienden que el sector aún tiene recorrido por delante, ya que "más que una respuesta puntual a la falta de metros cuadrados, se está convirtiendo en una nueva forma de gestionar el espacio de manera más flexible y adaptada a las necesidades actuales".
La firma Necesito un trastero, con 90 centros en España y nueve en Barcelona, hace unos meses abrió tres en la ciudad (para cubrir las zonas de Sants-Eixample, Sarrià y Vall d'Hebron), con espacios de 2 a 5,5 m2. Y acaban de añadir una amplia instalación en la zona de Sagrada Família (València, 480), así como otras dos en Sant Cugat y Sabadell, con ofertas y precios desde los 45 euros mensuales. Su público abarca desde pymes a personas que necesitan guardar bicicletas, esquís o decoración navideña que ya no cabe en los armarios domésticos.

Un trastero en el barrio de Gràcia. / Zowy Voeten / EPC
También a domicilio
Otra modalidad más singular es la que ofrece la 'startup' Box2Box, especializada en almacenamiento digital a domicilio, que personaliza al máximo los servicios. Cuenta con unos 500 clientes activos en Barcelona --el 20% de su cartera, entre España, Portugal y México--, con un tamaño medio contratado de 4 m2, que incluye desde clientes que guardan un puñado de recuerdos a otros con "los enseres de una casa entera". Sant Gervasi-Gràcia, Poblenou y Les Corts-Sants son sus tres zonas más potentes de actuación.
Tras constatar que en general la mitad de usuarios de trasteros no vuelven a visitarlos en mucho tiempo tras almacenar sus cosas, y que solo un 30% acuden con regularidad, la empresa se propuso el reto logístico de trasladar las pertenencias de los domicilios o empresas a sus trasteros, para facilitar su uso, utilizando centros de almacenaje fuera de la ciudad para optimizar precios. De ese modo, gestionan el material digitalmente para facilitar su custodia y con el 'servicio a domicilio' ahorran desplazamientos al usuario. "El perfil habitual es un padre o madre de familia que va cambiando cajas con ropa de temporada o lo que necesita en cada momento", sin coste extra.
Relatan a este diario que la imposibilidad de la ciudad de crecer y la llegada continuada de población en los últimos años ha reajustado el acceso a la vivienda y sus precios, de manera que "la gente necesita más que nunca un sitio donde guardar sus cosas". Por ese motivo, en Catalunya la oferta general de trasteros en alquiler aumentó un 7,8% en un año. El verano es una época punta, añaden, cuando las mudanzas copan el 40% de su demanda, seguidas por un 25% que necesitan espacio doméstico, un 20% de clientes que hacen reformas en esta época del año y un 15% que afrontan traslados por motivos laborales o académicos.
Pocos trasteros en venta
En este enorme mercado de trasteros en alquiler, las opciones de compra suelen limitarse a particulares que venden trasteros en sótanos o bajos de viviendas, ya sin servicios como suministros y seguridad, o de reventa de alguna promoción puntual. En Idealista apenas hay unas 40 opciones en venta.
Sin embargo, hay al menos una sociedad inversora que entre sus actividades desarrolla la creación de centros de trasteros de venta, con los mismos servicios de limpieza y seguridad de otros espacios de alquiler. Por ejemplo, en el barrio de la Sagrada Família, donde quedan unas pocas unidades a partir de 11.500 euros por 3,3 metros cuadrados, informan. Preparan varias aperturas a corto plazo en municipios cercanos, dada la complejidad de dar con locales adecuados en la capital catalana, con un perfil de usuarios que van de vecinos necesitados de una estancia extra a corta distancia, a obreros que guardan herramientas, pasando por particulares que los adquieren para alquilarlos o revenderlos en unos años.
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