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El futuro de la central

El área de Barcelona se reta a que la basura que arde en la incineradora de Tersa se reduzca hasta un 75% en 2035

La estrategia del AMB plantea bajar las 360.000 toneladas de residuos que se autorizan quemar como máximo en la planta de Sant Adrià a 88.000 en el mejor de los casos, condicionado a que el reciclaje aumente

El AMB defiende a la incineradora de Sant Adrià ante su próximo juicio: “Tersa no contamina”

La incineradora de Tersa, en Sant Adrià de Besòs.

La incineradora de Tersa, en Sant Adrià de Besòs. / EL PERIÓDICO

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Jordi Ribalaygue

Jordi Ribalaygue

Barcelona
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Barcelona y su conurbación de 35 municipios generan en torno a 1,5 millones de toneladas de basura cada año. A grandes rasgos, el 40% de los desechos se reciclan, el 30% se transporta a los vertederos y el otro 30% se destina a valorización energética, es decir, se queman para producir energía en la incineradora de la empresa pública Tersa, en Sant Adrià de Besòs. Los porcentajes se desvían de los resultados que exige la Unión Europea, que reclama un 55% de recogida selectiva para este 2025, un 60% en 2030 y un 65% en 2035. También requiere que como mucho el 10% de los desperdicios se traslade a los basureros de aquí a nueve años.

Ante el incumplimiento de los objetivos, el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) ha trazado una estrategia para tratar de incrementar la reutilización de material que acaba en los contenedores y minimizar los desechos que no se reaprovechan, incluidos los que se envían a incinerar. En 2025, se calcinaron 320.591 toneladas en la central de Tersa, cuyos propietarios mayoritarios son el Ayuntamiento de Barcelona y el AMB. De la proyección que figura en la última versión fechada el pasado mayo de la ‘Estrategia metropolitana de infraestructuras de residuos municipales’, se desprende que el AMB aspira a que se reduzca el límite de 360.000 toneladas de basura que se autoriza que ardan como máximo cada año en la incineradora y que la cantidad que se manda a destruir a Sant Adrià baje hasta 88.000 toneladas en 2035 en el mejor de los supuestos.

El director de Acción Climática del AMB, Frederic Ximeno, define una disminución de ese calibre como un “horizonte aspiracional”. Remarca que queda supeditado a que, durante los próximos años, se creen las 14 nuevas plantas de recuperación y tratamiento de desechos que el plan del AMB concibe dentro de una inversión de 673 millones de euros, a compartir con la Generalitat y operadores privados. También se condiciona a que se extienda la recogida de residuos con contenedores inteligentes cerrados o el sistema puerta a puerta, acompañados de métodos de identificación y penalizaciones en caso de desatenderlos.

Barcelona y su conurbación generan en torno a 1,5 millones de toneladas de residuos al año y se calcinaron 320.591 toneladas en la incineradora en 2025

Meta ambiciosa

De darse un descenso como el que dibuja la hipótesis óptima del AMB, la cremación de desperdicios a las puertas de la capital se rebajaría hasta un 75,56% respecto al tope ahora vigente. A su vez, el área de Barcelona se ceñiría al mandato europeo respecto a los vertederos, arrojando no más de 146.000 toneladas por año en depósitos controlados.

“Es el objetivo, pero debemos tener todas las plantas operativas y asegurarnos que los 36 ayuntamientos, especialmente los centrales del área, estén haciendo recogidas eficientes, lo que ahora no está pasando”, observa Ximeno. Los métodos de retirada de residuos mediante identificación han generado controversia en algunos puntos, con lo que han visto limitada su extensión, pero el AMB confía en ellos para ajustarse a los parámetros de reciclaje que Bruselas ordena. De acuerdo a los datos de 2024, solo seis municipios superaban el 55% de recogida selectiva que la UE marca, todos ellos con sistemas de identificación implantados.

“El esfuerzo que se debe hacer para bajar a un 16% de resto es titánico”, admite el director de Acción Climática del AMB, Frederic Ximeno

El documento de la hoja de ruta que el AMB pretende desarrollar en poco menos de una década afirma que “busca reducir drásticamente” la fracción resto, que son los desperdicios que van al contenedor gris. En caso de materializar las estaciones de gestión de residuos que se propone y vencer reticencias para ampliar los métodos de recogida individualizada, la institución prevé que la entrada de basura en la incineradora del Besòs y los vertederos se desplome “hasta un 16% de la generación total de residuos municipales” en 2035.

“Tenemos que reducir drásticamente tanto la valorización como el vertedero”, explicita Ximeno. Admite que no es una meta nada sencilla de alcanzar. “El esfuerzo que se debe hacer para bajar a un 16% de resto es titánico”, define el responsable del AMB. “Requiere de un acuerdo, que los ciudadanos reciclen bien, que no se haga una batalla política de cada vez que se implanta un puerta a puerta… -enumera- Ya hay un acuerdo metropolitano, pero tienen que pasar cosas. Si hay un incremento de la recogida selectiva, habrá una reducción de la incineración”.

Objetivo fallido hasta ahora

Ximeno recuerda que el propósito de que decrezca la basura que quema en la incineradora de Tersa no es nuevo. El Programa Metropolitano de Prevención y Gestión de Recursos y Residuos Municipales 2019-2025 fijó que “se podría proceder a un cierre escalonado de la incineradora” de Sant Adrià y pasar de usar tres hornos crematorios a uno “en un escenario de crecimiento de la recogida selectiva de la fracción orgánica”. “Era en función del reciclaje, pero no se ha dado”, constata el cargo del AMB.

El AMB ya planteó un cierre escalonado de Tersa en un plan que venció en 2025, pero no se cumplieron los objetivos de reciclaje para hacerlo posible

A diferencia de los últimos años, ahora se trama un cambio estructural en la gestión de desechos, con el que se confía en que decaiga el material que se deposita en los contenedores grises. Por un lado, han de montarse dos grandes plantas de reutilización, una en una zona por determinar del Llobregat en 2028 y otra en la del Besòs en 2030. Por otro, deben ampliarse los llamados SCRAP, en que los fabricantes se hacen cargo de los residuos generados con los productos que han lanzado al mercado; de aquí a 2035, deben extenderse a los artículos de textil, calzado, muebles y ciertos plásticos de un solo uso.

“La estrategia plantea mucho trabajo al inicio de la cadena y la fracción resto tendría que ir cada vez con menos material”, pronostica Ximeno. A su vez, puntualiza que no es posible prescindir por completo de la incineradora. “El objetivo es reducir el tratamiento finalista pero, haciendo todo lo que debemos hacer, tendremos un tope de lo que llevamos al vertedero, por lo que todavía necesitaremos la incineración, aunque menos”, dice el responsable.

El debate sobre la incineradora de Tersa se ha intensificado a raíz del proceso judicial por un presunto delito medioambiental con riesgo para la salud y la reclamación del ayuntamiento de Sant Adrià para cerrar y trasladar la central. Ximeno no entra en dónde debe estar situada en el futuro. En cualquier caso, sostiene que la incineradora metropolitana no seguirá la previsión del plan de infraestructuras de gestión de residuos de la Generalitat, que cuenta con incrementar la combustión de residuos de un 20% a un 25% para compensar los cierres y la reducción de uso de los basureros.

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