Debate en auge
¿Fiestas abstemias? El coto al alcohol gana terreno en las fiestas de Gràcia para frenar el jolgorio nocturno
Una parte de las calles decoradas prescinde de barra de bebidas y el ayuntamiento vigila que los bares no instalen tiradores extra
Gràcia abre su fiesta mayor 2026 con ánimo conciliador y sin renunciar a la noche

Unos jóvenes de copeteo en las fiestas de Gràcia 2025 / JORDI OTIX / EPC
Las fiestas de Gràcia defienden la programación nocturna como parte de la identidad de la celebración, frente a las críticas de un grupo de vecinos a las molestias de madrugada. Pero en el seno de la organización hay opiniones contrapuestas sobre aspectos como el consumo de alcohol. Más allá de la voluntad compartida por vecinos, comercio e instituciones de obstaculizar el botellón de madrugada, la reflexión se extiende también a los puntos de venta. Media docena de calles consultadas por EL PERIÓDICO exponen su visión sobre ofrecer servicio de barra de bebidas o renunciar a esta fuente de ingresos.
En paralelo, el Ayuntamiento de Barcelona impone a los colmados y supermercados 24 horas del barrio una restricción horaria, por la que todo el año deben deben cerrar a las 23 horas como muy tarde. Por otro lado, el consistorio aplica por segundo año consecutivo un control proactivo en los bares de Gràcia para acabar con la instalación de barras y tiradores extra. Estos refuerzos han sido habituales durante décadas para hacer frente a la disparada demanda de consumiciones para llevar, un consumo callejero que está en el punto de mira por los residuos y ruidos que propicia.
Barras sí, barras no
Las 23 calles y plazas engalanadas este 2026 tienen cada una su estrategia para modular el ambiente y afluencia de público. Las actividades, horarios y temáticas decorativas elegidas ejercen de filtro natural. Y en los últimos años, también la existencia o no de una barra y el tipo de bebidas que venda.
Verdi y Travessia de Sant Antoni mantendrán la venta de alcohol en sus barras, que es una importante fuente de ingresos para financiar la decoración y programación. “Hacemos caja para poder pagar a los músicos y comprar el material necesario”, argumenta Cristina Murillo, de Travessia de Sant Antoni. “Si no lo vendemos nosotros, lo venderá otra calle”, defiende Susana Font, de Verdi.

Barra en la calle Verdi en las fiestas de Gràcia 2025 / Zowy Voeten / EPC
En un punto intermedio se encuentran calles que venden cerveza o tinto de verano pero no combinados más potentes o dosis XXL, como mojitos o calimochos. Es el caso de Puigmartí y Joan Blanques de Baix, que con ello tratan de filtrar un poco el público que les visita. En el otro extremo, Tordera y Fraternitat de Baix no disponen de barra y no venden ninguna bebida. Para Marta Salinas, de Tordera, no vender alcohol significa menos problemas: “Es una decisión ideológica y de conciencia, se trata de preguntarse cómo queremos que sea la fiesta”.
Inspecciones en los bares
El coto a las borracheras se extiende también a los negocios de restauración. El Ayuntamiento de Barcelona les permite abrir las terrazas tres horas más, pero mantiene por segundo año consecutivo la prohibición de instalar barras y tiradores adicionales en los bares de Gràcia durante la fiesta mayor. Portavoces del consistorio indican que, como pasó el verano anterior, se realizarán inspecciones para verificar que las instalaciones se correspondan estrictamente con la licencia de cada establecimiento. El objetivo, aseguran, es “hacer cumplir la normativa para garantizar una fiesta más cívica”.

Tirador auxiliar dentro del bar Raïm 1886 de la calle Siracusa de Gràcia, hace dos años / Raïm 1886
Como informó este diario, el veto indigna a muchos restauradores del barrio, que temen verse igualmente desbordados por la clientela y quedarse sin el pico de facturación que les ayuda a sobrellevar la temporada baja invernal. Simón Borràs, del bar Raïm, es el dueño de uno de los locales afectados el año pasado y mantiene firmemente su postura en contra de la restricción: “Los bares también somos el barrio; de hecho, estamos todo el año ofreciendo un servicio”.
Las comisiones de las calles no lo ven igual. “El Ayuntamiento solo hizo cumplir la normativa”, discrepa Martí Urgell, de la plaza de la Vila. Océane Apffel Font, de Verdi, añade que “no puede ser que nosotros acabemos de vender y los bares continúen”. En definitiva, el alcohol levanta pasiones, no solo entre los asistentes a la fiesta, sino también entre los propios protagonistas.
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