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Fenómeno histórico

El eclipse triplica los visitantes de los búnkers del Turó de la Rovira de Barcelona: "¿Lleno? No lo volveremos a vivir"

Barceloneses y turistas han presenciado la ocultación solar desde la cima del Carmel pese a la promoción oficial de Montjuïc como punto preferente de observación del fenómeno

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Ciudadanos observando el eclipse desde el Turó de la Rovira de Barcelona.

Ciudadanos observando el eclipse desde el Turó de la Rovira de Barcelona.

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Jordi Ribalaygue

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Barcelona
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Las colinas de uno de los barrios con las calles más empinadas de Barcelona, el Carmel, se han convertido en uno de los puntos de observación improvisados a los que una multitud ha acudido a contemplar el histórico eclipse al atardecer de este 12 de agosto para el recuerdo. Varios miles de aficionados, vecinos y turistas han coronado el Turó del Carmel -que se ha revelado como una magnífica azotea para disfrutar del cubrimiento parcial del Sol– y también han ascendido en tropel al Turó de la Rovira, a pesar del calor intenso. De hecho, el recinto de los búnkers -donde se trata de aplacar las molestias que los residentes sufren por la masificación de visitantes- ha pospuesto su cierre un par de horas, hasta pasadas las 21:30 h, para no desalojar la cima antes del apogeo del fenómeno astronómico.

Agentes cívicos habituales en el lugar y miembros de la Guardia Urbana han coincidido en que la afluencia casi se ha triplicado respecto a la habitual en la zona, que suele soportar un gran flujo de visitantes a diario: en torno al inicio del ocultamiento, sobre las 19:30 h, se ha estimado que más de 7.000 personas atestaban desde las laderas a la cumbre de las antiguas baterías antiaéreas, muchas más de las 2.000 o las 3.000 que acostumbran a congregarse al atardecer. No pocos han plantado su particular picnic, con comida y lata en mano, mientras la luz decrecía.

"Ha sido exagerado, pero no lo volveremos a vivir", decía un muchacho, extasiado tras la experiencia. En todo caso, se prevé otro eclipse parcial en 2027 (aunque el efecto visible desde Catalunya no será tan cautivador como el de hoy) y uno anular en 2028. "Hay mucha más aglomeración de lo normal, con el calor no suelen venir hasta más tarde, cuando cae el sol", ha explicado una agente, que vigilaba a unos jóvenes que habían trepado una reja para retratarse.

La Guardia Urbana anunció el martes que se desplegaría un dispositivo especial en distintos puntos de Barcelona, ante la previsión de concentraciones de curiosos por el alineamiento cósmico. Las zonas elevadas y los miradores eran uno de los objetivos manifiestos del operativo. Los agentes y los controles se han dejado ver en el acceso de la calle Gran Vista desde unas horas antes del acontecimiento, donde han regulado el paso de taxis y VTC. Antes de las 18:00 h, ya habían hecho desencochar a unos 20 vehículos de Cabify de visitantes que ascendían con idea de ver el cubrimiento solar. Poco antes de esa hora, habían detectado una multitud mayor de la habitual a pleno sol en la cúspide, donde se emplazaron la artillería que defendió a Barcelona de los bombardeos fascistas durante la Guerra Civil y las barracas que poblaron luego sus vestigios.

Control de Guardia Urbana en la calle Gran Vista, de ascenso a los búnkers del Turó de la Rovira, en Barcelona.

Control de Guardia Urbana en la calle Gran Vista, de ascenso a los búnkers del Turó de la Rovira, en Barcelona. / JR

Durante la tarde, el Consell Veïnal del Turó de la Rovira ha detectado colapsos de VTC que se desviaban por la calle Doctor Bové, en las inmediaciones de los accesos a los búnkers. "Es tremenda la cantidad de gente que sube, es como si fuera viernes o sábado", ha comparado María, una vecina de la calle Mülhberg, que se encamina a los búnkers y donde no han intermediado controles de tráfico. "Y luego tienen que bajar... Nos van a dar la noche, ya verás que hoy no nos dejarán dormir", sospechaba Juan Antonio, en el portal de casa. Pasadas las 20:30, una riada de personas ha descendido del monte para tomar el camino de regreso.

Locales y foráneos

La cumbre del Turó de la Rovira suele ser tomada por gente de paso en la ciudad; en cambio, los barceloneses se han mezclado con los turistas esta tarde. Gabriel, procedente de Brasil, se ha lamentado de no haber conseguido unas gafas para protegerse durante el eclipse. "Hemos ido a farmacias, a súpers, a un centro comercial... pero no había más", ha contado. Se ha quedado bajo la sombra de un árbol, a refugio del sol. "Espero que al menos se oscurezca", ha confiado. Su amiga, María, vive en Barcelona y esperaba toparse con aún más muchedumbre en la montaña. "Íbamos a ir a Montjuïc, pero no hemos encontrado gafas y yo no tengo intención de mirarlo, así que hemos venido a pasar el rato, por las vistas", ha precisado.

Personas concentradas en el Turó de la Rovira para contemplar el eclipse de Sol en Barcelona.

Personas concentradas en el Turó de la Rovira para contemplar el eclipse de Sol en Barcelona. / JR

Cintia y su madre, Nuria, residen en Madrid y el eclipse les ha cogido en Barcelona. Nuria ha señalado las playeras que calzaba para mostrar que nunca antes había estado en las baterías. "Es el punto que nos quedaba más cerca, es una subida un poco intensa", ha admitido Cintia. "Venimos por curiosidad, ¿es verdad que hay peligro también si se mira con gafas? ¿cómo me las tengo que poner?", ha preguntado su madre.

El Turó de la Rovira también les cae cerca de casa a Rubén y Jordi. "Quisimos ir a Montjuïc, pero las entradas estaban agotadas, así que hemos llegado pronto para coger buen sitio", ha comentado Rubén. Han disentido a la pregunta de si veían los búnkers demasiado saturados. "¿Lleno? Es normal que haya mucha gente, lo más seguro es que no lo volvamos a ver", ha concluido Jordi.

En el Turó del Carmel también se han reunido centenares de observadores. Justo enfrente del Tibidabo, quizá la vista era aún más privilegiada que en los búnkers. Es probable que por esa razón predominaran más los lugareños, que han subido monte a través, aunque también ha atraído a extranjeros de viaje en Barcelona. "Hacía años que no subía y temo caerme, la cuesta es difícil... Pero ha valido la pena", ha resuelto una vecina.

Observadores del eclipse en el Turó del Carmel, en Barcelona.

Observadores del eclipse en el Turó del Carmel, en Barcelona. / JR

Intervención esperada

El control policial de esta tarde no ha supuesto una sorpresa para los vecinos movilizados contra la degradación y los excesos en los búnkers. La Guardia Urbana ya anticipó la semana pasada a los miembros de las entidades que forman el Consell Veïnal del Turó de la Rovira que habría vigilancia policial ante la previsión de eventuales aglomeraciones y para evitar colapsos.

En los últimos meses, han proliferado de nuevo las quejas en las inmediaciones de los baterías por algunos altercados y los saltos habituales a la valla que rodea el histórico espacio por parte de quienes invaden la cumbre para hacer botellón y gozar de una panorámica de Barcelona fuera del horario de visitas. Tras años de protestas y reproches por la turistificación de la cima, algunas voces del movimiento vecinal reconocen que la patrulla de Guardia Urbana que permanece este agosto tras el cierre de los restos de los búnkers y hasta la una de la madrugada ha comenzado a resultar efectiva para atenuar ruidos y desmanes. Aun así, advierten que aún se cuela gente o remonta la ascensión al amanecer, incluidos desaprensivos que despiertan a algún que otro habitante del Carmel. A su vez, otros vecinos ponen el acento en que la suciedad sigue degradando la colina, un enclave castizo de la ciudad que ha vuelto a abarrotarse, esta vez por un hito para la posteridad.

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