Cruzada contra la "dejadez"
El barman del Raval que retira montones de basura en la calle de la Cera: “Lo hago para mantener el negocio abierto”
El dueño de una coctelería, que comparte el malestar con otros hosteleros de la zona, recoge él mismo los desechos que se acumulan en las inmediaciones del local y escolta a clientes para prevenir que la suciedad y los robos hundan a su establecimiento
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ZOWY VOETEN

Jeffrey oficia tras la barra del Never, la coctelería de autor de la que es propietario y que abrió hace dos años en la calle de la Cera, en el Raval. “Cogimos el local para que no se perdiera otro negocio y mantener la esencia, a ver si así ayudamos a arreglar el barrio”, comparte. Antes de servir combinados cada tarde, el barman suele ceñirse unos guantes, tira de un carro por el barrio y se aplica a una denodada rutina: desde hace un par de meses, él mismo se encarga de recoger bolsas de basura, desperdicios y bártulos que, con frecuencia, se amontonan sin miramientos al pie de los portales a la hora en que empieza a afluir público a esa zona de Ciutat Vella, en el casco histórico de Barcelona.
La resolución de Jeffrey es una advertencia y también una respuesta contra los síntomas de “dejadez” que observa en el Raval. “Casi cada día, cuando hay una montaña de suciedad, cojo el carro para retirar basura”, cuenta. Antes de arrancar la jornada, limpia los aledaños de su establecimiento y los de sus socios, en el mismo contorno, para desembarazarlos de desechos. Calcula que se requieren unos cuatro viajes hasta los contenedores de la plaza Pedró para deshacerse de suficiente basura y dejar la vía libre de estorbos.
“Lo hago para mantener el negocio abierto y concienciar, pero al rato vuelve a estar sucio... Es surrealista”, resopla. Topa con garrafas, colchones y cachivaches en plena calle. “A veces hay hasta armarios y neveras tiradas”, detalla.
El hostelero muestra fotografías y vídeos de los cúmulos de inmundicia que, explica, jalonan la calle de la Cera a menudo, sobre todo durante la tarde y hasta la noche. “Por aquí pasan nuestros clientes y es una vergüenza”, suelta. Advierte de que han aparecido cucarachas y ratas “grandes”, igual que una que corretea en una de sus grabaciones. También echa lejía en su tramo de calle para tratar de disolver el mal olor.

Jeffrey recogiendo unas garrafas abandonadas en la calle de la Cera, en Barcelona. / ZOWY VOETEN
Quejas frecuentes
Locales como el de Jeffrey y un restaurante vecino, el Cera 23, se han quejado al Ayuntamiento de Barcelona en los últimos meses. “Fuimos cinco locales de las calles de la Cera y de Botella a reclamar que las recogidas de basura no eran suficientes -comenta-. Se ha llegado a un nivel de suciedad exagerado, nunca habíamos estado tan mal como este último año”.
El dueño del bar cuenta que cinco locales se han unido para reclamar más recogidas de residuos al consistorio
El consistorio alega que unas obras entre las calles Riereta y Carretes impiden el paso de vehículos de limpieza de cierto tamaño, por lo que se ha reorganizado la operativa con unidades más pequeñas. Agrega que los servicios también “se pueden ver afectados en su rendimiento” por los reajustes de horario en verano, forzados para que el personal de la brigada no se exponga a las horas de más calor.

Basura acumulada en la calle de la Cera, en el barrio del Raval, en una noche reciente. / CEDIDA
El malestar de los restauradores de ese tramo de Ciutat Vella ha llevado a que responsables del servicio de limpieza se hayan comprometido en los últimos días con los establecimientos a incrementar la frecuencia con que se limpia en la calle de la Cera. El miércoles pasado, después de las siete de la tarde, un par de vehículos de limpieza merodeaban por el lugar y una camioneta de baldeo rociaba agua en un trecho de la vía. Los vecinos coincidían en que no es habitual ver ese tipo de labores a una hora tan temprana. Una trabajadora de la brigada reconocía que se han dado indicaciones para asear la travesía con más asiduidad. “Está sucia, pero no es por nuestra culpa, es de los vecinos que ensucian”, distinguió.
El diagnóstico no difiere con el de los residentes consultados, testigos de cómo siguen abandonándose residuos con impunidad en la calle a altas horas. Hocine culpa a vecinos con pocos escrúpulos. “Antes teníamos unos contenedores más cerca y, ahora, junto al portal hay mucha basura a las ocho o las nueve, y aún es más horrible más tarde”, describe.

Una trabajadora de la limpieza regando un tramo de la calle de la Cera, en Barcelona. / ZOWY VOETEN
El ayuntamiento recuerda que en el Raval tampoco se puede depositar basura fuera de los contenedores. Jeffrey no se corta en reprender a quienes sorprende lanzando una bolsa apenas se asoman por el portal de casa. Alguna vez logra que reconsideren su actitud. “Se solucionaría si se pusieran multas”, opina.
Robos por añadidura
El barman sostiene que la clientela ha decaído en ese flanco del Raval. “Ha bajado muchísimo por los robos, la delincuencia y la suciedad”, desgrana. “Antes, los restaurantes de aquí podían tener reservas con 130 o 140 personas y se hacían colas en la calle, porque estaba limpia... Estamos en la lucha, pero es difícil mantenerse”, manifiesta.
"El Raval tiene mucho patrimonio e historia, pero los problemas bloquean que mucha gente venga", opina Jeffrey
Jeffrey asegura que, en más de una ocasión, le han cancelado reservas amplias cuando los clientes han acudido a conocer el lugar. “Si la gente tiene que llegar saltando basura y cruzando ratas, acaba decidiendo que aquí no entra -interpreta-. Se van a la Barceloneta, a las playas, a calles anchas… ¿Quién va a entrar en un restaurante con 30 kilos de basura junto a la puerta?”.

Jeffrey tirando la basura recogida en la calle de la Cera en unos contenedores en el Raval, en Barcelona. / ZOWY VOETEN
Precisa que los turistas no abundan en su local, sino que sobre todo lo visitan barceloneses y oficinistas de los alrededores. En el bar de Jeffrey también se previene contra los hurtos: "Recomendamos a los clientes que, cuando están en la calle, guarden las cadenas, los relojes y las cámaras. Cuando vienen con un 'peluco' o con cadenas, los escoltamos hasta la ronda Sant Antoni para que tomen un taxi y no les roben. Acompañamos a un montón de gente, porque no queremos perder clientes ni obtener malas valoraciones".
El hostelero cree que, si quedase "limpio y reluciente", ese rincón del Raval se equipararía al Born. "Hay muy buena cocina y el barrio tiene mucho patrimonio e historia, pero los problemas bloquean que mucha gente venga", lamenta.
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