Temperaturas extremas
"Aquí estás media hora y te da algo": la cuarta ola de calor pone a prueba a los pasajeros del metro de Barcelona
EL PERIÓDICO visita dos estaciones que el año pasado acogieron una prueba piloto para aliviar las elevadas temperaturas en los andenes
Contexto | Dos estaciones del metro de Barcelona acogen una nueva prueba piloto para aliviar el calor crónico en los andenes
Calor en la estación de Plaza Catalunya de la L1 del metro de Barcelona, el 30 de julio de 2026 / Manu Mitru

Barcelona ha entrado esta semana en la que será la cuarta ola de calor del verano y, una vez más, las elevadas temperaturas en los andenes del metro han vuelto a ser la queja por excelencia en el transporte público subterráneo. Respondiendo al reclamo, TMB lleva años ensayando innovaciones técnicas para paliar la sensación de bochorno, sin haber encontrado por ahora ninguna solución eficaz. A diferencia de las líneas L9 y L10, que sí disfrutan de una climatización independiente, en las líneas convencionales el llamado 'efecto pistón' empuja el aire caliente de los túneles hacia las estaciones cada vez que pasa un tren.
TMB confirma a este verano no ha impulsado ningun nuevo experimento contra el calor. El último se llevó a cabo el año pasado, con una prueba piloto en las estaciones de Plaça Catalunya (L1) y en Plaça de Sants (L5) en la que unos tubos de refrigeración tratan de bajar la temperatura ambiental. Un año después siguen instalados. EL PERIÓDICO ha visitado ambas estaciones para conversar con sus usuarios.
Bajando las escaleras de la estación de Plaça Catalunya ya se divisan varios abanicos, que se han convertido en el único artilugio infalible en el suburbano ante las temperaturas extremas. Uno de ellos está en las manos de Eloisa, de 82 años, quien lleva muchos años escogiendo la línea roja para hacer el mismo trayecto: de Rocafort a Plaça Catalunya, y de Plaça Catalunya a Rocafort.
Mientras se va dando aire y espera a que llegue el metro, explica que el calor la desespera cada año. "Estamos agotados", reivindica rápidamente. "Y encima cada vez hay más gente, vayas a la hora que vayas siempre está lleno", critica. Con una tos que la acompaña como secuela permanente del covid, apunta que ella necesitaría tener una sensación de aire renovado para ir menos agobiada: "Las personas enfermas y la gente mayor sufrimos más el calor".

Eloisa, de 82 años, usuaria habitual del metro de Barcelona, el 30 de julio de 2026 / MANU MITRU
La estación plantea un extra de complejidad en materia de climatización al ser un intercambiador con Rodalies. Las vías de las dos redes están separadas por una pared llena de aberturas, por lo que el aire fluye entre ambos espacios, llenos además de muchas fuentes de calor, como los motores de los trenes, las escaleras mecánicas y otros equipamientos técnicos. En hora punta hay que sumarle también el calor corporal en las aglomeraciones de viajeros.
Aquí estás media hora y te da algo"
"Se está mejor en la calle que aquí abajo", comentan Fabiola y Mario, dos jóvenes de 22 años que se encuentran de vacaciones en la capital catalana. Entre quejas, proponen que la sensación de ahogamiento se podría minimizar con el uso de más ventiladores "porque no pasa nada de aire y el ambiente está muy cargado". Asimismo, la pareja asegura que la única ventilación que notan es cuando el metro llega o se va, cada 3 minutos: "Aquí estás media hora y te da algo", zanjan.

Fabiola y Mario, de 22 años, en la estación de metro L1 de plaza Catalunya, el 30 de julio de 2026 / MANU MITRU / EPC
Por el contrario, otros usuarios habituales como Miquel, de 84 años, sí notan una mejoría: "Algo de cambio sí que hay, lo que pasa es que ahora estamos en una épóca extraordinaria y justo este verano está siendo un poco atípico porque cada vez se nota más el cambio climático", justifica.
Sin embargo, "siempre se puede mejorar todo" y pone de ejemplo las averías de aires acondicionados dentro de los trenes. Según su experiencia, "este año prácticamente se han erradicado". Así pues, se tilda de optimista y confía en los futuros proyectos: "Estamos en vías de mejora", señala.

Miquel, de 84 años, usuario habitual del metro de Barcelona, el 30 de julio de 2026 / MANU MITRU
Plaça de Sants
Unas paradas más hacia el suroeste y saltando de línea, en Plaça de Sants la situación es similar. En la estación de la L5, algo menos concurrida, dos jóvenes italianas que visitan la ciudad, Alejandra y Elena, comparan la situación con su país: "Aquí hace demasiado calor, en Milán es impensable esto", exclaman. Señalan, coincidiendo con la queja de los pasajeros de Plaça Catalunya, que falta más aire y que el contraste entre la temperatura del andén y la del tren "es criminal".
Hace unos años era muchísimo peor, porque ni dentro de los trenes se estaba bien"
Sin embargo, mientras se abanican y buscan la botella de agua en su mochila, Júlia, una mujer de 40 años, se acerca y matiza la situación: "El calor es insoportable, sí. Pero hace unos años era muchísimo peor, ni dentro de los trenes se estaba bien. No sé cómo lo aguantábamos", comenta.
El efecto pistón, culpable
El gran culpable de que las líneas más concurridas (L1 y L5) sean precisamente las más calurosas es el llamado 'efecto pistón', el fenómeno por el cual el movimiento de los trenes empuja las masas de aire caliente hacia las estaciones. Es el principal motivo por el que no se puede climatizar de manera artificial los andenes: el aire frío saldría expulsado cada tres minutos con cada convoy.
Hoy por hoy, las estaciones más "frescas" de la red son las de las líneas L9 y L10 que ya se construyeron a gran profundidad con una infraestructura automatizada y fueron concebidas de inicio con andenes más eficientes y seguros. Lo más determinante para la temperatura es la barrera física entre túneles y estaciones, que permite que la ventilación de los dos espacios sea totalmente independiente y que los pasajeros, en vez de notar un flujo de aire cálido entrando con cada metro, únicamente perciban un pequeño temblor.
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