Alarma vecinal
Hasta 12 puntales en pisos de 42 metros cuadrados: tres desalojos avivan el temor a la aluminosis en el Besòs
Dos evacuaciones recientes ordenadas por los Bomberos inquietan en un bloque del barrio, en el que una familia no ha podido regresar desde que tuvo que marcharse en 2024 por riesgo de que el techo se hundiera
Cinco de cada diez edificios registran deficiencias graves en las inspecciones técnicas en Catalunya

Ahmed, en el centro, con su mujer y su hijo mayor, en el piso que han tenido que abandonar en el Besòs i el Maresme tras ser apuntalado. / MANU MITRU

Ahmed y ocho miembros de su familia compartían unos bajos de 42 metros cuadrados en un bloque afectado por aluminosis en la calle Catània del barrio del Besòs i el Maresme, en Barcelona, hasta que fueron evacuados el 12 de julio. Tuvieron que marcharse de urgencia, después de que los Bomberos descubrieran roturas en las vigas del techo y colocasen tres puntales en el comedor, dos en la cocina y cuatro en el baño para impedir que el forjado de la estrecha vivienda cediera. Nueve en total.
“Dieron 20 minutos a mi familia para que saliera con lo necesario”, comparte Ahmed, que paga 480 euros de alquiler. Afirma que ha sobrellevado algunas noches en la calle con su hijo mayor en las últimas semanas, hasta que los servicios sociales les concedieron plaza el pasado miércoles en la pensión del Poble-sec donde se cobijan la esposa de Ahmed, tres menores y una anciana en silla de ruedas.
No son los únicos vecinos que han tenido que dejar el piso, repleto de soportes para evitar desmoronamientos. Ese riesgo constatado por los Bomberos de Barcelona ha vaciado tres hogares en el mismo edificio del Besòs. Una familia de tres componentes se vio obligada a abandonar el domicilio de su propiedad en noviembre de 2024, sin que todavía haya podido regresar. Ahora se suman otros dos desalojos en el inmueble, cuyo sótano está apuntalado. A lo largo de los últimos años, se ha reforzado el techo de otras viviendas de dos comunidades afectadas en el bloque. Corresponden a los números 6 y 10 de la calle Catània, en uno de los entornos más pobres de la capital.

Ahmed observa el techo del lavabo apuntalado del domicilio del que ha sido desalojado en el Besòs i el Maresme, en Barcelona. / MANU MITRU
Ambas escaleras están clasificadas con nivel de prioridad uno de intervención por deficiencias graves en la estructura. Así figura en los informes del plan de regeneración urbana del Besòs i el Maresme, proyectado desde 2020 con el compromiso de inyectar fondos públicos para atajar la aluminosis y otras patologías estructurales extendidas en el barrio, donde el inestable cemento aluminoso está presente en una treintena de escaleras y en una cincuentena permanecen instaladas medidas de protección frente a desprendimientos. El ayuntamiento ha incluido la finca de la calle Catània junto a seis más en un área de conservación y rehabilitación, aprobada en junio pasado. No se conocen por ahora fechas para acometer los arreglos que reviertan el mal estado del bloque.
Goteras dañinas
Juanjo vivía solo en la primera planta del número 10, justo encima de Ahmed. Unas goteras le llevaron a llamar a los bomberos el 12 de julio. “Llevamos mucho tiempo que cae agua -explica-. Arrancaron parte del techo para tocar las vigas y vieron que estaban muy humedecidas”. Juanjo es dueño del piso y tuvo que irse ante la amenaza de las “humedades significativas y la afectación estructural” que los bomberos comprobaron en tres viviendas de la escalera, presuntamente a causa de una bajante averiada, según consta en el informe de actuación del cuerpo.

Juanjo, en el salón de su casa, que ha tenido que abandonar tras apuntalarse. / MANU MITRU
Los bomberos pusieron 12 puntales repartidos entre el comedor, la cocina y el lavabo del domicilio de Juanjo para tender un “afianzamiento estructural del edificio ante los daños observados en elementos de soporte”, figura en el dictamen. El documento añade que “la habitabilidad de las viviendas apuntaladas ha quedado gravemente alterada”. “Esperaba que pusieran puntales, no que tuviera que marcharme”, confiesa el afectado, que se ha mudado al domicilio de su hija.
Los bomberos también examinaron el piso de la segunda planta en el que reside Paquita, que rebasa los 90 años. Detectaron menoscabos, si bien no se requirió afianzar la vivienda ni trasladar a la anciana, que vive sola. “No me da miedo, pero sí respeto, y mis nietas quieren que me vaya con ellas”, cuenta.

Paquita, en su domicilio afectado por humedades en el Besòs i el Maresme. / MANU MITRU
Las marcas de moho acribillan las paredes de Paquita, que se duele al evocar las veces en que la humedad ha rezumado hasta tumbar los armarios destrozando las vajillas que guardaban: “Eran recuerdos de mi vida. Pongo cubos porque gotea, cae agua en la cocina, el baño y la habitación pequeña, hay días que parece que me llueva encima. Esto era una casa y ahora parece el Somorrostro. Vivo como puedo”.
Ni Ahmed ni Juanjo saben cuándo podrán regresar a casa, donde la humedad desconcha las paredes y hace saltar la pintura. El precedente no es alentador: Juana y su marido se guarecen en una pensión de un municipio colindante a Barcelona desde que los bomberos los evacuaron de los bajos del número 6 hace casi dos años. “No se ha hecho ninguna reforma y no tenemos fecha para volver”, lamenta Juana. “Pensábamos que volveríamos en tres o cuatro meses -reconoce Juana-. La casa está en ruinas: cuando vamos, nos asomamos y no entramos mucho, se está rajando más y las grietas en el techo se ven más”.

Juanjo señala el deterioro del techo de la cocina apuntalada de su piso en el Besòs i el Maresme. / MANU MITRU
“Vivimos con miedo”
Los vecinos de la finca urgen soluciones ante el peligro que sienten avivado tras las recientes salidas forzadas. “Vivimos con miedo”, admite Manuel, que convive con su familia en unos bajos por los que abonan 500 euros de hipoteca al mes. “Bajo el suelo de casa, hay puntales desde hace 25 años, pero no hacen nada ni los revisan. Si le pasara algo a mi hija o mi nieta, ¿me debo quedar de brazos cruzados? ¿Se esperan a que mueran personas?”, plantea.
El ayuntamiento asegura que, a raíz de una inspección en 2022 y el primer desalojo en 2024, una empresa revisa las medidas cada seis meses o un año. Añade que el bloque no ha suscrito un convenio con el consistorio para que sea remodelado. "Así se incentiva que cada comunidad rehabilite su edificio, ya que el deber de conservación es una obligación de los vecinos", alega.

Marcas de humedad en una vivienda del bloque afectado por aluminosis en el Besòs i el Maresme, en Barcelona. / MANU MITRU
Los habitantes replican que han presentado numerosas reclamaciones. “Cada dos o tres meses, hemos presentado al ayuntamiento requerimientos para solicitar ayuda para la rehabilitación de nuestro edificio, debido a las condiciones nefastas en las que se encuentra”, comenta Pilar. Dice que solo les ofrecieron optar a las subvenciones de los fondos europeos Next Generation, mediante una fórmula que ha topado con la extrema vulnerabilidad de la zona. “Era autogestión, es decir, nos teníamos que buscar la vida y contratar a técnicos y realizar todas las gestiones documentales -recalca Pilar-. De todas formas, hemos redactado el proyecto de rehabilitación con un arquitecto, pero continuar los trámites era prácticamente imposible debido a la dificultad de gestión y los tiempos tan ajustados para acceder a las ayudas".
“Hemos ido muchas veces y no obtenemos respuesta”, expresa Rafael, otro vecino, que reconoce que existe inquietud por que más pisos deban deshabitarse por el deterioro del inmueble. “La administración no tiene un planteamiento para el edificio, aun sabiendo lo que hay, y no tenía una alternativa preparada para los desalojos cuando ya había habido uno”, reprocha Teresa Pardo, de la asociación de vecinos SOS Besòs/Maresme.
Promesa de 415 millones de euros para desbloquear una operación a gran escala
La campaña de reparaciones en uno de los lugares más depauperados de Barcelona requiere de financiación y ayudas públicas para sortear la incapacidad económica de comunidades y residentes. La Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona han prometido 415 millones de euros durante la próxima década para desbloquear la reforma a gran escala, que el alcalde Jaume Collboni ha reconocido que presenta un balance insuficiente por ahora. Se estima que 4.000 pisos del Besòs i el Maresme necesitan rehabilitación. Hasta mayo pasado, solo se habían acabado de adecuar 24 domicilios y otros 192 estaban en obras en el vecindario, seis años después de que la operación se anunciara.
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