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Diseño de proximidad

B de Barcelona, el oasis de "souvenirs bonitos" y locales a los pies de la Sagrada Família

Una tienda de la avenida Gaudí desafía la moda de los recuerdos turísticos de mal gusto con objetos que hablan de la ciudad y de quien la habita

Barcelona dibuja el futuro de su comercio de proximidad

Maite Guillén, propietaria de la tienda de souvenirs locales y de diseño 'B de Barcelona'

Maite Guillén, propietaria de la tienda de souvenirs locales y de diseño 'B de Barcelona' / Zowy Voeten

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Andrea Gabarró López

Barcelona
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A medio camino de la Sagrada Família y el recinto modernista de Sant Pau hay una isla. Metafórica, claro. Es B de Barcelona, una tienda de souvenirs diferentes y locales, que gustan a turistas, a recién llegados y a barceloneses de toda la vida. Detrás de esta excepción comercial hay Maite Guillén, de 54 años, vecina del barrio durante décadas y antigua mano derecha de un despacho de arquitectura y diseño de referencia en Barcelona.

Durante casi veinte años trabajó al lado del arquitecto Juli Capella, gestionando prensa, libros, exposiciones y conferencias, en un ecosistema creativo donde arquitectura y ciudad iban siempre de la mano. Desde allí empezó a mirar Barcelona con otros ojos. Cada día, camino del despacho, Guillén atravesaba la avenida Gaudí. Entonces no había todavía una alfombra de tiendas de souvenirs, ni siquiera el antiguo hospital modernista estaba abierto al público, pero sí muchos rastros materiales de la ciudad que le fascinaban: cerámicas, joyas, piezas de diseñadores y arquitectos que transformaban pavimentos y fachadas en objetos cotidianos. La idea de una tienda diferente empezó a tomar forma en aquellos trayectos.

La última crisis inmobiliaria acabó por cerrar la etapa de despacho, poniendo fin a casi dos décadas de trabajo. Y abrió una puerta inesperada. Vivía entonces en la calle Castillejos, a pocos metros de la avenida Gaudí, y decidió que era el momento de convertir esa mirada sobre Barcelona en un negocio propio: una boutique de “souvenirs bonitos”, cuidados, arraigados.

En abril de 2015 abrió B de Barcelona en un local mínimo, de solo 16 metros cuadrados, que funcionó casi como laboratorio. Allí empezó a probar piezas de ceramistas, ilustradores, arquitectos que hacen joyería, artesanos del barrio y de toda la ciudad. Siempre con una condición: que el producto estuviera diseñado y producido en Barcelona o desde Barcelona. Una premisa que, con el tiempo, se convirtió en el corazón del proyecto.

Maite Guillén, propietaria de la tienda de souvenirs locales y de diseño 'B de Barcelona'

Maite Guillén, propietaria de la tienda de souvenirs locales y de diseño 'B de Barcelona' / Zowy Voeten

Hoy la tienda ocupa un local de unos 70 metros cuadrados en la misma avenida con un surtido que ha crecido tanto como la afluencia de turistas hacia la Sagrada Família y Sant Pau. Sigue siendo la única trabajadora de la empresa, que registra una facturación anual en torno a los 120.000 euros. Una cifra que permite sostener el proyecto pero obliga a vigilar cada decisión, advierte.

El 95% de lo que se vende tiene diseño y producción local, y una parte importante incorpora materiales reciclados, procesos sostenibles, economía circular y criterios de comercio justo. No comercializa nada que no tendría en casa ella misma, presume. La apuesta 'eco' se redobló con una segunda tienda en el Born, abierta en septiembre de 2020, centrada íntegramente en proyectos de reciclaje creativo, que tuvo que cerrar al cabo de un año por la dura resaca de la pandemia.

El panot de flor: el gran protagonista

Según relata la emprendedora, el panot de la flor, pavimento icónico de las aceras barcelonesas, es el gran protagonista comercial. En B de Barcelona puede verse en pendientes, pulseras, posavasos, velas, imanes cerámicos, piezas de madera recuperada o vidrio reciclado... Guillén incluso lo lleva tatuado en la piel. Sin embargo, admite que siente debilidad por el pavimento hidráulico original. Esos suelos antiguos de pisos y comercios “son piezas únicas, con 80 o 90 años de historia, que devuelven a la superficie fragmentos de la Barcelona doméstica”, señala.

Además, con el tiempo ha desarrollado sus propios diseños, por ejemplo, una línea de objetos que aprovecha la merma de grandes impresiones 3D: restos de parachoques o piezas industriales, bien triturados, pueden transformarse en placas de plástico con aspecto de piedra, a las que encaja detalles en plata. También ha diseñado vasos de vidrio reciclado y camisetas de colores vivos inspiradas en la trama urbana y producidas junto a pequeñas empresas locales.

El vecino también puede ser cliente

La clientela es mixta: 70% de visitantes y 30% de compradores locales. En Navidad la tienda se llena de vecinos que buscan regalos con historia: baldosas recuperadas de viejos pavimentos, piezas de cerámica pintada a mano, calcetines diseñados por arquitectos, pequeños objetos que condensen la ciudad. “No són pongos”, resume Guillén, son fragmentos de Barcelona que la gente se quiere llevar porque forman parte de su identidad.

Maite Guillén, propietaria de la tienda de souvenirs locales y de diseño 'B de Barcelona'

El panot, la estrella de la tienda de souvenirs locales y de diseño 'B de Barcelona' / Zowy Voeten

El turista que entra en B de Barcelona suele saber lo que busca. La tienda aparece en guías internacionales y en varias publicaciones. Así, desde lectores franceses hasta japoneses que acuden con la página marcada y esperan encontrar el objeto exacto que la reseña les prometió. En paralelo, la relación con el entorno se ha vuelto más compleja. La avenida Gaudí ha visto cómo cerraban comercios de toda la vida y se multiplicaban franquicias de restauración y tiendas de souvenirs de baja calidad, muchas de ellas sin un solo cartel en catalán. La propietaria se siente una de las pocas supervivientes de comercio local en el primer tramo del paseo y lamenta unas normativas municipales que, a su juicio, penalizan al pequeño comercio.

B de Barcelona recibió en sus inicios el reconocimiento de “comercio innovador” y forma parte de programas como Unique Shops impulsados por la Generalitat, que destacan propuestas singulares dentro del mapa comercial de la ciudad. Para la empresaria, la innovación no está en la última tecnología, sino en el cariño detrás de un diseño y producción local en un entorno hiperturístico. “La autenticidad se vuelve cada vez más difícil de encontrar”, lamenta. El futuro de B de Barcelona no pasa por abrir más tiendas ni por convertir la marca en franquicia. La propietaria imagina el día de su jubilación dentro del mismo local, rodeada de panots, pavimentos y colores.

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