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Ambiente mundialista

Los argentinos en Barcelona se conjuran en el 'banderazo' previo a la final: "En esta ciudad me siento como en casa"

Argentinos residentes en la capital catalana se reúnen para compartir las horas previas a una final que, en muchos casos, les ha permitido "reconectar" con su país

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Guillem Costa

Barcelona
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Ya hace semanas que las camisetas albicelestes tratan de competir con las de la selección española por las calles de Barcelona. Sin embargo, durante la víspera de la final, la numerosa comunidad argentina de la ciudad ha convertido playas, bares y plazas en el escenario de la conjura previa al gran partido.

A última hora de la tarde, los aficionados se reúnen en la playa del Bogatell para celebrar el tradicional "banderazo". "Esta hinchada loca deja todo por la copa; la que tiene a Messi y Maradona", suena a ritmo de cumbia por las calles de la ciudad.

Joaquin, Ezequiel y Sebastian, seguidores argentinos, esperando la final de mañana

Joaquin, Ezequiel y Sebastian, seguidores argentinos, esperando la final de mañana / Marc Asensio

"Nosotros, antes, hemos paseado por la ciudad y hemos ido a tomar algo para ir pensando en lo que se viene mañana", explica Ezequiel Seibel, un joven de Santa Fe, en conversación con este diario. "Después, buscaremos un bar para ver el Francia-Inglaterra, el partido de los perdedores, y veremos cómo se da la noche", añade. Llegó a Barcelona en enero. Antes vivía en Praga, pero se mudó por el trabajo (una empresa de videojuegos) y también por la cercanía cultural que encontró en la capital catalana: "Aquí me costó poco encontrar gente y enseguida me sentí como en casa".

Seibel, que intenta aprender catalán –"poc a poc", dice–, confiesa que ser un 'expat' en la ciudad es relativamente cómodo. "No extraño mucho mi tierra porque tengo casi todo lo que tenía allí y el estilo de vida es muy similar", asegura. Para el campeonato del mundo, se ha teñido el pelo con una franja amarilla como la que llevó Maradona en 1995, después de ser suspendido por dopaje en el mundial de 1994.

Rutina de partido

Durante la final, se reunirán, "como mínimo", seis amigos en el mismo piso, de una amiga, en la que han visto todas las eliminatorias. "No tenemos muchas cábalas, pero sí repetimos la ropa y ni nos planteamos cambiar de lugar para ver el partido, pese a que hay varios eventos montados en Barcelona para vivirlo con otros argentinos", sostiene Seibel.

No obstante, este sábado ha llegado desde Eindhoven una nueva incorporación al grupo, Sebastián Bazelmans, original de Córdoba que también trabaja en el sector de los videojuegos. "Vivo en Países Bajos, pero sentía que tenía que venir a Barcelona para ver la final con ellos; va a ser brutal", precisa.

Seguidores argentinos en la playa del Bogatell anuman su afición para la final de mañana

Seguidores argentinos en la playa del Bogatell anuman su afición para la final de mañana / Marc Asensio Clupés

¿Por qué? Principalmente, por dos motivos: "En primer lugar, porque aquí tengo a muchos amigos; y segundo, porque siento que Barcelona tiene una especie de segunda representación argentina, es como un segundo hogar para nosotros". Esto último no lo dice solo por la gran comunidad de compatriotas, sino también por la relación de Messi con la ciudad.

"La final de Catar la viví en Eindhoven y fue muy emocionante", recuerda Bazelmans. La experiencia, afirma, le permitió recuperar un vínculo que se había ido debilitando. "Estaba un poco distanciado de la cultura argentina y el Mundial me sirvió para reconectar", señala. Aun así, confía que esta vez, en Barcelona, la experiencia sea todavía mejor.

Una pequeña Buenos Aires

Seibel, en cambio, la final que ganó Argentina contra Francia, la pudo disfrutar en Buenos Aires. "Son estas cosas que tu familia te dice que vas a recordar durante toda la vida, como el nacimiento de un hijo o tu boda; y no tengo dudas de que así va a ser", admite. "Es imborrable la celebración en el Obelisco, pero también tengo marcado el día antes: la gente cantaba en el transporte público y todo estaba atravesado por la final del mundo", rememora.

En Barcelona, la expectativa tal vez no se percibe con la misma intensidad, pero sí hay sensación de que se acerca un gran día. "No se vive como en Buenos Aires, pero hay mucha gente con camisetas y por la calle nos alentamos los unos a los otros", relata.

Aficionados argentinos el día antes de la final del Mundial 2026 entre Argentina y España. Barcelona. 18/07/2026. Deportes. AUTOR: Marc Asensio

Aficionados argentinos el día antes de la final del Mundial 2026 entre Argentina y España. Barcelona. 18/07/2026. Deportes. AUTOR: Marc Asensio / Marc Asensio Clupes / EPC

Después del banderazo, la ansiedad y el ambiente pueden complicar el sueño, reconocen ambos. Pero Bazelmans asegura que los nervios son incomparables con los de antes de enfrentarse a Inglaterra. "Ahora ya no sentimos presión, estamos orgullosos, tenemos a Messi y claro que hay opciones de ganar, pero lo que realmente era importante era vencer contra los ingleses", expone aliviado. Los dos consideran que España dispone de un "equipazo" y creen que será un partido igualado.

Futuro en Barcelona

Bazelmans, además, si el conjunto de Scaloni se lleva el trofeo –y si no, tal vez también–, se plantea que su relación con Barcelona vaya más allá de esta final: "Estoy pensando en venir a vivir a la ciudad". Su vínculo con Catalunya, en parte, nació gracias a Pau, un amigo catalán con quien dice haber construido una relación basada, entre otras cosas, en el intercambio cultural. "Siempre que he venido me he sentido muy bien recibido, e incluso cómodo con el catalán", explica. Su pareja es Portuguesa y, cuando se encuentran los tres, juegan a mantener la lengua materna (catalán, español y portugués) de cada uno durante las conversaciones.

Pero antes de tomar la decisión, hay que ver la final, con este sentimiento similar al de "estar en casa". Y, si se puede, coinciden Bazelmans y Seibel, ganarla, aunque sea contra España, gritándola desde Barcelona y celebrándola en Arc de Triomf.

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