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Los parques urbanos en olas de calor: cierre preventivo en Madrid, refugio climático en Barcelona

Los ayuntamientos de las dos capitales entienden de forma antagónica la relación entre zonas verdes y calor

MULTIMEDIA | Qué hacer en Barcelona este verano sin asarte de calor

Puertas cerradas en el parque del Retiro de Madrid, en una imagen de 2020

Puertas cerradas en el parque del Retiro de Madrid, en una imagen de 2020 / DAVID CASTRO / Delegaciones

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Meritxell M. Pauné

Meritxell M. Pauné

Barcelona
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El calor aprieta este verano por encima de la media histórica y se deja notar de forma especialmente sofocante en las grandes ciudades, donde el efecto invernadero del asfalto agrava el bochorno natural. Ante los termómetros disparados y en plenas vacaciones escolares, los parques urbanos ganan protagonismo como espacios abiertos para un ocio algo más fresco que los interiores sin aire acondicionado.

Visitantes y vecinos descansan a la sombra de los árboles y de las glorietas del parque de la Ciutadella para resguardarse de las altas temperaturas este junio

Visitantes y vecinos descansan a la sombra de los árboles y de las glorietas del parque de la Ciutadella para resguardarse de las altas temperaturas este junio / MANU MITRU / EPC

El arbolado ofrece sombra y reposo, aunque su estabilidad también está expuesta a los rigores meteorológicos. Ha habido accidentes estivales por caídas de ramas o de ejemplares enteros tanto en Barcelona como en Madrid, en especial en años muy secos. En esta dualidad reside la distinta concepción de los ayuntamientos de Barcelona y Madrid, que han optado por políticas totalmente antagónicas respecto a sus zonas verdes durante las olas de calor.

Barcelona promueve sus parques y jardines como espacios frescos: son parte esencial de la red de refugios climáticos de la ciudad y la del área metropolitana. En cambio, Madrid cierra sus pulmones verdes más emblemáticos, con especial foco en El Retiro, para prevenir accidentes causados por meteorología adversa.

Madrid corrige su postura

Tras dos tragedias mortales, la capital española aprobó en 2019 un protocolo que introducía la clausura preventiva del parque del Retiro. En junio 2014 había fallecido un hombre de 38 años al caerle un árbol en el Retiro y en marzo de 2018, un niño de solo cuatro años por la misma causa. Ese mismo verano se creó una unidad especial de vigilancia, llamada, Servicio de Evaluación y Revisión Verde (SERVER), y al año siguiente llegó la normativa, que se extendió a más jardines.

A diferencia de la amplia aceptación de la medida ante temporales de frío, los cierres veraniegos han recibido duras críticas ciudadanas en los últimos años. Hace un mes el gobierno de José Luis Martínez-Almeida aprobó un nuevo protocolo que reduce las clausuras sin erradicarlas. El ayuntamiento argumentó que había realizado “un análisis exhaustivo de ciencia y de los datos estadísticos sobre las incidencias de caída de ramas y árboles en el Retiro” desde 2014 hasta 2025 y que había “detectado una menor influencia de la temperatura máxima y la humedad del suelo en la sucesión de incidencias en alerta naranja y roja respecto al protocolo de 2019”.

Puertas cerradas en el parque del Retiro de Madrid, en una imagen de 2020

Puertas cerradas en el parque del Retiro de Madrid, en una imagen de 2020 / DAVID CASTRO / Delegaciones

Dicho llanamente, ha llegado a la conclusión que la mayor amenaza es el viento invernal. Por ello, el ‘Protocolo 2026’ rebaja 5 km/h el umbral de las ráfagas de viento de las alertas amarilla, naranja y roja cuando las temperaturas son superiores a 35º. Ya solo se cerrará al superar los 60 km/h en los meses de calor y los 65 en los fríos. El Retiro recibe 20 millones de visitantes al año y, según el ejecutivo de Almeida, solo lo ha cerrado “un 1% del tiempo” entre 2020 y 2025 a causa de unas alertas rojas que provocaron el 38% de las caídas de ramas y árboles registradas.

El resto de zonas verdes las divide en tres grupos. Cinco parques históricos (El Capricho, Fuente del Berro, Quinta de Torre Arias y Quinta de los Molinos y la Rosaleda del parque del Oeste) cerrarán por completo en alerta roja al contar con arbolado “análogo” al del Retiro, mientras que otros tres más jóvenes (Juan Carlos I, el Juan Pablo II y el parque Lineal del Manzanares) “nunca llegarían a cerrarse”. Finalmente, Madrid Río, la Casa del Campo y el parque del Oeste y la dehesa de la Villa solo cerrarán ámbitos concretos, como zonas infantiles y deportivas.

Barcelona y los refugios

La ciudad de Barcelona también ha vivido crisis con su arbolado, aunque no por la combinación de temperatura y viento, sino por el estrés hídrico severo que generó la larga sequía de 2021 a 2024. La más clara fue la que suscitó la muerte de una joven, Shamira, al caerle encima una palmera datilera en una plaza del Raval en agosto de 2023. Tres años antes la caída de otro ejemplar de esta especie en el parque de la Ciutadella mató a un hombre de 41 años e hirió a una mujer de 27.

Turistas paseando al lado de los agujeros vacíos en la plaza Real donde había ocho palmeras que se talaron en 2023

Turistas paseando al lado de los agujeros vacíos en la plaza Real donde había ocho palmeras que se talaron en 2023 / ZOWY VOETEN / EPC

El consistorio emprendió una revisión exhaustiva de todas las palmeras datileras en las calles de la ciudad, donde ya no se plantaba desde 2014. Llegó a talar hasta 540 ejemplares. Aunque era claramente el árbol que presentaba más riesgo de caídas, ese verano se desplomaron también árboles de otras especies, más de una docena en agosto y lo mismo en septiembre. Como explicó EL PERIÓDICO, cayeron 93 entre febrero y octubre de 2023, meses álgidos de sequía, si bien una de cada cinco caídas no se pudo atribuir a ninguna causa clara.

Con todo, Barcelona nunca se ha planteado cerrar los parques por olas de calor y los considera "un elemento clave para hacer frente al cambio climático, que ayuda a refrescar el espacio público". "Regulan la temperatura, favorecen la infiltración y retención de agua, mejoran la biodiversidad y filtran contaminantes atmosféricos", reivindican portavoces municipales. Una cincuentena de los 561 refugios climáticos censados en la ciudad son parques y jardines, es decir, una décima parte. Deben tener al menos media hectárea de superficie, bancos y fuentes. Este año la mayoría se han señalizado con un cartel en la entrada y planos de sus zonas más frescas. También son refugio algunos interiores de manzana y patios de escuelas. En la red de refugios metropolitana la proporción de parques es aún mayor: 110 de 316, un tercio.

Ambas redes cuentan con espacios muy variopintos, desde bibliotecas hasta museos, piscinas o iglesias. Las críticas si acaso surgen por otros factores, como horarios incoherentes -algunos refugios cierran en agosto-, entrada de pago -como en las piscinas- o dimensiones insuficientes de algunas tiendas adheridas. Pero el poder del verde en verano no se discute: "Desde el punto de vista social, los parques y jardines de la ciudad ofrecen bienestar y calidad de vida, ya que mejoran el bienestar emocional y fomentan la actividad física", remacha el consistorio.

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