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Carretera de les Aigües

Botellones, colillas e incivismo exponen Collserola a incendios: conductas de riesgo en la zona cerrada por peste porcina

Residentes en la zona adyacente al parque natural piden más presencia policial para cumplir la restricción de acceso por la peste porcina

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Laura, vecina de la Carretera de les Aigües, muestra restos de un botellón a 350 metros de su casa, y a poca distancia del parque natural de Collserola.

Laura, vecina de la Carretera de les Aigües, muestra restos de un botellón a 350 metros de su casa, y a poca distancia del parque natural de Collserola. / MANU MITRU / EPC

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Toni Sust

Toni Sust

Barcelona
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Lo primero que hace Laura cada día cuando sale de su casa, en la Carretera de les Aigües, es comprobar cuántas colillas han aparecido en la calle, en la acera que está frente a la entrada de su vivienda. Porque, dice, siempre encuentra varias, pese a que ni ella ni sus vecinos fuman. “Cada día los cojo”. Para poder comprobar al día siguiente si hay nuevos. No es lo único que le pasa. De forma “frecuente” se encuentra a gente joven que sube a su azotea para ver cómo sale el sol sobre Barcelona. Como ella duerme en el piso de arriba, los escucha perfectamente: “Causa cierta impresión. Les digo por favor que se marchen”.

Las colillas no son lo único que inquieta a los vecinos. También les preocupan los botellones -dicen que suelen ser prácticamente diarios, de miércoles a domingo desde que acabó el curso escolar- y la presencia de gente en el parque natural de Collserola, que empieza a unos metros de las viviendas, y que ahora mismo es ilegal por la peste porcina. Todo ello, en el actual contexto de altas temperaturas y riesgo de incendio, ha elevado el temor de esos vecinos que el fuego prenda en Collserola.

Zona de la carretera de les Aigües donde, según denuncian los vecinos, se celebran botellones durante la noche. En la imagen, una botella de vidrio abandonada junto a numerosas colillas en un área donde, aseguran, algunas personas también acampan y dejan residuos que incrementan el riesgo de incendio en el parque natural de Collserola. Barcelona, 14 de julio de 2026. AUTOR: Manu Mitru | EPC

Restos de un botellón en la Carretera de les Aigües. / MANU MITRU / EPC

Veto vulnerado

En principio, a la parte de las casas en las que viven Laura y sus vecinos solo pueden llegar ellos en coche. Están a unos 800 metros del punto en el que Manuel Arnús confluye con la Carretera de les Aigües, donde hay un aparcamiento en el que la gente deja el coche antes de hacer deporte. A unos metros, hay una señal colocada de manera tan visible que es muy difícil que no la vean los ciclistas y ‘runners’ que por allí pasan, que indica que solo los coches de los residentes pueden seguir por la Carretera de les Aigües.

La realidad es que cuando el aparcamiento que está allí se llena los conductores siguen por la Carretera de les Aigües, vulnerando el cartel, y aparcan donde pueden. Ahora, y desde marzo pasado, la situación es más sensible. Hace cuatro meses, el Gobierno catalán cerró el acceso al parque natural de Collserola por parte de toda la ciudadanía desde Barcelona. Eso supone que está prohibido circular por la parte de arena de la Carretera de les Aigües: ni en bici, ni corriendo, ni a pie. Y por supuesto, no se puede recorrer el parque natural, con la excepción de las cerca de 15.000 personas que viven en su interior, así como alumnos y empleados de escuelas de la zona y de otros negocios, básicamente restaurantes.

Hamacas y bombonas

A pie sí es lícito adentrarse en la Carretera de les Aigües, junto a las viviendas. Pero todo el mundo sube en coche, insisten los vecinos. Además de las colillas de la acera, otro punto resulta más inquietante. Si se sigue unos 350 metros por la calle en dirección Besós, cuando el asfalto está a punto de acabar, y cerca de dos viviendas, hay una especie de recodo, como una plazoleta, en la que se dan los botellones, con vistas a la ciudad. Este martes, ahí había colillas de cigarrillos, muchas, vasos de plástico y botellas. Entre ellas, una de whisky, con el riesgo añadido que supone el cristal.

Otro frente es el de la gente que pasea por la zona boscosa de Collserola que está a unos metros de las casas. La semana pasada, fue avistado un hombre que fumaba relajado en una hamaca colgada entre dos árboles. Otro día, vieron a otro que se cocinaba el almuerzo con una pequeña bombona de cámping gas. Porque es frecuente encontrar a personas viviendo en partes del parque.

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Un hombre fuma en una hamaca en Collserola, el pasado 8 de julio. / Cedida

La presencia policial

Por no hablar de la gente que no resiste más sin hacer deporte por allí y opta por vulnerar la restricción por la peste. El mismo martes, este diario pudo constatarlo cuando un ciclista salió, veloz y despreocupado, del tramo de arena de la Carretera de les Aigües, sorteando con habilidad innegable el cartel que indica que está prohibido circular por allí. Los ciclistas suelen subir a la zona montañosa, explica Laura.

Un ciclista accede a una zona cerrada al público por las restricciones establecidas para prevenir la propagación de la peste porcina africana en el parque natural de Collserola. Barcelona, 14 de julio de 2026. AUTOR: Manu Mitru | EPC

Un ciclista sale, el pasado martes, de la zona cortada por la que está prohibo circular por la peste porcina. / MANU MITRU / EPC

Los vecinos consideran que bastaría con una mayor presencia policial para evitar todo lo citado. Fuentes del Ayuntamiento de Barcelona afirman que es imposible mantener a agentes de forma permanente en todos los puntos citados para evitar que la gente pase por allí, haga botellones -algo que es ilegal en toda la ciudad, por que no es legal el consumo de alcohol en la vía pública- o fume cerca de la zona boscosa. Las mismas fuentes explican que conocen el problema y que ahora hay muchas menos colillas en la zona en las que Laura y sus vecinos las encuentran.

La calle del Bosc

Otra inquietud de los vecinos de la Carretera de les Aigües es la sensación de que hay partes a uno y otro lado de la calle en las que la vegetación está más descuidada, en la que convendría desbrozar. Lo explica Mireia Bosch, vecina de Laura: “Se debería desbrozar especialmente la parte situada entre las últimas viviendas de Maduixer y la Carretera de les Aigües y, en general, reducir la carga de combustible que pueda haber en el suelo y cortar la continuidad vertical y horizontal de vegetación para minimizar el riesgo de propagación del fuego hacia las viviendas; crear discontinuidades que impidan que un incendio llegue con intensidad a las casas”.

Árboles caídos y vegetación acumulada en el parque natural de Collserola, una situación que los vecinos consideran un factor que incrementa el riesgo de propagación de un incendio. Barcelona, 14 de julio de 2026. AUTOR: Manu Mitru | EPC

Laura, vecina de la zona, señala una parte de la vegetación que los vecinos creen que necesita más atención. / MANU MITRU / EPC

A unos cinco kilómetros en coche, entre tres y cuatro a pie, de la zona en la que viven Laura y Bosch, residen Laia Tort y Andreu López. Su casa está en la calle del Bosc, en un paraje no alejado de la carretera que va a Vallvidrera, pero que está rodeado de bosque. Laia y Andreu comparten inquietud con los vecinos de la Carretera de les Aigües. De hecho ellos viven unas decenas de metros debajo de esa calle pero en un punto mucho más cercano al Baixador de Vallvidrera. Allí no ven botellones, pero sí gente que pasea o corre por la zona, cuando está vetado. Les preocupa también el control de los árboles y la vegetación. Y viven con cierta indignación la presencia de especies invasoras que, dice él, “destruyen las que había antes”. El señalado, el ailanto, “un árbol chino”.

Laia Tort y Andreu López, vecinos de la carretera de les Aigües, durante la entrevista en la que muestran su preocupación por el estado de dejadez del parque natural de Collserola y el riesgo de que pueda producirse un incendio en la zona. Barcelona, 14 de julio de 2026

Laia Tort y Andreu López, en su casa, en medio del bosque, en Collserola. / MANU MITRU / EPC

El riesgo de incendio

Tort y López temen es que el fuego devore la zona por lo citado, que los árboles tradicionales desaparezcan, que no haya rebaños como pasaba antes: “Es un sufrimiento que tenemos, que haya un fuego. Pero no de ahora, cada año”. Las fuentes municipales antes citadas indican que el control que se tiene de las zonas de los barrios de montaña de Barcelona, incluidos los citados, es constante, y que el consistorio tiene un plan de autoprotección de incendios forestales. Que hay reuniones constantes con los vecinos. Que se hacen simulacros cada año. El último en el 2026, en la parte de la montaña que toca a Nou Barris. Medidas que pudiendo ser decisivas no acaban de tranquilizar a los vecinos que cada día, cuando se levantan, cuentan las colillas que aparecen frente a su casa.

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