Un tren del metro de Barcelona pasa junto a uno de los carteles de prevención del suicidio instalados en septiembre pasado en 11 estaciones. / Jordi Otix / EPC
Diecisiete personas se arrojaron a las vías de alguna de las estaciones del metro de Barcelona entre el pasado 1 de enero y el 30 de junio. De ellas, tres fallecieron atropelladas bajo el tren y 14 sobrevivieron. Estos, los del primer semestre de 2026, son los últimos datos disponibles de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB), sobre una realidad que siempre ha estado más o menos presente pero de la que se ha preferido no hablar hasta hace muy poco.
Las cifras retratan un fenómeno conocido, que a menudo alguien decide tirarse a la vía para intentar acabar con su vida por el motivo que sea. Pero también demuestran un hecho que no es ni mucho menos tan evidente: la mayoría de la gente que se tira bajo un tren del metro, por encima del 70%, no muere. Sobrevive, a menudo con heridas terribles.
Ferran Anguera, jefe de Protección Civil del Metro, explica a este diario que no hay un patrón en estos casos. Desde 2021 al 30 de junio pasado, son 142 las personas que se tiraron a las vías del metro. De ese total solo 34 fallecieron. Más de 100 personas pueden contarlo tras haber tomado una decisión tan dura. En la mayor parte de los casos, esos supervivientes conviven con secuelas severas. Porque si el consenso sobre que hay que hablar del suicidio es ya muy grande, quizá convendría abundar en un hecho más difícil de trasladar: arrojarse debajo de un tren es una elección pésima incluso para el que no quiere seguir viviendo.
Un año con pocos casos
“El año pasado (por 2025) los datos fueron anormalmente bajos: nueve intentos de personas que sobrevivieron y dos muertos. Y no sabemos por qué. Normalmente son seis, siete, ocho” víctimas mortales, compara Anguera. Por años, en 2021 fueron 31 los intentos y seis los fallecidos; en 2022, 22 intentos y seis muertos; en 2023, 39 intentos y 10 muertos; en 2024, 22 intentos y siete muertos, y en 2025, los ya citados 11 intentos y dos muertos.
Desde 2021 al 30 de junio pasado, 142 personas se tiraron a las vías del metro en Barcelona y 34 de ellas fallecieron. En 2025 hubo nueve intentos y dos muertos. En 2023, 39 intentos y 10 fallecidos, y en 2024, 22 intentos y siete muertos.
Gráfico que muestra la visualización de datos por meses.
De la víctima al conductor
Uno de los cambios afecta a cómo se atiende a los conductores (antes se les llamaba motoristas, ahora, agentes de atención al cliente). Dicen veteranos muy veteranos que, décadas atrás, a un conductor que viviera un atropello se le daba una copita de coñac y andando. Pero eso ya es el pasado más remoto. Hasta hace “ocho o nueve años”, el protocolo era que el conductor se iba a la mutua, allí le daban medicación para que estuviera tranquilo.
“Entonces hablamos con la Unidad de Trauma, Crisis y Conflictos de Barcelona, de la UAB, y nos dijeron que hay que atender a los conductores, dar primeros auxilios psicológicos, formar a los medios intermedios que llevarán al conductor a nuestro centro de seguridad, donde un psicólogo le atenderá. Con ello, pasamos de tener bajas de 20 a 30 días de media a bajas de tres o cuatro días”, dice Anguera. El efecto de un atropello en un conductor puede ser terrible, lógicamente.
El caso de Javier García, con ocho atropellamientos,es el más duro que se haya conocido. Pero son muchos los que han vivido algo así, reflexiona el responsable de TMB. “Hace poco, una menor bajó a la vía. La conductora no podía ni salir de la cabina. Dijo: ‘Nos hemos mirado a los ojos. Y noté como la chafaba’. La menor sobrevivió”.
Petición al usuario
TMB pide a los viajeros que vean cómo alguien baja a la vía, se cae o se tira que aprieten el interfono SOS que hay en todos los andenes. La empresa tiene 10.000 cámaras en el suburbano. En el momento en el que se aprieta el botón, el centro de control detiene el funcionamiento de la línea y ve automáticamente las imágenes de la estación. Otro consejo: avisar con gestos al conductor del tren que entra de que hay alguien en la vía, para que pueda activar el sistema de paro de emergencia, si bien hay una inercia imposible de evitar.
Interfono SOS en la estación de Guinardó-Hospital de Sant Pau. TMB pide a los usuarios que aprieten este botón si ven a alguien en las vías. / Jordi Otix / EPC
De hecho, la recomendación es no bajar a la vía siguiendo a alguien, por el gran peligro que conlleva. Con todo, se han dado situaciones en que un ciudadano ha salvado a otro de la muerte o de mutilaciones severas. “Algún héroe hemos tenido. En la parada de Catalunya, hace 10 años, un hombre bajó a la vía, cogió al que había bajado antes y lo puso con él bajo el andén, en un rincón. Se salvaron. Lo premiaron los mossos”, rememora Anguera.
Desplazamiento de cadáver
Algo que ha cambiado en estos años es que ya no es necesario que un juez acuda a las vías para el levantamiento del cadáver, en los casos en los que hay muertos. Cuando se hacía así, la línea afectada se quedaba sin servicio casi un par de horas.
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El sistema cambió, y se permite a los bomberos hacer lo que se define como desplazamiento de cadáver. Cada estación de metro de Barcelona dispone de un espacio al que se desplazan esos restos mortales, y allí el juez procede al levantamiento. Eso ha dejado en unos 30 o 45 minutos de tiempo los paros. Es un consuelo menor para una casuística terrible de la que, como mínimo, ahora se habla.