Entre 2002 y 2022
El calor extremo ha causado 10.200 muertes en el área de Barcelona en las últimas dos décadas: "El código postal no puede determinar quién sufre más"
Un estudio del Institut Metròpoli relaciona por primera vez las altas temperaturas con la mortalidad en la capital y su conurbación, y señala la edad, el género y la vulnerabilidad como factores determinantes
DATOS RECIENTES | Catalunya registra la cifra más alta de muertes por calor en un mes de junio con 218 decesos prematuros atribuíbles a las altas temperaturas
TERCERA OLA DE CALOR | Catalunya vuelve a activar avisos rojos ante un miércoles de calor extremo con máximas por encima de los 42 grados

Jóvenes se refrescan en una fuente de Barcelona durante la segunda ola de calor del verano, el pasado 9 de julio / MANU MITRU

Con la tercera ola de calor —en menos de un mes de verano— llevando a las autoridades a activar avisos rojos, y apenas dos semanas después de conocerse que durante el pasado mes de junio se habrían producido al menos 218 muertes prematuras atribuibles a las altas temperaturas en Catalunya, un nuevo estudio muestra ahora que en las dos décadas comprendidas entre 2002 y 2022, unas 10.220 personas murieron en el área de Barcelona a causa de las altas temperaturas. El preocupante dato se extrae del informe 'Vulnerabilitat social al canvi climàtic i salut a l'àrea metropolitana de Barcelona', elaborado por el Institut Metròpoli e impulsado por el Àrea Metropolitana de Barcelona (AMB) que analiza por primera vez el impacto del calor extremo sobre la mortalidad en los 36 municipios que forman el ente supramunicipal en la época más calurosa del año, entre el 15 de mayo y el 15 de octubre.
La tendencia es doble. Por un lado, se intensifican los episodios de calor extremo y los picos superiores a los 40ºC son cada vez más habituales. Por el otro, se alargan los periodos de calor intenso más allá de los meses tradicionalmente asociados al verano. El informe no solo sostiene que "el calor extremo se ha convertido en uno de los principales riesgos asociados al cambio climático en el área metropolitana de Barcelona", sino que "confirma una asociación entre la exposición a las altas temperaturas y la mortalidad". De esta manera, el riesgo de morir aumenta de manera acelerada a partir de los 32°C, y de forma muy pronunciada por encima de los 36,5ºC. Así, 2003 y 2022 destacan como los dos episodios más críticos de la serie, con 960 y 1.060 muertes atribuibles al calor entre mayo y octubre, respectivamente.
Todo ello se traduce en un aumento de la mortalidad relacionada con el calor. Las autoras del estudio —Elena Domene, jefa de sostenibilidad del Institut Metròpoli, y Ana Romero, directora de servicios de acción climática del AMB— han indicado que para delimitar la mortalidad atribuible al calor se han valido del método Gasparrini, utilizado para analizar cómo ciertos factores ambientales como el calor o el frío extremo afectan a la salud a lo largo del tiempo. A partir de modelos y largas series estadísticas, han detectado qué muertes adicionales (por encima de la media) se han producido en los episodios en que la temperatura rebasa ciertos niveles. Así, pese a que el margen de error en las cifras de mortalidad es de unos 200 sobre 1.000, las autoras señalan que los fallecimientos son la cara más visible, la punta del iceberg del problema. Citan efectos como la deshidratación, la agravación de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, alteraciones renales, estrés térmico, trastornos del sueño, ansiedad o afectación de la salud mental. Se trata de extremos que deterioran la calidad de vida, especialmente en personas mayores, con enfermedades crónicas o que viven en viviendas mal protegidas o en pobreza energética. Para las autoras del informe, estas afectaciones "invisibles" son mucho más prevalentes que la mortalidad y constituyen una parte fundamental de la carga sanitaria real de los efectos del calor extremo.
Perfiles más vulnerables
Durante la presentación de los datos, el consejero delegado del área de acción climática del AMB, Guille López, ha situado el problema en el día a día de los vecinos: "El calor extremo ya no es una amenaza de futuro, es una realidad que golpea cada verano a nuestros barrios y, sobre todo, a las personas más vulnerables". En efecto, se trata de un fenómeno más claro aún en zonas densamente pobladas y consolidadas, por el efecto de isla de calor urbano; un fenómeno que el Institut Metròpoli mide desde hace años mediante el Índice de Vulnerabilidad al Cambio Climático (IVAC). En los municipios con un IVAC más alto, se llega a más de 3 casos de fallecimiento por cada 1.000 habitantes, por 2 en el resto. En 2022, el 85% de las muertes atribuibles al calor eran vecinos de zonas con un IVAC alto.
Factores estructurales como la antigüedad de las viviendas, la carencia de verde urbano, la densidad de población elevada y las rentas bajas amplifican los efectos del calor, más lacerante entre la población envejecida. A este respecto ha opinado Guille López: "El código postal o la edad no pueden determinar quién sufre más las olas de calor". Aquellos que viven en municipios del litoral también presentan un riesgo más elevado de fallecimiento que los que lo hacen en el interior. Barcelona es el municipio que muestra un incremento más pronunciado del riesgo relativo a temperaturas extremas.

Una farmacia de Montgat marca 44º, el pasado 9 de julio / Jordi Cotrina
Además, las diferencias por sexo y edad son marcadas: las mujeres y las personas de 85 años o más presentan riesgos superiores. Durante las dos décadas referenciadas, el informe estima que el calor causó aproximadamente un 62% más de muertes en mujeres que en hombres, dado que son ellas, de media, las más longevas: unas 3.970 defunciones en hombres y unas 6.440 en mujeres. La mortalidad atribuible crece de manera muy clara con la edad: los menores de 65 años suman solo unas 140 muertes en todo el periodo, mientras que las personas fallecidas de 65 a 84 años alcanzan las 4.530 y las 5.990 entre mayores de 85 años.
Estrategias, soluciones y herramientas municipales
La jornada ha servido para que el AMB presentara un segundo estudio, en este caso sobre las estrategias a seguir y las soluciones a recurrir para adaptarse al calor extremo, así como las herramientas que los municipios están usando para ello, como por ejemplo la ampliación de la red de refugios climáticos metropolitanos (XRCM, por sus siglas en catalán). Para ello, se han analizado diversas tipologías de calles para determinar su comportamiento ante las altas temperaturas; y se han propuesto soluciones tanto rápidas como estructurales para aportar más sombras: desde la instalación de elementos simples que resguarden del sol a la completa reurbanización de las vías para convertirlas en corredores verdes.
Con todo, el AMB considera que la adaptación al calor precisará una colaboración cada vez más estrecha entre administraciones y una mayor integración del conocimiento científico en la planificación y gestión pública. Aspectos que podrían quedar blindados en la última de las recomendaciones que el ente supramunicipal ha puesto sobre la mesa durante la jornada: la creación de "un plan metropolitano de calor que aglutine estos diagnósticos y las herramientas asociadas" a ellos para reforzar la capacidad de acción de los municipios metropolitanos.
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