Negocio en zonas humildes
El turismo penetra en barrios vulnerables del área de Barcelona con centenares de plazas de alojamiento
Decenas de apartamentos turísticos han aparecido en barrios densos y en vías de remodelación como los del Samontà, en L'Hospitalet, o La Mina, en Sant Adrià, mientras los hoteles buscan ganar terreno en la periferia
La Mina concentra casi un centenar de pisos turísticos: “Es una zona bastante pobre, pero nos sentimos seguros”

Turistas en la piscina de la azotea del hotel Tembo, en el barrio de La Mina, con vistas a bloques del distrito de Sant Martí y el resto de Barcelona. / MANU MITRU

El auge del turismo en Barcelona ha llevado en los últimos años a que los visitantes crucen los límites del centro y sus atracciones para internarse en lugares de la metrópolis que antes apenas pisaban. El Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT) los ha centrifugado en parte, al restringir la apertura de establecimientos en el núcleo de la capital. Además, el aumento constante de los viajeros que acuden a Barcelona -fueron 16 millones de personas en 2025- ha inducido a que los negocios que los hospedan se incrementen y se extiendan fuera de los márgenes habituales. Así, ya no es extraño ver un vaivén de turistas que se instalan por unos días en barrios humildes, en el entorno de las calles donde sus habitantes perciben bajos ingresos, padecen situaciones de degradación que reclaman arreglo o sobrellevan las molestias de que mucha población se agolpe en poco espacio.
Los pisos turísticos y los hoteles que han surgido en zonas necesitadas, con bajas rentas y en proceso de renovación urbanística o pendiente de ella se cuentan por varios centenares. Ocurre en la franja del Samontà, en la mitad norte de L’Hospitalet. Sus barrios (Collblanc, la Torrassa, Pubilla Cases, la Florida, Les Planes, Can Serra y Sanfeliu) acreditan la densidad de población más elevada de Europa y están pendientes de un plan de reforma tasado en 350 millones de euros. A su vez, sus calles altamente pobladas concentran 301 viviendas de uso turístico y 312 plazas hoteleras, a tenor del listado de establecimientos de alojamiento turístico de la Generalitat.
En el mismo inventario constan 83 pisos turísticos en La Mina, en Sant Adrià de Besòs. El barrio aguarda proyectos de transformación que la Generalitat promete desencallar con 113 millones de euros. En paralelo, arrastra una estigmatización histórica que eclipsa la heterogeneidad que ha consolidado dos partes muy diferenciadas en sus calles. Muestra de ello es que La Mina ha pasado de carecer de estancias hoteleras hace poco más de dos años a disponer ahora de 1.760 plazas. La suma incluye 770 camas del hotel Tembo -un cuatro estrellas superior apostado en una esquina del vecindario- y 942 del cinco estrellas SLS Barcelona, enclavado en el Port Fòrum, al margen del barrio.

Un turista se lanza a la piscina de un bloque con apartamentos turísticos en el barrio de La Mina, en Sant Adrià de Besòs. / MANU MITRU
Sin salir de Barcelona, figuran 252 viviendas de uso turístico en los barrios cuya renta por hogar es un 30% inferior a la media de la capital. El grueso corresponde al Raval, con 227 pisos turísticos, a las que se añaden 7.101 camas de hotel. Aparte, existen nueve domicilios turísticos en el Carmel y 16 en el Besòs i el Maresme, dotado también con las 524 plazas hoteleras del Diagonal Zero.
Barcelona, L’Hospitalet y Sant Adrià suprimirán las licencias de todos sus pisos turísticos en 2028. Badalona no permitirá más aperturas a partir de ese año, si bien mantendrá los existentes. El flanco sur de la localidad -históricamente el más desvalido, con los barrios de Llefià, La Salut, Sant Roc o Artigas- contabiliza 71 pisos inscritos como turísticos, así como 68 camas de hostal o pensión.
Precio y rentabilidad
Los expertos apuntan a que los alojamientos en puntos que acusan fragilidades sociales, económicas y urbanísticas requieren un desembolso asequible para inversores y empresas en comparación con ubicaciones más preciadas, ya limitadas o vetadas por el PEUAT. La expectativa de obtener rentabilidad es alta en esos sitios sin aparente atractivo turístico, pero que se han rehabilitado o están en vías de hacerlo.

Carteles en inglés en una cafetería en el barrio de La Mina, en Sant Adrià de Besòs. / MANU MITRU
“No es ni más ni menos que una toma de posiciones ante un cambio que se puede producir en ese tipo de barrios”, señala Emiliano Bermúdez, subdirector general de la inmobiliaria Donpiso. “Los activos se adquieren a precio de barrio deteriorado y, cuando mejora, se revalorizan -expone-. Si se proyectan planes de actuación a corto o medio plazo, van a ser muy atractivos para instalar infraestructuras turísticas y la rentabilidad va a ser superior, porque se crean cuando los precios son más bajos”.
Claire Court, profesora de la Universitat de Barcelona (UB) especializada en vivienda y turismo, observa que a los promotores puede seducirles el “importante margen entre costes y beneficios” en lugares donde comprar terrenos y edificios resulta más barato. Agrega que “la cercanía del litoral y proyectos de restauración, como el de las Tres Xemeneies de Sant Adrià, aumentan el atractivo de la zona”. Menciona también que en la expansión a barrios vulnerables pueden influir “la saturación de otros espacios, como Ciutat Vella”, el propósito de “aumentar la capacidad turística al norte de la ciudad, como ya se ha hecho en los barrios del Poblenou donde se concentra una gran proporción de hoteles de alta categoría, y un cambio de imagen de esos espacios, que ya no se ven tan peligrosos”.
“La llegada del turismo no es casual en estos barrios, tienen un interés alto y estratégico para la industria y los visitantes”, evalúa Lluís Garay, profesor de estudios de economía y empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Sobre las remodelaciones en los barrios, opina que “esos procesos de lavado de cara hacen que el espacio sea de repente ‘atractivo’ y comercializable”. Destaca que, además, “barrios como el de La Mina se encuentran muy cerca de recursos especialmente atractivos para el turismo, como el parque del Fòrum, donde se desarrollan eventos masivos como el Primavera Sound”.
Revitalización y consumo
Para el socio fundador de la consultora immobiliaria Laborde Marcet, Miquel Laborde, el extrarradio ha ganado reputación entre los hoteleros por efecto de la moratoria de nuevos establecimientos en el centro de Barcelona. “Si no los hacen ahí, no tienen opción de construir a no ser que compren un hotel -enfatiza-. Por culpa de esto se han abierto otros espacios, como en Sant Adrià o en parte de Badalona, donde ha habido empresas que han comprado suelo para transformarlo en hoteles y hay operadores muy interesados, ya que las plazas turísticas de Barcelona son escasas ahora mismo”. Marcet defiende la capacidad de los alojamientos de “revitalizar” tramos relegados del área metropolitana porque captan “movimiento y que los turistas gasten en esas zonas”.

Una persona cargada con dos maletas en el barrio de La Mina, en Sant Adrià de Besòs. / MANU MITRU
“Estos barrios compiten con otras reglas: no ganan por cercanía a un monumento, ganan por precio, conectividad y potencial de revalorización, variables que hoy definen el interés inversor en turismo urbano”, valora Álvaro Basanta, portavoz de la Sociedad Española de Alquiler Garantizado. Cree que un turismo “moderado” puede contribuir con “rehabilitación de edificios deteriorados”, “dinamización del comercio”, “empleo local” y una “mejora de la percepción” de barrios con carencias. Apostilla que los beneficios “dependen de que el crecimiento sea ordenado y legal”.
Amenaza gentrificadora
Las voces consultadas avisan de que la aparición de apartamentos y turistas puede degenerar en problemas de convivencia, la pérdida del comercio tradicional, una sensación de invasión o la tentación de ofertar pisos ilegalmente. Casi todas coinciden en apuntar al riesgo de gentrificación, de desplazar a la población local por la subidas de los precios de las viviendas y en los comercios al aflorar el turismo.
“Son barrios realmente de clase obrera, en los que aún se alquila a un precio aceptable, quiero decir a 700 u 800 euros, pero ahora las cosas podrían cambiar, y muchísimo”, advierte Claudio Milano, profesor de antropología del turismo de la UB. “Puede ser mucho más peligroso para la vida del barrio, mucho más que en el centro de Barcelona o en otros lugares donde ya se ha vivido”, estima. Court ve “necesario proteger los intereses de los habitantes” y Basanta ruega “más responsabilidad regulatoria” por tratarse de zonas endebles.

Un bar cafetería de nueva creación en el barrio de La Mina, en Sant Adrià de Besòs. / MANU MITRU
“Como los precios de partida eran bajos, la irrupción de viviendas para uso turístico puede provocar, a medio plazo, incrementos porcentuales bruscos en el precio del alquiler, sin que las familias vulnerables tengan margen para absorberlos”, analiza Garay. Por otro lado, indica que “el turista busca precios más competitivos y se ve atraído por el discurso de vivir una ‘experiencia auténtica y local’, alejada del estrés y la masificación del centro”.
Milano sugiere que, en otras latitudes, los barrios etiquetados como marginales o peligrosos “se han vuelto sexys” para los viajeros: “Ha pasado con el Barrio Español de Nápoles, las favelas de Río de Janeiro, en Medellín, en Marsella, en París… No sé si Barcelona pasará por un proceso parecido, pero ha ocurrido en otros sitios”.
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