En el Clot y la Barceloneta
La pugna con dos bodegas históricas lleva a Barcelona a estudiar cómo preservar rótulos de locales
La Bodega Carol ha llevado el caso a los tribunales mientras que la Fermín está negociando una solución para preservar al menos el cartel frontal
Barcelona obliga a retirar los rótulos de una bodega histórica de la Barceloneta para cumplir la norma

El rótulo de la discordia, en el bar bodega Carol. / MANU MITRU / EPC

Dos bodegas de Barcelona se han rebelado contra la orden municipal de retirar rótulos históricos que llevan décadas caracterizándolas. Si hace unos días este diario avanzaba el caso de la Bodega Fermín, en la Barceloneta, donde de momento sus propietarios han eliminado el cartel en bandera (que sobresale en una esquina), ahora se suma el del Bar Bodega Carol en el barrio del Clot. Sus dueños creen que el viejo letrero --que excede ligeramente el ancho permitido para su entrada-- es una señal de identidad de la casa, arraigada en el barrio, y ha llevado el conflicto a los tribunales.
A resultas de ambas historias, el ayuntamiento explica a EL PERIÓDICO que estudia "la posibilidad de introducir ajustes en la ordenanza vigente". "El objetivo es hacer compatible el cumplimiento de la normativa con la preservación de la identidad de establecimientos que, como la Bodega Carol del distrito de Sant Martí, forman parte del imaginario colectivo y son referentes para la ciudadanía", señalan fuentes municipales.
Desde la bodega Carol, Alberto García Moyano, copropietario, tiene claro que no piensa rendirse. Si algo quisieron al coger el traspaso del local en 2015 fue preservar algunos de sus elementos con solera, en el 558 de la calle de Aragó, con Independència. El negocio databa de 1939, según consta en el histórico de sus licencias. "Los anteriores titulares lo regentaban desde 1987, y el rótulo ya estaba allí desde antes, aunque ellos cambiaron las letras", rememora. Estos le habían puesto el nombre de su hija al bar, y así se quedó, hasta que en 2024 llegó el requerimiento municipal para su eliminación. Les había denunciado un supuesto vecino, que a la postre resultó ser una persona involucrada en la parte contraria en un caso que él llevaba como letrado.
Coincidió con el fallecimiento de unos de sus socios, y en medio del luto decidieron alegar contra la orden que enviaba el área de licencias de Sant Martí. Muchos negocios modestos acatan este tipo de órdenes porque enfrascarse en una batalla legal contra la administración suele ser demasiado caro y estresante para sus recursos. Pero García Moyano es abogado, así que ha decidido pelear para defender lo que cree que es un símbolo en el barrio y no quieren tocar.
Muestra con ironía la fachada del edificio anexo, donde un enjambre de cables eléctricos confluyen horrorosamente sobre la puerta. Y ahí siguen, mientras que el distrito de Sant Martí les requiere retirar su cartel porque excede un poco del tamaño autorizado. Un palmo a cada lado. Además, el consistorio también ve fuera de ordenación el toldo y la alarma que sobresale. Los bodegueros solo aceptan retirar esta última.
Dos años de pugna
Sus alegaciones iniciales fueron desestimadas, por lo que siguieron con un recurso de alzada, con resultado negativo. Fuentes municipales apuntan que se impusieron también dos multas coercitivas de 750 euros, que fueron recurridas. Los tres socios actuales argumentan que tanto teniendo en cuenta la fecha de la ordenanza de usos del paisaje urbano en cuestión (2011) como su llegada al bar en 2015, la supuesta infracción habría "prescrito". No obstante, el consistorio les contestó que consideran el caso como un "uso" indebido de la fachada, que no expira. Para García Moyano, la instalación "no es un uso, sino una obra", replica.

Interior de la bodega Carol, en Aragó, 558. / MANU MITRU / EPC
El caso está ahora en manos del juzgado de lo Contencioso-administrativo número 3 de Barcelona, a la espera de la vista práctica prevista para el 21 de octubre, y con posible sentencia antes de final de año. Al conocer la situación similar en la Bodega Fermín, los responsables del Bar Bodega Carol se han sentido espoleados en su causa, y han decidido hacerlo público también.
Pero ambas pugnas han llevado al ayuntamiento a analizar más a fondo este tipo de situación. Pese a estar a la "espera de resolución por parte de los tribunales competentes", explican que "el Gobierno municipal quiere dejar claro que su voluntad es avanzar en fórmulas que permitan dar respuesta a situaciones como esta, incluida, si procede, la posibilidad de introducir ajustes en la ordenanza vigente".
El suyo no es un bar más en una zona que se ha ido transformando al dictado de las modas o del desembarco turístico, teniendo en cuenta que se ubica a cinco manzanas de la Sagrada Família y al lado de Glòries. Al tomar las riendas, quisieron preservar su alma de bar de barrio. Sus peculiaridades son varias, como que se escucha música punk y que su propuesta culinaria se basa en platillos y tapas de diversas regiones de España.
Primero se hicieron célebres por sus torreznos, y fueron añadiendo lo que veneraban en sus viajes gastronómicos: mollejas de cordero, callos a la madrileña, carcamusas de Toledo, rabito de cerdo frito.... y muchas más, con gracia. Con la rareza añadida de sus precios baratos. "Nada pasa de 7,5 euros, para que todo el mundo pueda comer por poco dinero", sentencia. Lo frecuenta el vecindario, y también barceloneses que llegan el fin de semana por el 'boca a oreja'.
Apoyo social
En la Barceloneta, fueron unas obras en la fachada las que llevaron a los arquitectos del Instituto Municipal del Paisaje Urbano (IMPU) a requerir la retirada de su rotulación porque incumplía la ordenanza vigente. Aquí sus titulares, Gladys Roca y Roger Vall, acataron eliminar el cartel vertical en esquina, que tanto ha ayudado a dar visibilidad a locales, pero que ya no se permite. Pero también debían retirar los dos frontales datados de 1973 por sus dimensiones y grosor. Sin embargo, ellos utilizaron el 'derecho al pataleo' en las redes sociales, y lograron el bastante eco y apoyo social para que el consistorio buscase una tregua.

Los rótulos de la bodega Fermín, en la Barceloneta, justo antes de ser retirado el vertical, por orden municipal. / INSTAGRAM
Como informó este diario, la bodega Fermín expresó "pena" e "indignación", al criticar que la orden del ayuntamiento "no respeta los signos de identidad del barrio". Agregaba que se da un caso de agravio, porque afirma que "la mayoría de los locales del entorno" no respetan la normativa municipal, pese a haber abierto más recientemente.
Incluso la Red Ibérica en Defensa del Patrimonio Gráfico salió en defensa del establecimiento de la Barceloneta. Adujo que no comprende qe la ordenanza del ayuntamiento "no contemple ningún mecanismo de excepción o moratoria para rótulos que, por su antigüedad, materialidad, tipología o aprecio social forman parte del patrimonio gráfico de un barrio". Y pidió algún "salvoconducto normativo" para estos casos.
Los grupos municipales de ERC y PP también levantaron la voz en el mismo sentido, exigiendo que la regulación incluya una protección en establecimientos históricos o con arraigo en los barrios.
Principio de acuerdo
Por ello, a principios de esta semana hubo una reunión de representantes del Instituto del Paisaje Urbano con la propiedad de la bodega Fermín. Fuentes del distrito de Ciutat Vella, explican que "se acordó hacer un grupo de trabajo con el IMPU y la arquitecta que está haciendo la rehabilitación de esta fachada para mirar cómo se puede encajar mejor este letrero con la composición final de la fachada".
Los afectados no han tirado todavía el letrero en bandera, por si al final fuese amnistiado, pero han visto cómo el apoyo del barrio y de barceloneses desde las redes sociales les han permitido frenar lo que parecía inevitable. Fermín es el nombre del anterior propietario, y la 'marca' ha sobrevivido porque su hijo eligió a Gladys y Roger para preservar el espíritu del bar, en lugar de venderlo al mejor postor, que lo habría transformado por completo, como ha sucedido en tantos negocios del barrio marinero.
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