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Baja en Ciutat Vella

El renovado Casa Leopoldo no resiste en el Raval de Barcelona: cerrará el próximo domingo

El histórico restaurante que había resucitado el grupo Banco de Boquerones hace dos años vuelve a bajar el telón

El resucitado restaurante Casa Leopoldo de Barcelona homenajea a Rosa Gil, su genio y figura

Seis establecimientos emblemáticos de Barcelona resucitan con nuevos operadores

Rosa Gil, al fondo, rodeada por Carles Vilarrubí, Pedro Balañá, Joan Gaspart, Carme Ruscalleda, Bruno Balbás y Eduardo Mendoza, hace un año.

Rosa Gil, al fondo, rodeada por Carles Vilarrubí, Pedro Balañá, Joan Gaspart, Carme Ruscalleda, Bruno Balbás y Eduardo Mendoza, hace un año. / Ferran Nadeu

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Patricia Castán

Patricia Castán

Barcelona
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Sumaba ya seis vidas, pero parecía que esta última podía ser la buena. La de la estabilidad. El histórico Casa Leopoldo del Raval resucitó hace poco más de dos años por obra y gracia de la apuesta empresarial del grupo de restauración barcelonés Banco de Boquerones. Pusieron recursos, empeño, trabajo y cariño, para recuperar su esencia y dejar atrás alguna etapa fallida. Pero ni su empuje ha podido con la coyuntura adversa: la supervivencia de los históricos no es fácil, asumen sus hasta ahora titulares. Y otras voces apuntan a que el restaurante precisaba de barceloneses y turistas de calidad en sus mesas, pero muchos ponen reparos a adentrarse en el barrio. El próximo domingo 28 de junio cerrará y dejará en manos del destino comprobar si tiene más vidas que un gato.

Puede parecer que 27 meses son poco recorrido para dictar la retirada. Pero tras una fuerte inversión y el esfuerzo que exige un establecimiento de su tamaño y ambición, la situación no mejoraba. El nuevo proyecto evocaba al referente que fue en los tiempos de la empresaria Rosa Gil, quien bajó la persiana en 2015. Pero los nostálgicos ya no están, y el relevo generacional de clientes tampoco ha llegado con fuerza.

Así que Sofia Matarazzo y Bruno Balbás, fundadores del grupo, y al timón de esta última etapa, han dedicido ponerle final. "No le queremos echar la culpa al barrio preferimos echárselo al cambio de era que estamos viviendo, aguantar un negocio histórico es cada vez más difícil", apunta el empresario a EL PERIÓDICO. "Nosotros lo hemos intentado y no lo hemos logrado pero nos queda un recuerdo imborrable y el deseo de que alguien recoja el testigo", prosigue, con elegancia. El local contó en esta nueva fase con una plantilla de 11 personas.

La realidad --señalan otras fuentes del sector-- es que muchos barceloneses rehúyen el centro para sus ágapes, y que a los turistas de cierto poder adquisitivo en sus hoteles les recomiendan ir con mucho cuidado en el Raval, sobre todo por las noches. Por mucho que el propio alcalde Collboni regalase titulares a la casa cuando llevó a comer al presidente Pedro Sánchez en 2024.

Pedro Sánchez y el alcalde Jaume Collboni frente a Casa Leopoldo

Pedro Sánchez y el alcalde Jaume Collboni frente a Casa Leopoldo, en 2024. / EPC

Como recogía este diario justo después de su última reapertura, la potencia del grupo gastronómico que también alinea establecimientos como Casa Ràfols, Can Framis, Casa Lolea, Elsa y Fred, Club 61, Pepeta y Sophie, pareció llenar de esperanza el regreso de Casa Leopoldo. No eran novatos, y este se convirtió en su buque insignia.

Un histórico que resistía

El restaurante del Raval abrió con ese nombre en su actual emplazamiento en la calle de Sant Rafael, 24, en 1936 tras un rodaje previo como bodega en otra dirección, donde Leopoldo Gil había debutado en 1929. Pero fue su nieta, Rosa Gil, quien lo llevó a la fama con la mezcla perfecta de cocina inmortal y ambiente literario que le dio carácter y reputación. Vázquez Montalbán, Terenci Moix, Eduardo Mendoza, Maruja Torres y Juan Marsé, entre otros muchos, lo hicieron leyenda en sus largas tertulias, aunque ello no evitó que esta joya del barrio chino cayese tras la jubilación de la dueña.

Un año después del cierre de 2015, llegaron los chefs Romain Fornell y Òscar Manresa para recuperarlo, aunque ese primer proyecto no fraguó y en 2019 lo reconvirtieron en bar de tapas de calidad con Rafa Peña (Gresca). Aunque en esta ocasión todo se fue al traste por la pandemia. La situación aún se pervirtió en 2022, cuando reabrió como restaurante chino de menús baratos para pasmo de todos.

Interior de uno de los salones de Casa Leopoldo, en su nueva etapa.

Interior de uno de los salones de Casa Leopoldo, en su nueva etapa. / EPC_EXTERNAS

Solo sus elementos protegidos recordaban su solera y arraigo, en una aventura que obviamente no funcionó. Pero fue entonces cuando llegó llegó el grupo Banco de Boquerones, cuyos artíficies apostaron por su recetario de siempre, repescando el Rabo de toro, las albóndigas con sepia y otros atemporales. Revivieron azulejos, mostrador, carteles taurinos... Y pusieron al día el interiorismo buscando más confort, pero intentando seguir el guion original.

En junio pasado celebraron un entrañable homenaje a Gil, logrando concitar a escritores y cocineros, y rememorar aquellos tiempos que no volverán. Nadie sabía que ya había nubes negras en el horizonte, porque el proyecto no encajó en el nuevo barrio, multiétnico, colorido, lleno de comidas del mundo pero donde los centenarios no lo tienen fácil.

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