Altas temperaturas
Barcelona reparte casi 1.400 pulseras térmicas entre sus trabajadores y reorganiza horarios ante el riesgo de golpes de calor
Los sindicatos aprueban los brazaletes, que ya se han activado en algunas ocasiones para alertar de situaciones de peligro, pero juzgan que no son suficientes y reclaman que se acompañen de más medidas de protección
Catalunya extiende los avisos por calor hasta el miércoles y señala el Ponent como la zona más afectada por las altas temperaturas

Barcelona reparte casi 1.400 pulseras contra golpes de calor entre sus trabajadores / MANU MITRU / VÍDEO: BERNAT VILARÓ / ACN / EL PERIÓDICO

La muerte en 2025 de Montse Aguilar, una empleada de la brigada de limpieza en Barcelona que se desvaneció tras una jornada de trabajo con ola de calor, sensibilizó sobre los riesgos que afrontan las brigadas municipales expuestas a la intemperie. Casi un año después del fallecimiento de la operaria y a falta todavía de esclarecer las causas, efectivos de los servicios a pie de calle de la capital catalana han recibido unas pulseras térmicas que alertan cuando la temperatura corporal se acerca al nivel de riesgo. El ayuntamiento afirma que ha distribuido unos 1.400 sensores de muñeca entre las plantillas de limpieza, alumbrado, jardinería y de la empresa Siresa, encargada de los puntos verdes. Los sindicatos aprueban el dispositivo en líneas generales, pero reclaman que se acompañe con más fórmulas para proteger al personal que capea con un clima adverso.
“Ninguna medida es suficiente por sí sola y seguramente tendrán que aplicarse más”, augura Sílvia Fitó, presidenta del comité de empresa de Parques y Jardines de Barcelona y secretaria general de CCOO en el instituto municipal. De hecho, los jardineros de Barcelona acaban de firmar un convenio por el que avanzan el inicio de la jornada de las 08:00 a las 07:15 horas y anticipan el final de las 14:15 a las 13:15 horas a partir de este jueves y hasta el 25 de septiembre. Tras el verano, tendrán que cubrir sus puestos durante un cuarto de hora más a diario para compensar la reducción de horario veraniega.
Fitó comenta que se han entregado unos 500 brazaletes a modo de prueba desde primeros de junio a los jardineros que se desempeñan al aire libre. El uso es voluntario. Asegura que los mecanismos ya se han disparado en algunas ocasiones con vibraciones, avisos sonoros e iluminándose en rojo. Este lunes pasó al menos una vez, cuando se rozaron los 35 grados en el centro de la urbe.

Un trabajadora de Parques y Jardines de Barcelona, con la pulsera puesta en la Clariana del parque de Glòries. / MANU MITRU / EPC
Parques y Jardines ha adquirido los sensores por 58.080 euros a la empresa Metalco. La compañía cuenta que su modelo “avisa dos niveles antes de que pase el golpe de calor” y que “está configurado para activar la alarma cuando la temperatura profunda llegue aproximadamente a los 38 grados”. En todo caso, la temperatura de alarma no es uniforme, sino que varía en base a factores que mide de cada portador. Para adaptarlo al empleado, el aparato debe colocarse antes de empezar la faena. El Departament d’Interior también se ha proveído de 1.210 muñequeras de ese tipo para repartirlas a bomberos y 2.500 para agentes de los Mossos d’Esquadra.
“Es muy positivo que pite antes de llegar a la temperatura de peligro”, valora Fitó. “Temíamos que diesen falsos positivos o que no sonasen, pero no está siendo así y avisan previamente”, destaca.
Pausa por seguridad
La orden en Parques y Jardines estipula que, cuando la pulsera se enciende, el trabajador debe parar, ponerse a resguardo o a la sombra, beber agua y avisar al encargado. No debe retomar las labores hasta que el piloto no vuelva a alumbrarse en verde. Aparte, el reglamento marca los quehaceres que no se deben ejercer a ciertas horas con ola de calor y parar la actividad en caso de llegar una alerta.
Fani Portolés, miembro de CGT en Parques y Jardines, ha sido testigo de avisos recientes del brazalete térmico que compañeros suyos llevaban ceñidos. "Pasó en mi brigada y en la de al lado, decidimos que esas personas no seguirían haciendo las mismas tareas, o las que harían serían a la sombra", explica. Cree que el protocolo es "insuficiente". "Las pulseras no son epis, es un sistema que ayuda, pero no pueden suplantar las medidas de prevención", recalca Portolés, que echa en falta prendas más transpirables, una mejor protección solar y fuentes de agua fresca en las casetas.

Un trabajador de Parques y Jardines de Barcelona, con la pulsera térmica puesta en la muñeca. / MANU MITRU
“La no exposición es la mejor prevención”, postula Carlos del Barrio, secretario de acción sindical de la federación de hábitat de CCOO. Observa que las pulseras térmicas son “un mecanismo que está bien pero debe acompañarse de los desplazamientos de horarios para que los trabajos de mayor esfuerzo no se concentren en momentos del día con altas temperaturas”. Remarca que la mayoría de esos aparatos “avisa cuando se llega al pico de temperaturas y no habla del estrés térmico acumulado”: “Deben operar como una fórmula adicional, pero funcionan cuando se está en una sobreexposición, es más efectivo mover horarios y tratar de evitar riesgos por exposición a las temperaturas más altas”.
Aparte, está en vigor una instrucción del Ayuntamiento de Barcelona que regula las medidas de seguridad ante episodios de calor para operarios expuestos al sol. En caso de alerta naranja, establece descansos de dos minutos cada media hora, reasignar actividades y designar parejas para repartir el trabajo. De declararse la alerta roja, se prohíben las labores en solitario, se limitan las franjas de trabajo continuado a 15 o 20 minutos con descansos breves entre medio y se llama a evitar las tareas más exigentes en las horas centrales del día, o a rotar de personal en el supuesto de no poder posponerse.
Revisiones médicas
El presidente de la federación de servicios públicos de UGT en Catalunya, Ramon Cebrian, indica que las pulseras se han extendido a diferentes servicios, aunque a menudo van condicionadas a someterse a un chequeo médico: “Lo estamos debatiendo con algunas empresas, está más volcado de cara a trabajadores con una salud inestable y los hay que no quieren pasar las revisiones, porque no quieren que los jefes sepan qué anomalías tienen y que pueda perjudicar en su promoción”.

Una empleada de Parques y Jardines de Barcelona, con la pulsera térmica en la muñeca. / MANU MITRU
Hugo Coll, delegado de CGT en la contrata de limpieza de FCC en Barcelona, expone que las pulseras figuran en un reglamento como voluntarias y dirigidas a quien acredite más riesgo de salud tras pasar un control médico. “Pero aún no las hemos visto”, asegura. “Todo trabajador que quiera debería tenerla para comprobar su estado, pero el protocolo no ha llegado a los trabajadores”, prosigue. Coll lamenta que falta aire acondicionado en vehículos de barrenderos: “Son una sauna. Nos han dado una botella de agua térmica y poco más. El protocolo dice que hay que beber agua, parar cada hora cinco o 10 minutos… Pero depende mucho de cada equipo. Si no se obliga, la orden es que hay que acabar la faena y no se hacen descansos por miedo, como le pasó a la chica que falleció”.
Cebrian evalúa que los protocolos “están muy trabajados” y mantienen el peligro “muy controlado”: “No hay manera de conseguir el riesgo cero, pero los casos de malestar son muy pocos porque los niveles de prevención funcionan bastante bien. Pueden pasar incidentes, pero no tenemos excesivas situaciones límite”.
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