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Tres generaciones

Abuela, hijo y nieto: retrato del diseño de Barcelona a través de una saga familiar que estudió en la escuela Elisava

María José Alier, Joan Botey Alier y Joan Botey Durich se formaron en el centro en tres etapas distintas; ella integró la primera promoción

Elisava, la casa del diseño: de institución femenina a escuela universitaria internacional

De izquierda a derecha, Joan Botey Durich; su abuela, María José Alier Gasull, y el hijo de esta y padre del primero, Joan Botey Alier, el pasado jueves en Elisava.

De izquierda a derecha, Joan Botey Durich; su abuela, María José Alier Gasull, y el hijo de esta y padre del primero, Joan Botey Alier, el pasado jueves en Elisava. / JORDI COTRINA / EPC

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Toni Sust

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Barcelona
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María José Alier Gasull tiene 86 años muy bien llevados. Cuando era joven estudió secretariado: “Escribir a máquina, caligrafía, una cosa muy árida”. Recuerda perfectamente cómo el mismo día en que la después reina Fabiola de Bélgica se casó con el rey Balduino, el 15 de diciembre de 1960, ella tenía una prueba para entrar de administrativa en la editorial Seix Barral.

“Me dije: ‘Esto no es para ti’. Hice la prueba y no volví a poner los pies allí. Nunca supe si la había pasado. Un año después, me contaron que en Barcelona abría una escuela de Diseño e Interiorismo”.

Solo mujeres

En efecto, la escuela Elisava abrió en 1961, dentro de la fundación del CIC. Como allí solo estudiaban chicas, de entrada en Elisava solo podían ingresar mujeres. Alier formó parte de la primera promoción: “Cuando vi el profesorado que me tocaba supe que aprendería mucho”. La lista de los profesores llama la atención: Lluís Cantallops, Albert Ràfols-Casamada, Federico Correa, Josep Maria Subirachs, Alexandre Cirici, Maria Girona, Xavier Rubert de Ventós, Xavier Miserachs, Miguel Milà, entre otros.

“Tenía 22 años. Éramos siete alumnas en Interiorismo y 14 en Diseño gráfico”. De las siete, viven cinco. Muchas, cuenta María José, eran esposas de arquitectos. No es su caso, ella es mujer de químico. “No solo aprendí a hacer tiralíneas o las propuestas de Federico Correa con las paralelas, sino también moral y ética, dar alma a lo que hacías. Que se pudiera vivir dentro de un proyecto”, explica.

Barcelona 28.05.2026. Barcelona. Tres generaciones de una misma familia, María José Alier Gasull, Joan Botey Alier y Joan Botey Durich (abuela, hijo y nieto) matriculados en la escuela Elisava. Fotografía de Jordi Cotrina

Los tres miembros de la saga, el jueves en la recepción de Elisava. / JORDI COTRINA / EPC

Interiorista familiar

Cuando ella cursó esos estudios no estaban catalogados, no eran reconocidos oficialmente. “Era una escuela. Salíamos como interioristas pero sin título oficial”. Durante tres años trabajó en el despacho de Federico Correa y Alfonso Milà haciendo encargos: “Arreglar una habitación de niños, un comedor que no funciona”. Después, Alier ha dedicado su trayectoria a hacer de interiorista en un proyectos familiares. “Rehabilitación de patrimonio antiguo”, resume. Todavía ahora se ha encargado de la portería de una finca de la calle de las Heures.

La segunda generación de la familia que estudió en Elisava la encarna Joan Botey Alier, hijo primogénito de María José, que en total tuvo tres: “Joan, Marta y Albert”. Botey Alier tiene 60 años y es diseñador industrial. “Empecé estudiando dos cursos de Arquitectura en Sant Cugat. Mi padre, Joan Botey Serra, quería ser arquitecto y no le dejaron. E intentó que yo lo fuera. Yo quería ser diseñador industrial, lo tenía muy claro. Pero entonces era un grado medio, y parecía que había que hacer estudios superiores”. El diseño industrial me venía por la vocación industrial de la familia de mi madre, vinculada con una papelera, y de mi padre, relacionada con las hilaturas. Visitar fábricas era algo habitual para mí de pequeño, y el proceso industrial me apasionaba”.

Las sedes

“Entonces eras arquitecto o eras ingeniero, pero diseñador industrial era algo que acaba de empezar. Quería ir a Elisava y tampoco había más opciones. Eina era más de gráfico, de artistas”. Los dos años de Arquitectura, dice, le fueron bien: “Pero cuando empecé Diseño Industrial, vi que me apasionaba”. Empezó en Elisava en 1986 y acabó en 1990. Hacía ya mucho que las clases eran mixtas.

La escuela tuvo su primera sede en la calle de Avenir, 45, donde estudió la abuela de la saga Botey-Alier; después estuvo en Via Agusta 205 (donde está del CIC); posteriorment en Vallmajor, 11; más tarde en la plaza de la Mercè, 11, y finalmente en Rambla, 30, donde antes estuvo la Facultad de Periodismo de la UPF. Joan Botey Alier empezó en Vallmajor y acabó en la plaza de la Mercè.

Diseño efímero

Botey trabajó un tiempo con Ramon Benedito, al que también tuvo como profesor, “Es un gran profesional del Diseño Industrial”. En 1992 fundó una empresa multidisciplinar, Bonavista Produccions de disseny, y en 1999, la que tiene ahora: Botey Produccions de disseny, que se dedica al “diseño efímero”. Porque al final, el diseño industrial se vio derrotado por el efímero: “Diseño efímero, es, por ejemplo, montar una junta de compromisarios del Barça en el Palau Blaugrana. Entrar justo después de un partido y convertir el espacio en 48 horas en un lugar con un escenario espectacular, pantallas, que no se vea que eso era un pabellón deportivo”.

Era algo innovador, dice, y se adentró en esta dimensión. Otro ejemplo de diseño efímero fue el fin de año del 2000, cuando parecía que el mundo iba a colapsar. Le tocó organizar una fiesta para una empresa y montó una Arca de Noé en el Museu Marítim: “Todos tenían que venir con su pareja y con algún animal. Eso es diseño efímero. Tener una idea y crear un entorno”.

El covid y la nueva dimensión

La pandemia del covid dio una nueva dimensión a la vida profesional de Botey Alier. Con la población confinada no había evento posible en el que trabajar. “Una clienta me preguntó si podíamos hacer un congreso virtual de médicos”. Y así empezó una nueva era: “Montamos un palacio de congresos virtuales para un congreso de Urología en 2020, con la gente encerrada en casa. En el palacio montamos estands, se podía entrar en un auditorio y escuchar una conferencia. Cambié a los ebanistas por un informático. Y el resto del equipo, creativos, los que hacíamos renders, seguimos. Nos salvó, fue espectacular”.

Como su madre, Joan Botey Alier tiene tres hijos: “Joan, Clara y Mireia”. Joan Botey Durich es el mayor de los tres, y el tercer estudiante de la saga formado en Elisava. Tiene 25 años. Él estudió en la sede actual de la escuela, en la Rambla. Él tuvo claro siempre que estudiaría Diseño: “Tan claro lo tenía, que no estuve mirando otras cosas. Porque era un tema que lo había tenido tanto en casa. Incluso mi madre, Rosa Carmen Durich, que no es diseñadora, y que es socia de mi padre, estaba siempre haciendo manualidades”. La madre es economista y, subrayan los tres alumnos de Elisava reunidos para este reportaje, una pieza clave en la empresa.

Barcelona 28.05.2026. Barcelona. Tres generaciones de una misma familia, María José Alier Gasull, Joan Botey Alier y Joan Botey Durich (abuela, hijo y nieto) matriculados en la escuela Elisava. Fotografía de Jordi Cotrina

El nieto, la abuela y el padre/hijo, en la biblioteca de Elisava. / JORDI COTRINA / EPC

65 años de Elisava

Haciendo Bachillerato, Botey Durich vio claro que se dedicaría al Diseño, sobre el que tiene una visión genérica, abierta: “Creo que puedes aplicar la forma de pensar del Diseño a cualquier cosa”. A él, afirma, le ha interesado el diseño de producto, que algunos, prosigue diferencian del industrial: “Para mí es lo mismo, hay gente que cree que el industrial es el de algo producido en serie que no tiene porque ser bonito y el de producto es algo más bonito, más pensado para un usuario”. El padre lo mira sonriente: “Esta diferencia la acabo de aprender ahora”.

Con 18 años empezó Ingeniería del Diseño Industrial y un año después se pasó a Diseño, “sin ingeniería”. Acabó hace tres años y ahora hace un máster en Ingeniería del Diseño Industrial en la UPC. Por lo tanto, la familia llegó a Elisava en 1961 y dejó la escuela en 2023. La abuela se define como interiorista, el hijo como diseñador industrial y efímero y el nieto como un diseñador a secas con ganas de hacer “muchas cosas” y, por ahora, no trabajar en la empres familiar. Elisava ha cumplido 65 años en 2026. Sirva la saga Alier-Botey-Botey como resumen de esa trayectoria.

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