En el Saló de Cent
Barcelona homenajea a lo grande a Rosa Esteva: genio y figura de la restauración
Amigos, familia, clientes y colegas arropan a la hostelera de 85 años que hace cuatro décadas revolucionó la gastronomía local con el Mordisco, fundando el Grupo Tragaluz
Los bares y restaurantes con historia se extinguen en Barcelona: la media de edad de los locales baja a 11,6 años

Rosa Maria Esteva recibe el calor del público que ha llenado el Saló de Cent durante su homenaje. / Jordi Cotrina

Una caja con media docena de pequeños huevos de chocolate y la foto impresa de la empresaria de restauración Rosa Maria Esteva clamando "hay que ponerlos" como recuerdo del evento para todos los asistentes lo dice todo. "Rosa tiene sus aguijones y cojones", glosaba este jueves el sumiller Josep Roca, en representación de los hermanos Roca, que compartieron proyectos gastronómicos con esta genio y figura de la hostelería barcelonesa que a sus 85 años ha recibido un eufórico homenaje en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. Lo ha impulsado su círculo más cercano, amigos, colegas, artistas y familia, que han querido agasajarla en vida en un acto que ha abarrotado la sala, entregada a una larguísima ovación.
En 1987 Rosa Maria rompió moldes al colgar el delantal de ama de casa, tras haber criado a cuatro hijos, para abrir --cumplidos los 40-- un restaurante que resultó único, Mordisco. Daba a una patada a los manteles y formalismos, buscando una cocina informal pero bien hecha, en una ambiente estiloso, donde una mujer pudiera "comer sola". La barra podía ser un espacio de encuentro, sin corsés, en ese local del Eixample que está a punto de celebrar su 40º aniversario, al que se rindieron muchas mentes creativas de una Barcelona que entonces estaba en efervescencia.

Esteva, tras recibir la placa conmemorativa en el Saló de Cent. / Jordi Cotrina / EPC
Lo tripuló con su hijo Tomás Tarruella y un equipo de 4 personas que muchos años después llegarían a ser 1.200 trabajadores en 26 restaurantes, donde no se repetían ideas ni conceptos. El Grupo Tragaluz hizo historia en Barcelona (de El Japonés al Bar Tomate, del Negro al Pez Vela), creciendo por Madrid, Mallorca o la Costa Brava, surfeando crisis y apostando siempre por la innovación, a la que hoy han hecho referencia todos sus colegas y cómplices de aventuras. Desde 2019, Tragaluz tiene por socio principal al grupo Miura Partners, pero Esteva lidera los dos Mordiscos (hay uno en La Roca Village) y sigue de cerca los pasos de la saga gastronómica.
La emprendedora no ha podido hablar esta tarde, porque el ictus que sufrió hace más de un año ha afectado a su vocalización, pero su nieta Ale Lacour ha puesto voz y corazón a sus palabras. Lo más importante en su carrera: "La estética, la cocina, la imaginación y tirarme al vacío". Primero por necesidad y luego por vocación. Forjando un carrerón ináudito en varias décadas donde las mujeres con talento y carácter (o huevos, como han resumido unos y otros) no eran la norma.
"Maragall permitió que tanto yo como Barcelona creciéramos", ha subrayado en su discurso la empresaria que nunca ha tenido pelos en la lengua para criticar abiertamente de las políticas de Colau a lo que consideraba patinazos de la ciudad. Este jueves ha agradecido al alcatlde Collboni --que le ha entregado una placa conmemorativa-- que cediese ese escenario que le reclamó su círculo, arropada por sus hijos: Tomás, el gran heredero de su pasión por la gastronomía, Sandra (destacada interiorista que ha dado brillo a los proyectos), Raquel (tambien al timón de restaurantes) y Carla (artista) Tarruella.
Aliados e incondicionales
En la historia de esta noche ha tenido un papel tan destacado como discreto su mano derecha (aliada, amiga, intérprete...) Clementina Milá. Pero el guion lo han escrito los que la han acompañado sin tregua. Empezando por los extractos de un antiguo documental de Poldo Pomés, y siguiendo con las intervenciones en directo del diseñador Javier Mariscal, que como Ferran Adrià fue adicto a la barra de Mordisco, y hoy ha saltado al escenario disparando mordacidad y mucha veneración a la carismática emprendedora. "Alcalde, eres muy guay", ha lanzado, agradeciendo la cesión de "algo tan casposo como este local, donde más que 'cent' hoy somos 'tres-cents'".
El creador del Cobi olímpico ha alabado un "homenaje en vida", en lugar de una medalla muchas veces póstuma. "Rosa Maria no podía estar aburrida como las señoras de pasta", ha rememorado, entre aplausos, definiendo a la hostelera como "tozuda como ella sola y muy generosa, pese a las broncas".

La 'huevera' que Esteva ha regalado a todos sus invitados en el Saló de Cent. / EPC
Quien haya compartido mesa con Esteva sabe que no podía dejar de examinar y criticar cualquier imperfección. Podía ser un lanzallamas, o la más inspirada visionaria. El diseñador Mario Eskenazi le ha agradecido su intuición e inteligencia. El viticultor Álvaro Palacios ha sentenciado "In vino veritas, in Rosa veritas". Mientras que Josep Roca --"Rosa, rosae, rosam"-- le ha soltado: "Te admiro, te adoro y te quiero. El Celler de Can Roca ha llegado tan lejos porque has existido", reverenciando el gran proyecto que compartieron, cuando la empresaria creó el cautivador hotel Omm, y ellos le pusieron sabor con el restaurante Moo, hasta despedirse ambos en 2018 a lo grande.
La entrañable sesión se ha despedido con los 'huevos' de Rosa. Con un brindis en el ayuntamiento y, cómo no, con una celebración en las Cuines Santa Caterina, muy cerca, del Grupo Tragaluz, cuya barra ha recreado por una noche la del mítico Mordisco.
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